Estío a la murciana

Juan José Valverde: «Cantar, cantar, cantar. ¡Me gustan los karaokes!»

Juan José Valverde, autor del libro 'Completar la vida'. / enrique martínez bueso
Juan José Valverde, autor del libro 'Completar la vida'. / enrique martínez bueso

«Un profesor paró la clase para preguntarme: '¿Y usted de qué se ríe?'. Es que no me doy ni cuenta», reconoce el oncólogo

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

Sonríe de una manera contagiosa. Y, cuando lo hace, se le ilumina la cara. Es algo que distingue a Juan José Valverde (Murcia, 1964), oncólogo [en el Hospital Virgen de la Arrixaca] y autor de 'Completar la vida. Primeros pasos en el camino del buen morir' (Saltearrae).

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-¿Un sitio para tomar una cerveza? -La Bodeguiya. En Las Negras (Almería).
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-¿Una canción? -'Stand by me', de B. B. King.
3
-Un libro para el verano. -'Un nuevo mundo, ahora', de Eckhart Tolle.
4
-¿Qué consejo daría? -Vive el presente.
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-¿Cuál es su copa preferida? -Negroni.
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-¿Le gustaría ser invisible? -No.
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-¿Un héroe o heroína de ficción? -Forrest Gump.
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-Un epitafio. -«La muerte no existe».
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-¿Qué le gustaría ser de mayor? -Chamán en una isla del Pacífico.
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-¿Tiene enemigos? -No creo.
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-¿Lo que más detesta? -La mentira.
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-¿Un baño ideal? -Playa de los muertos, en Agua Amarga.

-¿Qué mineral lleva colgado al cuello?

-Una fluorita. Tiene propiedades equilibradoras. Se relaciona con el cuarto 'chakcra', con el del corazón, la compasión, el amor.

«El problema es que muchas veces no sabemos vivir, y hay personas que llegan a la muerte lamentándose por todo lo que han dejado pendiente. Uno muere como ha vivido, viviendo bien vas a morir bien»

-¿Cómo educa a sus hijos?

-Para que sepan tomar decisiones en la vida, sepan lo que quieren y sean ellos mismos sin vivir pendientes de la opinión de los demás.

-¿Por qué estudió Medicina?

-Yo, que era un buen estudiante, quería estudiar Física, pero un buen día, recuerdo que me llamó el padre Benjamín, que fue quien me enseñó a valorar la gran importancia del pensamiento científico, y me dijo: 'Física, no. Tú tienes que estudiar Medicina'. A mí eso ni se me había ocurrido antes. Yo le pregunté: '¿Por qué?'. Y su respuesta fue: 'Eres buen estudiante, trabajador y buena persona'. Y nada, le hice caso al padre Benjamín y le estoy muy agradecido. Él acertó y yo, haciéndole caso, también.

-Dígame un recuerdo que guarde de su infancia.

-Se va a reír, pero los críos nos lo pasábamos muy bien tirándonos membrillos. Yo fui un niño muy feliz en una familia muy humilde. Siempre he estudiado rodeado de cajas en la trastienda de la tienda de comestibles de mis padres.

-¿Por qué se especializó en Oncología?

-Siempre me ha llamado la atención, y he tenido inclinación por la gente que lo tiene más difícil en la vida.

-¿Qué no le gusta nada de usted?

-Me encierro mucho en mí mismo, tiendo a aislarme.

-¿Qué hace de vez en cuando?

-De vez en cuando tiro la basura, de vez en cuando friego los platos o barro el porche y lo friego... Hoy ha venido mi mujer [la psicóloga Mamen Gómez] cabreada de lavar el coche, y no me extraña con el calor que hacía, y me ha preguntado: '¿Desde cuándo no vas tú a lavar el coche?'. Pues he ido de vez en cuando, alguna vez sí que he ido.

-¿Qué reconoce?

-Me gusta más observar que llevar la voz cantante.

-¿Qué necesita cada vez más?

-Silencio, cada vez me refugio más en el silencio, lo valoro más, lo necesito. Encuentro mucho placer en él.

-¿Qué suele conseguir?

-Cuando estoy con un enfermo, me gusta parar el tiempo, huir de la prisa, sentarme con él con tranquilidad...; tengo la suerte de que así sea muchas veces.

-¿Con qué no puede?

-Ni con las prisas, ni con la urgencia, ni con tener que hacer algo a lo que no le ves sentido.

-¿Qué ha sido lo mejor que le ha pasado?

-Lo mejor que me ha pasado se llama Mamen. Conocerla supuso un cambio enorme en mi forma de vivir y de ver la vida. Me dio confianza en mí mismo, me reforzó la autoestima, me ayudó a ser más libre.

-¿Se imagina sin ella?

-No lo pienso. Ella siempre dice que prefiere morirse ella primera, porque está claro que el problema lo tiene el que se queda, no el que se va. Pero yo lo que preferiría es morirnos los dos juntos, al mismo tiempo, en plan romántico. Compartir incluso el momento de la muerte sería un buen final para una historia de amor. Me impresiona mucho la historia del escritor Stefan Zweig, uno de mis preferidos, que se suicidó junto a su mujer en Brasil.

-¿Qué piensa usted del suicidio?

-Lo entiendo como un acto de libertad que hay que respetar. No lo condeno, siempre y cuando sea una decisión consciente y libre. La muerte, a veces, puede ser una liberación.

-¿Sus sentidos preferidos?

-Los cinco, pero el oído y el olfato los tengo especialmente desarrollados.

-¿A qué le presta atención?

-Me interesan las excepciones a las reglas.

-¿Cómo se relaja usted?

-Con la meditación. Se trata de buscar espacios de silencio y de tranquilidad, y de hacer como una especie de viaje hacia adentro. Diez o quince minutos al día en los que frenas el pensamiento. Uno de los problemas de nuestra sociedad es la rapidez de pensamiento que se ha instalado, el 'acelero' con el que se llega a conclusiones. Dicen los budistas que el pensamiento es como un mono loco, encerrado en una jaula, al que hay que saber domesticar. El pensamiento sin control nos conduce al disparate.

-¿Qué lamenta?

-Se ha perdido el disfrute del saber, del conocer, del pensar, de deliberar, de filosofar. Que la Filosofía haya desaparecido de la educación es un drama humanitario. Estamos saturados de información, que no de conocimiento. Y somos esclavos de los móviles.

-¿Hay un Más Allá?

-Yo creo que sí que hay algo. Después de mi experiencia acompañando a cientos y cientos de enfermos muriéndose, después de estar todos los días con la muerte, creo que hay algo que es difícil explicar con palabras. Cuando una persona muere, muere el cuerpo, el pensamiento, la emoción. Pero hay otra parte, que podemos llamar conciencia, alma, ser o espíritu, que realmente forma parte de algo superior con lo que estamos conectados. Creo que hay como una conciencia universal, como una inteligencia universal de la que de algún modo formamos parte. Somos parte de un todo. Esto no se acaba aquí, hay algo que nos transciende.

-¿Qué reconoce que puede resultar extraño?

-Cada día, yo disfruto muchísimo pudiendo acompañar a personas que están muriéndose; así dicho, sé que puede resultar extraño, pero para mí la experiencia es impresionante y muy satisfactoria, porque compruebo que puedo ser útil, que ayudo en un momento tan importante. Muchas veces, veo a los enfermos en sus últimos días, y el problema es que te encuentras con personas que ni siquiera son conscientes de que se están muriendo, y con familias muy angustiadas; en dos o tres días tienes que construir una relación con esa persona, acompañarla sin dañarla y hacer que su muerte sea la mejor muerte posible para ella. Tienes que escuchar mucho y saber escuchar bien.

-Y no desesperarse usted tampoco.

-Eso nunca. Mire, recuerdo el caso de una mujer joven, soltera, con un tumor de vejiga ya muy avanzado. Una de sus grandes pasiones era la música de los Beatles, y eso nos permitió conectar y compartir experiencias y recuerdos. En los momentos finales, cuando ella estaba ya sedada, esperando, estábamos en la habitación sus padres, su hermana y yo. Escuchábamos su respiración, y había algo en ella que denotaba inquietud... De pronto, tuve un impulso, saqué el móvil, empecé a poner sus canciones favoritas de los Beatles y la respiración se fue apagando hasta que falleció, yo creo que en paz. Creo que necesitaba que esa música acompañase sus momentos finales. Salí de allí enriquecido.

-¿No siente rabia en esos momentos?

-No, nunca. Entiendo la muerte como algo inevitable y natural. Cuando, humanamente y con los tratamientos disponibles, ya no podemos hacer más, el objetivo es que esa persona pueda morir de la mejor forma posible. Y el sentimiento es de alegría, salgo contento porque hemos conseguido que la persona muera bien. Y la familia te da las gracias.

-¿Sabemos vivir?

-Precisamente, el problema es que muchas veces no sabemos vivir, y hay personas que llegan a la muerte lamentándose por todo lo que han dejado pendiente. Uno muere como ha vivido, viviendo bien vas a morir bien.

-¿Y en qué consiste vivir bien?

-En vivir el presente y vivir en el presente. Muchas veces, vivimos anclados en el pasado, cargados de remordimiento y de culpa, o vivimos pensando en el futuro: lo que voy a hacer, lo que seré, lo que conseguiré... Es un error, porque lo importante es vivir realmente cada día como si fuese el último, preguntándose qué puedo hacer hoy. Y también es muy importante estar de acuerdo con lo que haces e intentar cambiar lo que no te gusta. Si algo te hace sufrir, decide cambiarlo. Nadie está obligado a sufrir, el sufrimiento no es una obligación.

-¿Qué más?

-No hay que hacer cosas pensando en el qué dirán, ni ser esclavos de la imagen pública, ni vivir obsesionados por tener cosas materiales, ¿para qué? Cuanto menos, mejor. ¿Con cuánto menos puedo vivir? Intenta vivir con lo menos posible y siendo generoso con los demás. Es un ejercicio sanísimo. Ser generoso y agradecido son dos cosas que hay que practicar todos los días. Acaparar te hace ser esclavo. Y en cuanto a la gente querida que estamos apunto de perder, es muy importante no dejar nada pendiente, no dejar nada por decir y perdonar lo que haya que perdonar.

-Pero usted no ha sufrido la muerte de sus seres más queridos.

-Eso es cierto; a veces me digo: 'Ya veremos cuando me toque a mí'.

-¿Qué no ha hecho jamás?

-Fumar.

-¿Y el alcohol?

-¡Soy aficionado a los cócteles, y me encanta relacionarlos con películas que me gustan mucho! Me encanta el cine.

-¿Cuáles le salen mejor?

-El que más hago es el Negroni, una combinación de vermú, ginebra y Campari frío; a veces cambio la ginebra por vodka. Viendo 'Vacaciones en Roma' (1953) sienta de maravilla. También me sale muy bien el Margarita, que relaciono con 'El tesoro de Sierra Madre' (1948).

-¿Nada usted bien?

-Como un 'patico' [risas].

-¿Por qué sonríe usted siempre?

-Pues no lo sé. Siempre ha sido así: me gusta y me sale de forma natural. A veces he tenido algún problema con familiares o enfermos por sonreír tanto... Estudiando Medicina, un profesor, que después se hizo muy amigo mío, un día paró la clase para preguntarme: '¿Y usted de qué se ríe?'. Es que no me doy ni cuenta. A veces, incluso, me esfuerzo en poner cara seria y no me sale.

-¿Cuál es la gran enseñanza?

-La encontraremos en Lao Tse, en Buda, en Jesús [de Nazaret]. La clave de todo está en el amor, en amar. Amar quiere decir reconocer en el otro lo que tú eres. Tú y yo somos iguales. Y si yo soy tú, no te voy a dañar porque estaría dañándome a mí mismo. La verdad está en el presente y todos somos uno.

-¿Existen los milagros?

-Creo que sí, empezando por el de despertarnos cada día. En el hospital se ven muchos milagros, cosas que realmente suceden sin que haya una explicación racional.

-¿Qué no se imagina nadie de usted?

-Cantar, cantar, cantar. ¡Me gustan los karaokes!

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