Los valientes del tren

Una incidencia en un tren extremeño./R.C.
Una incidencia en un tren extremeño. / R.C.

Pese a las continuas incidencias, hay extremeños que siguen montando en convoyes que se incendian o se quedan sin gasoil. Viajan con más miedo que fe en vagones que circulan sobre traviesas del XIX

ÁLVARO RUBIO

La primera semana del año ha dejado claro que España viaja a dos velocidades. Unos lo hacen en un tren moderno que cruza el país en cinco horas mientras otros se tienen que conformar con desplazarse de Badajoz a Madrid (apenas 400 kilómetros) en seis. El tiempo marca la diferencia, pero lo que sucede durante el trayecto subraya aún más esa desigualdad. Locomotoras que se incendian, pasajeros tirados en medio del campo en plena madrugada sin calefacción ni luz, descarrilamientos, incidencias por falta de maquinistas, averías y hasta convoyes que no llegan a su destino porque no hay suficiente combustible.

Apenas diez horas después de la entrada de 2019, los extremeños ya sufrieron la primera incidencia del año, otra más. El Talgo que partió de Badajoz el 1 de enero a las 08.45 horas con destino a Madrid se averió en Mérida. A Cáceres llegó con 40 minutos de retraso y la desesperación de los pasajeros acabó con la intervención de la Policía Nacional en la estación de Renfe. Los agentes calmaron los ánimos entre viajeros y un empleado de la compañía.

Esa misma tarde el Media Distancia que salió de la capital pacense a las 17.18 horas también se averió en Mérida. Sus pasajeros fueron trasbordados a otro convoy y a la altura de la localidad cacereña de Navalmoral de la Mata ese segundo tren se averió. 163 extremeños permanecieron parados en mitad de la nada durante tres horas. De madrugada, sin agua, sin comida, sin luz, con los baños estropeados, a cuatro grados y sin saber a que hora llegarían a Madrid. Finalmente, tuvieron que ser trasladados en autobús. Llegaron a sus casas tras una noche marcada por la indignación y la impotencia.

Nada más empezar el año, 163 pasajeros se quedaron tirados en mitad de la nada

En total, 11 horas de 'aventura'. Muchos de los afectados ya han asegurado que no volverán a utilizar este servicio. Hay otros que, pese a las continuas incidencias, se arriesgan a montar en estos vagones. Lo hacen con más miedo que fe. Ellos son los valientes del ferrocarril extremeño.

Mireia Fernández de Villarán, de 21 años, es una de esos valientes. El jueves por la tarde se atrevió a subir al último tren del día en Cáceres. Era consciente de lo que había sucedido 48 horas atrás en el mismo trayecto que iba a realizar. En su caso se bajó a salvo en la estación de Plasencia. «Suelo coger el tren habitualmente y he padecido varias incidencias. En una ocasión se averío y tuvimos que ir en taxi a nuestro destino. Al menos no soy de las que ha estado en medio del campo a 40 grados en pleno verano o pasando frío en invierno». Asegura Mireia que «la incertidumbre por ver qué pasará cada vez que te subes a un convoy extremeño nunca desaparece». Su hermano Alberto, de 25 años, ha sufrido situaciones que ejemplifican «la impotencia de vivir en una parte de la España olvidada». Es de los que puede contar que se ha quedado sin gasoil. «Ya sólo cojo el tren cuando visito otra ciudad por ocio. Si tengo una obligación y no puedo llegar tarde, no me la juego, y voy en autobús».

«Solo cojo el tren si voy sin prisa; si tengo que llegar a una hora, no me la juego»

A los retrasos ya está acostumbrada Ana Sánchez, de 21 años y natural de Malpartida de Plasencia. «En el tramo que hago hay vías de madera, pero no tengo más remedio por los horarios. Hay veces que parece que está parado. Si te pones a correr a su lado vas más rápido», comenta con ironía.

Dos Españas

Su cara cambia cuando recuerda otros incidentes más graves protagonizados por el tren extremeño. En julio de 2017, un incendio en los bajos de una locomotora a 30 kilómetros de Madrid hizo que los pasajeros estuvieran dos horas esperando bajo el sol. En mayo de 2018, un convoy descarriló a la altura de Medina de las Torres (Badajoz). Afortunadamente no hubo heridos. Un mes después otra máquina se incendió cerca de Torrijos (Toledo). Los 65 pasajeros fueron evacuados a pie, dos personas resultaron heridas y se pudo ver a muchos extremeños cargando sus maletas por mitad del campo. El pasado agosto los viajeros del tren de Mérida tuvieron que cubrir el trayecto hasta Cáceres en taxi debido a la falta de un trabajador que condujera la máquina. Sólo en el último verano se registraron 116 incidencias, según Milana Bonita, la plataforma ciudadana que nació para exigir un tren digno.

Durante estos días son muchos los viajeros que pasan por las estaciones extremeñas de Renfe. La mayoría lo hacen porque han celebrado la Navidad con sus familiares y regresan a sus hogares. También hay turistas que están de vacaciones. «Es la primera vez que venimos a esta parte de España. Cogemos el tren habitualmente y la experiencia en el resto del país es muy buena, pero nos sorprende la situación que se vive aquí».

Caso distinto es el de Rebeca Díaz, de 40 años, que vive junto a su marido y sus hijos en Navezuelas, un pequeño pueblo de Cáceres. Estas navidades querían que sus pequeños se montaran en una locomotora por primera vez y así lo hicieron. «Estuvimos de visita en Toledo y cogimos el tren en Torrijos. Llegamos a Cáceres, donde viven mis padres, con 51 minutos de retraso. Nos paramos tres veces en medio de la nada. Fue cuando empezamos a tener miedo. En el primer tramo ya nos estábamos arrepintiendo. Ya habíamos tenido suficiente aventura».

En su mismo vagón viajaban Raquel Alcón y las hermanas Claudia y Mar Martín. Con ellas, siete niños y un destino: Plasencia. Por delante, una hora y diez minutos con cuatro paradas. «Somos los valientes. Los que después de ver todo lo que sucede nos atrevemos a subir al tren de la vergüenza. Pero hay que darle una oportunidad», dicen. «Eso sí, hemos elegido un trayecto corto. Somos valientes, pero no inconscientes».

A 30 por hora

Para recorridos más largos hay quien opta por otros medios. Es el caso de Sara Borrella, una cacereña que vive en Barcelona y que desde que Air Nostrum empezó a volar de la capital condal a Badajoz ha dejado de desplazarse en tren. «Antes eran viajes interminables». Sara alude a las promesas hechas por los responsables de todos los signos políticos que han asegurado que el Tren de Alta Velocidad llegaría a la región en 2010, luego en 2013, en 2015, en 2020...

Actualmente las obras en el tramo extremeño no superan el 80% de la actividad. A eso se suma que sus 725 kilómetros de red ferroviaria no están electrificados y el 15% de sus traviesas son de madera. En algunos tramos el convoy no puede circular a más de 30 kilómetros por hora. Su velocidad media no sobrepasa los 100. El Talgo circula algo más rápido, pero aún así tarda casi seis horas de Badajoz a Madrid y tiene doce largas paradas.

El juego de palabras quizás está muy manido, pero lo de extrema y dura de esta región está escrito en sus caóticas vías.