Vida de décimo y carajillo

Diego Oliver, con un bonito y una lubina adquiridos en la lonja del Puerto de Mazarrón. / Vicente Vicéns / AGM
Diego Oliver, con un bonito y una lubina adquiridos en la lonja del Puerto de Mazarrón. / Vicente Vicéns / AGM

Diego Oliver 'El Bulto', 42 años tras la barra, 'merengue' apasionado y afortunado en el juego, y 'amo' de la lonja de Mazarrón: «Nadie compra pescado tan bien como yo»

Alexia Salas
ALEXIA SALAS

Lleva Diego en la cara varios décimos perdidos y la fatiga de un trabajo sin horas. Tiene ya necesidad de que le toque otra vez la lotería porque hace tanto que se evaporó aquel premio, nada menos que 50.000 euros caídos un frío diciembre de hace 20 años, que le parece que no ocurrió. Cuatro años después el bombo de la suerte le recordó que era un hombre afortunado con otros 12.000 euros. Todo el fruto de su ventura está en ladrillos y paredes, que le rentan a Diego más que una vaca lechera. Ahora piensa que no hay dos sin tres, así que «gasto en juego cada semana más de mil euros», piensa el hostelero que concurrencia es causalidad sin necesidad de recurrir al 'big data'.

Quien entra al bar La Barraca de Mazarrón, en la subida al faro, no solo se encuentra con unas frituras de pecado, sino que verá ante sí a un bienaventurado. Diego comenzó a servir cañas y boquerones fritos ya en el viejo bar de su padre. «Lo abrió tres días después de morir Franco. Yo iba aún a la escuela, luego jugaba al fútbol y después echaba una mano», empezó su historia de 42 años detrás de una barra escoltada por botellas de Fundador y tiras de lotería, y siempre esa prisa por llegar de un lado a otro sin moverse del bar. Allí sigue, en el negocio que abrió y que se le llena de clientes hambrientos cada mediodía y cada noche en ese rincón del año que es el verano.

Se siente venturoso Diego también porque engulló solomillos tiernos en tiempos de penuria: «En la mili serví de camarero en Capitanía Marítima. Había muchos grandes banquetes y sobraba mucha comida». Tiempos de bandeja de plata y pajarita, que se asoman en las fotos con ese filtro pajizo que Instagram se empeña en imitar.

«Vi en otro bar a uno al que le presté dinero, y se metió en el váter y no salió hasta que me fui»

Se siente afortunado Diego porque tuvo sus noches gloriosas de farra: «Yo cerraba todos los bares, desde el Mickey Mouse de Cabo de Palos hasta el Portobello de Mazarrón, y por la mañana ahí estaba trabajando, no como los jóvenes de ahora que son unos gandules y unos guangos».

Se siente venturoso Diego porque en lugar de sufrir él las apreturas del vil metal, puede ayudar a otros a superarlas: «El otro día vi en otro bar a uno al que le presté dinero, y se metió en el váter y no salió hasta que me fui», mueve la cabeza atónito. «No se aprende nada aquí. Una vida entera detrás de la barra te cura de espanto», viene de vuelta el hostelero. En el fondo, esa banda sonora tabernaria de voces cruzadas y choque de vidrios le alimenta el espíritu y le carga las pilas de nuevo. «Si me sacan de aquí me muero», reconoce.

Género fresco

Pero cuando más agraciado se siente Diego es siempre que regresa de la lonja con la compra del día. «Yo me traigo el género más fresco que hay. Primero me entero de cuántos barcos han salido a la gamba y cuántos sacarán salmonete y pulpo. Yo me espero a que lleguen todos y consigo el mejor precio», se mueve como chanquete ante un ballenero. Esos ratos de lonja y regateo, de trato y broma, le dan la vida a Diego cada tarde a pie de muelle. A su mirada de rapaz no escapan ni los kilos de gamba roja que haya cogido el 'Marchena' ni el valor del boquerón si la noche anterior hubo luna llena.

Con todo, hay otros instantes en que Diego es el hombre más feliz del planeta: «Yo soy del Real Madrid hasta morir. Aquí vienen los del Barça, que son unos 'cansaos', y cuando voy a la lonja les pico con las copas de Europa». Si un pintor tuviera que plasmar la viva imagen de la dicha retrataría a Diego «después de ir al Bernabéu, sentado en el bingo del Canoe con un güisqui en la mano», se confiesa, aunque a Diego le preguntas si se siente afortunado, y se queda sin palabras.

Quién
Diego Oliver 'El Bulto'.
Qué
Hostelero.
Dónde
Mazarrón.
Gustos
La lotería, el bar y el Real Madrid.
ADN
Jugador, negociante y trabajador.
Pensamiento
«42 años detrás de una barra te curan de espanto».