«No está mal ser un poco niña»

Fulgencia Plazas, fotografiada en La Manga./Antonio Gil / AGM
Fulgencia Plazas, fotografiada en La Manga. / Antonio Gil / AGM

Fulgencia Plazas. Directora de Cultura del Ayuntamiento de Cartagena

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

De José Hierro, el inmenso poeta del que fue muy amiga Fulgencia Plazas (Cartagena, 1956), son estos versos del poema 'En son de despedida': «He vivido días radiantes / gracias a ti. Entre mis dedos se escurrían / cristalinas las horas, agua pura. Benditas sean». Licenciada en Geografía e Historia y en Derecho, madre de dos hijas y abuela de dos nietos, dirigió con muy buen tino la Universidad Popular de Cartagena y actualmente es directora de Cultura del Ayuntamiento cartagenero.

1 -¿Un sitio para tomar una cerveza?
-Donde elijan mis hijas.
2 -¿Un concierto inolvidable?
-La ópera 'Turandot', en Múnich.
3 -Libro para el verano
-'Patria', de Fernando Aramburu.
4 -¿Qué consejo daría?
-No quieras para otros lo que no quieres para ti.
5 -¿Cuál es su copa preferida?
-Champán.
6 -¿Le gustaría ser invisible? -En algunos momentos, sí.
7 -¿Un héroe o heroína de ficción?
-Mafalda.
8 -Un epitafio
-'Espero no haber hecho mucho daño'.
9 -¿Qué le gustaría ser de mayor?
-Lúcida.
10 -¿Tiene enemigos?
-No lo sé.
11 -¿Lo que más detesta?
-La envidia y la maledicencia.
12 -¿Un baño ideal?
-En el Mediterráneo.

-¿Qué lleva?

-Lentillas de color azul, ¿le gustan o no?

-Le sientan bien.

-Las utilizo desde hace muchos años. Me gustó cómo me quedaban y me sigue gustando jugar, el lado lúdico de la vida procuro no descuidarlo. No está mal ser un poco niña, no perder la capacidad de soñar, de mirar hacia adelante pensando que la vida tiene reservadas para ti cosas estupendas.

-¿Qué le caracteriza?

-Cuando me propongo que mi vida vaya por un lado, termina yendo por otro. Tengo clara una cosa, y hago la contraria. Pero no me salen mal las jugadas.

-¿Por ejemplo?

-En mi infancia, que fue muy cálida y que recuerdo rodeada siempre de mucha gente querida a mi alrededor, yo nunca jugaba a ser madre. De hecho, mi hermana pequeña, siendo yo la mayor de todos, era la que se encargaba de nuestros otros dos hermanos. Yo no quería casarme, ni ser madre. Soñaba con ser una mujer independiente, una abogada o una jueza que, además, viajara por todo el mundo. Adoraba a las mujeres de mi vida, empezando por mi madre, pero no quería ser como ellas, en el sentido de tener que aceptar que fuesen los hombres de la familia los que tuviesen la última palabra. En mi caso, la última palabra la quería tener yo.

-¿Y qué pasó?

-Pasó que, como no quería casarme [risas] me casé jovencísima con mi novio, que lo era desde los 15 años. Antes de casarme, recuerdo que también me gustaba la idea de ser azafata, una profesión que yo tenía idealizada porque aunaba independencia y viajes, pero reconozco que me casé muy enamorada. Estaba en segundo de Geografía e Historia, y en tercer curso nació mi hija Carmen. Todo fue muy rápido y nada parecido a lo que yo había soñado para mí.

«Alguna vez me ha hecho hasta gracia que me dijesen que, para ser una mujer de izquierdas, me arreglaba demasiado»

-¿Se arrepiente?

-En absoluto, vivir con Antonio... [rompe a llorar] fue..., discúlpeme..., maravilloso. Y por mis dos hijas y mis nietos yo daría mi vida sin dudarlo ni un solo segundo.

-¿Qué tiene también muy claro?

-Siempre he tenido muy claro que tienes que valerte por ti misma, porque es la única forma de ser libre y de poder elegir. Ser autosuficiente, algo que le he inculcado a mis hijas, yo creo que con mucho acierto, es fundamental.

-¿De niña cómo era usted?

-¡Delgadísima!

-¿Y qué más?

-Tenía la suerte de que a la gente le gustaba estar conmigo. Era muy imaginativa y muy cariñosa. En eso no he cambiado nada.

-¿Y obediente?

-Hasta que dejé de serlo tanto cuando la niña dejó de ser tan niña y tuve que empezar a intentar pararle un poco los pies a mi padre.

-¿Por qué?

-Mi padre, militar, quería llevarme más recta que una vela; era un hombre con unas ideas heredadas del franquismo, así es que ya se podrá imaginar que nuestros enfrentamientos a la hora del telediario eran muy frecuentes. Yo quería tomar mis propias decisiones, ya le digo, y eso no le hacía ni pizca de gracia.

«Si hay guerras que, de entrada, sabes que vas a perder, mejor ni intentarlo. Tampoco tiene una que ser tonta»

-¿Qué no le cuesta trabajo?

-Dar mi brazo a torcer si me doy cuenta de que no tengo razón. Tampoco me cuesta trabajo no imponer mi criterio. No me gusta imponerlo, ni que los demás me impongan el suyo. A dialogar estoy dispuesta todo lo que haga falta, a darle la razón a quien no la tiene, no. Sea quien sea.

-¿A qué no renuncia?

-A ser siempre yo misma.

-¿Y eso qué implica?

-Creo que soy una mujer fuerte y segura de sí misma, una mujer que está preparada para caminar sola. Y muy romántica. Necesito sentirme querida, tener gente junto a mí que me quiera, a la que le importe cómo estoy. Puede parecer contradictorio con eso que le acabo de decir de que soy una mujer fuerte, pero reconozco que yo quiero ser esclava de mis afectos.

-¿Qué no hace?

-Los conflictos nos los rehúyo, pero no me gusta crearlos.

-¿Qué agradece?

-Mi capacidad de ver las cosas en positivo y de saber dar y recibir cariño. En situaciones bastante duras [vuelve a emocionarse] intento siempre no dejarme vencer por el desánimo y ver qué hay de salvable en esa situación... También agradezco ser una amante de la cultura porque la cultura salva; el amor y la cultura son prioritarios.

-¿A veces qué le gustaría?

-No ser tan nerviosa, ni tan transparente. A veces soy un libro demasiado abierto.

-¿Qué no le ha dejado de importar nunca?

-El dolor ajeno. Incluso el de personas que no conozco me conmueve muchísimo.

-¿De qué tiene costumbre?

-De arreglarme, hacerlo me encanta. Me arreglo para salir a la calle y también para estar en mi casa. No veo una necesidad tener que ir por la vida de cualquier manera. Alguna vez me ha hecho hasta gracia que me dijesen que, para ser una mujer de izquierdas, me arreglaba demasiado. ¿Qué tontería, no?

-Superior.

-También hay gente que no entiende que me puedan encantar dos tipos de mujeres tan distintos como Anna Karenina [el personaje de Tolstói capaz de suicidarse por amor] y [la escritora y pensadora existencialista] Simone de Beauvoir. Las dos conviven perfectamente en mi cabeza.

Táctica

-¿Qué aprendió?

-Si hay guerras que, de entrada, sabes que vas a perder, mejor ni intentarlo. A lo mejor lo que conviene es utilizar la táctica de guerrillas. Tampoco tiene una que ser tonta.

-¿Siempre qué?

-Siempre leal y legal. Siempre.

-¿A qué se acostumbró?

-A leer antes de dormirme. Da igual que llegue muerta a mi casa o la hora en la que me acueste. Tengo que leer. Lo cierto es que yo no podría vivir sin leer, suena muy rotundo pero es la verdad.

-¿Qué no le falta?

-Pasión por mi trabajo y muy buenos amigos, a los que estoy muy agradecida porque me están apoyando muchísimo. Estos últimos años no han sido fáciles... El proceso de demencia de mi marido fue a más y ya, en 2012, fue el caos...; yo caí enferma, tuve que estar tres meses en cama. Estaba siendo durísimo...; ir viendo cómo se iba olvidando de las cosas, dejando de ser él...; tienes que esconder las llaves, no dejar cosas peligrosas a mano, estar pendiente de sus movimientos las veinticuatro horas del día...; estaba muy atenta a las investigaciones médicas que se estaban llevando a cabo, pensaba que todo se podría arreglar, y que como siempre me había acompañado la suerte, también esta vez sería así...; no sé, que podría tratarse de una depresión de la que se recuperaría... Pero no. Y sigue siendo durísimo, pero es verdad que la vida sigue, y que no puedes pasarte el día llorando, ni culpar a nadie de tu situación, ni ir dando pena...; yo salgo a la calle con mi mejor sonrisa. Y, casi siempre, todavía sigo viendo el vaso medio lleno y sintiendo gratitud hacia la vida. Claro que el dolor... a veces se hace muy duro... pero forma parte de la vida, como también forma parte la muerte.

-¿Y qué procura?

-Alejar lo más posible de mi entorno la envidia, el rencor y la maledicencia. Si permites que se instalen junto a ti, te emponzoñan el alma y te quitan la capacidad de ser feliz. Y yo quiero ser feliz, y ayudar todo lo posible a que lo sean mis hijas y mis nietos, y mis amigos, y la familia de mi marido, con la que mantengo muy buena relación, y mis compañeros de trabajo.

-¿Qué intenta sin mucho éxito?

-Aprender idiomas, pongo mi alma en ello pero soy una negada.

-¿De qué se dio cuenta?

-De que tener un caballo es caro. El mío se llamaba 'Omar', en homenaje al poeta iraní Omar Khayyam, y aunque era muy cabrocente nos entendíamos muy bien. Montar a caballo por el campo era maravilloso. Pero cuando mis hijas empezaron a estudiar en Murcia y llegaron más gastos, la elección entre el caballo y mis hijas estaba clara. ¡Adiós caballo! Lo que sigo haciendo es mucho deporte.

-¿De dónde volvió fascinada?

-De Egipto. Me atrapó por completo ese país maravilloso.

-¿Dónde no la encontraremos nunca?

-De ir a un combate de boxeo no tengo la menor intención.

-¿Comprobado qué tiene?

-Que me llegan muy pocos cotilleos, y creo que es porque los que me conocen saben que no entro al trapo. No me gusta cotillear, aunque tampoco hay que exagerar y ser más papista que el Papa.

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