El limón se amarga

Un grupo de jornaleros recolecta limones en una finca de El Esparragal, el pasado jueves. /JAVIER CARRIÓN / AGM
Un grupo de jornaleros recolecta limones en una finca de El Esparragal, el pasado jueves. / JAVIER CARRIÓN / AGM

La rentabilidad del cítrico amarillo se desploma en una campaña que dejará más de 97.500 toneladas sin recoger de los árboles en la Región, el 12%, y que marcará un aterrizaje para el sector tras el 'boom' de los últimos seis ejercicios

Zenón Guillén
ZENÓN GUILLÉN

Amargarse. Ese es el riesgo que corre el sector del limón murciano en esta campaña, tras unos últimos años dorados en los que el 'boom' de producción y rentabilidad no parecía tener fin. El importante incremento del aforo, entorno a los 1,3 millones de toneladas en España, unido a otros factores como la mayor competencia de otros países, principalmente Turquía, ha hundido los precios en el último periodo de recogida, provocando que un volumen importante de la producción de la variedad Fino, entre el 10% y el 12%, se vaya a quedar al final sin recoger en los árboles. Y es que se está al límite de la rentabilidad, al aproximarse la caída hasta los 18 céntimos por kilo que marca el coste de producción.

Así que más de 97.500 toneladas de limones de la Región no van a llegar al mercado, ya sea para fresco o industria, sobre el total de la gama de limón Fino nacional que se quedará sin recolectar (150.000 toneladas). Y es que, hasta el cierre de diciembre, de las 920.000 toneladas previstas de esta variedad en el ejercicio 2018-2019 en el país, estaban pendientes de recoger 625.000, según los datos de la Asociación Interprofesional de Limón y Pomelo (Ailimpo), una cantidad gigantesca para lo habitual en esta época y que apenas podrá reducirse hasta el margen apuntado. Hay que tener en cuenta que el limón regional representa el 65% del total español.

Una nueva situación que acontece después de seis campañas excepcionales, en las que se han desarrollado muchas nuevas plantaciones, alimentadas por la alta rentabilidad. De ahí que se haya pasado de un aforo global de 1 o 1,1 millones de toneladas hasta los 1,3 millones de la presente, incluidas ahí las 380.000 toneladas de la variedad Verna, que se recogerán de abril a junio. En este caso concreto, se trata de más del doble que lo cosechado el pasado año, que resultó especialmente malo.

1,3 millones de toneladas rondará la campaña 2018-2019 de limón en España, en conjunto, de los que 920.000 toneladas corresponden a la gama fino que se cierra en abril. El 65% corresponde a la Región

19.700 empleos mueve el sector nacional y más del 50% son mujeres.

Agricultores, comercializadores, exportadores e industriales asumen que ha llegado el momento de que el sector se adentre en una nueva etapa de estabilización, a partir de la búsqueda de «un aterrizaje suave», en palabras del director de Ailimpo, José Antonio García, pero que «garantice siempre un beneficio al campo».

Muchos productores optaron, ante la coyuntura existente, por no vender a pérdidas y tratar de aguantar hasta que se recuperasen los precios. Sin embargo, el tiempo corre en contra y es escaso el margen de maniobra ante un fruto que empieza a pasarse de su punto de maduración en el árbol. De hecho, se tiene claro que ya no hay tiempo material para recolectar y buscar hueco a esas decenas de miles de kilos.

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El protagonismo que está teniendo en esta campaña el limón turco explica en gran parte el deterioro sufrido por el producto murciano. Con el veto ruso al sector agrario de la UE, el país otomano optó por centrarse en el gigante del Este, en función también de una cosecha más ajustada debido a las incidencias climatológicas; sin embargo, este año Turquía ha vuelto a mirar hacia Europa, toda vez que ha recuperado sus niveles normales de producción, entorno a las 800.000 toneladas, además de verse favorecida por la fuerte devaluación que sufrió su moneda, lo que acabó generando una sobreoferta y a precios mucho más baratos.

Como consecuencia de ello, tras una fase inicial con el primer corte de la campaña en España (10-15% de la cosecha), en octubre, cuando se pagaron precios entre 70 y 80 céntimos el kilo en el árbol, lo que produjo una inflación de precios inviable; en el segundo corte, en noviembre y diciembre, se pagó en torno a 40 céntimos. Ahí se produjo una ralentización importante de la recolección, que lejos de aminorarse se acentuó. Sin embargo, los precios no se han recuperado. Al contrario, en el tercer corte del fruto, en este momento, se paga entre 15 y 22 céntimos, al borde de la línea de rentabilidad, en la que hay que tener en cuenta también factores decisivos como el coste del agua.

«Es una campaña de inflexión»

El presidente de la cooperativa El Limonar de Santomera, Rafael Sánchez, prefiere no hablar de sobreproducción, pero reconoce que «los precios han bajado mucho y los agricultores ya no cubren los costes». Esto se debe, principalmente, a «una producción que ha ido aumentando en los últimos años al calor de precios aceptables».

La competencia de países como Turquía, Sudáfrica y Argentina también es, en su opinión, un factor importante a la hora de explicar la situación a la que se enfrentan los agricultores del cítrico amarillo esta temporada. «Al principio de la campaña, el calibre del limón era escaso y no pudimos atender la demanda del mercado europeo; los turcos sí lo hicieron».

El presidente de la cooperativa, que cuenta con 350 socios y da trabajo a 400 personas de forma directa, asegura que «el limón va a seguir siendo un producto competitivo en nuestra Región porque sabemos cultivarlo y tenemos el clima óptimo». «Hemos tenido siete campañas en las que se han cubierto costes y ha habido beneficios y esta es una campaña de inflexión, de ajuste de producciones», explica.

Mientras Sánchez evalúa el desarrollo de la temporada, el almacén santomerano funciona a pleno rendimiento para abastecer de limones a destinos como Alemania, Francia, Reino Unido, Polonia, Italia, Holanda, Bélgica, Ucrania, Estados Unidos y Canadá. Antes de poner rumbo a estos países, los limones pasan por un cuidado proceso artesanal en el que son lavados (y en algunos casos también encerados), clasificados por tamaño, color y calidad, empaquetados y enfriados para que lleguen en perfecto estado a las mesas de medio mundo.

A partir de este contexto complicado, lo que el sector ha buscado es que la campaña de Fino se sostenga a toda costa, tratando de buscar un mayor equilibrio entre las cantidades que van al fresco y las dirigidas a la industria. Por ello, «creo que vamos a salvar el año, aunque vaya a ser un final complicado, pero mantendremos el precio medio global para el agricultor por encima del coste de producción», según indica García, quien puntualiza que, «aunque la situación es más difícil de lo habitual, no se llegará al momento crítico que se vive en los cítricos dulces, como naranja y mandarina, aunque es evidente que se nos ha ido también la mano con la excesiva oferta».

«Veníamos de seis campañas excepcionales, en las que todos coincidíamos en que eso no era normal», aunque fuese con la boca pequeña, por eso ahora el gran reto consiste en ir sustituyendo los ciclos de dientes de sierra, como es habitual en todas las actividades agroalimentarias, por otros más planos», subraya el máximo representante de la interprofesional del limón. En este sentido, hace hincapié en que «todos tenemos que saber que el mercado no crece al ritmo de las nuevas plantaciones y, además, hay más competidores que hacen cada vez mejor las cosas, como es el caso de Turquía».

Más producción en dos años

De ahí que sea prioritario avanzar en esa línea de estabilización, si se tiene en cuenta que las previsiones son que, en función de las nuevas parcelas de limoneros plantados, en los próximos dos años puede elevarse la producción total en otras 200.000 toneladas, hasta superar los 1,5 millones.

«Manejar esos volúmenes entre fresco (70%) e industria (30%) no será fácil», reconoce el máximo ejecutivo de Ailimpo. Y, menos aún, si los países competidores también están plantado más, como Sudáfrica, Argentina, Turquía y hasta Egipto, que está haciendo pruebas para meterse de lleno en la producción de limón. En opinión de José Antonio García, «aunque el consumo en Europa de limones ha crecido un 30% en la última década, lo que ha favorecido que los precios subieran, eso es evidente que no es infinito».

Por su parte, el secretario general de Asaja Murcia, Alfonso Gálvez Caravaca, advirtió ya a finales del pasado mes que «nos enfrentamos a una campaña citrícola desastrosa y que está arruinando las economías de los productores y, ante este panorama, los políticos están impasibles y no hacen nada». Por ello, desde esta organización exigen al Gobierno español que «tome medidas urgentes para acabar con la crisis que están soportando los cítricos esta campaña». También insiste en que «los precios son de miseria, por lo que es fundamental que la Administración busque soluciones junto al sector, puesto que esta campaña va a perjudicar gravemente las rentas de los productores en toda la geografía española».

Por otra parte, muchos agricultores sufren el incumplimiento de los contratos de compraventa con destino al fresco, denuncian desde Asaja, ya que «no se respetan los precios recogidos en el contrato y se utilizan los distintos cortes para presionar a los agricultores con precios ínfimos. No podemos consentir estos abusos». Así que recomienda recurrir a los mecanismos de mediación establecidos en los contratos homologados y, en su caso, a denunciar dichos abusos ante la Agencia de Información y Control Alimentario (AICA), dependiente del Ministerio de Agricultura.

A la espera del Verna, en abril

El sector mantiene su esperanza, no obstante, en el revulsivo en cuanto a precio que puede aportar la variedad Verna -autóctona española-, a partir de abril, cuya previsión de cosecha se aproxima a las 380.000 toneladas, lo que supondrá duplicar la del año anterior, que fue excepcionalmente baja por problemas climatológicos. Ese volumen permitirá alargar la campaña hasta finales de junio. Y lo más importante es que los clientes europeos ya saben que tendrán ese suministro de producto español, por lo que el limón de Sudáfrica y Argentina solo entrará en el verano. En cuanto al precio, se espera alcanzar una cifra en torno a 35 céntimos.

«Este año es una ruina, pero hay que limpiar los árboles»

Antonio Martínez observa con resignación cómo se lleva a cabo la recolección de su cosecha de limón fino, que se extiende por ocho imponentes tahúllas de huerto, lo que equivale a casi 9.000 metros cuadrados de terreno. A pesar de que va a volver a recoger el fruto de su trabajo durante más de treinta años -cuando compró por unos cuatro millones de las antiguas pesetas la finca que posee en un lugar privilegiado de la pedanía murciana de El Esparragal- este agricultor de 74 años no se muestra nada optimista cuando hace balance de esta campaña, en la que asegura que no va a cubrir los costes de producción.

«Este año es una ruina, pero hay que limpiar los árboles», explica, mientras relata que ha cerrado un corte que cobrará a 15 céntimos el kilo, lo que podría equivaler a unos 6.000 euros, si de sus 200 limoneros salen los 40.000 kilos que ha previsto haciendo sus cálculos. Lamenta que se trata del precio más bajo desde hace casi una década y, aunque es consciente de que en la agricultura «hay años peores y años mejores», este hombre natural de Zarandona recuerda con nostalgia aquellas temporadas en las que vendía sus limones, según sus palabras, «hasta a 60 céntimos el kilo». Eso sí, en el almacén de destino hablan de precios que han llegado a superar el euro.

«¿Qué voy a hacer yo con los limones?», se pregunta entonando un profundo 'quejío' y dejando muy claro que no tiene intención de vender su finca: «¿Para qué? Si luego vendes la tierra, metes las 'perras' en el banco y no te dan nada». Mientras Antonio reflexiona sobre el futuro de sus limoneros, su mujer y una de sus hijas le escuchan atentamente. «Los jóvenes no tienen ganas de trabajar en el campo y los viejos ya no podemos», destaca. «Esto es lo más desgraciado que hay. No sé si estás soltera o casada -comenta a esta periodista-, pero si se te arrima alguno que sea agricultor, dile que no te interesa», bromea sin quitar ojo a las capazas cargadas de limones que salen sin cesar de su huerto (por Rebeca Martínez Herrera).