El tomate frito no existe: esto es lo que se vende en realidad en los supermercados

El tomate frito no existe: esto es lo que se vende en realidad en los supermercados

Realmente no pasa por un proceso de fritura, sino de cocción

LA VERDAD

Se destapa la verdadera elaboración del imprescindible de los macarrones o del arroz a la cubana. Según El Español, el tomate frito no está frito. «El tomate se pela, trocea, etcétera, y se va cociendo poco a poco (a bastante menos temperatura que en la fritura) mientras se mezcla con el aceite en grandes depósitos», cuenta un tecnólogo de los alimentos, Mario Sánchez, para El Español.

El tomate frito casero se elabora con tomate, aceite de oliva virgen, cebolla y ajo. Pero el que está elaborado industrialmente contiene ingredientes como el «almidón modificado de maíz y azúcar«, según afirma para El Español Beatriz Robles, dietista-nutricionista y experta en seguridad alimentaria.

El almidón se emplea para «espesar y mejorar la textura y consistencia», el azúcar «aporta volumen y textura y se une al agua impidiendo que la utilicen los microorganismos y alargando la vida útil del producto», explica Robles. Algunas marcas también usan concentrado de tomate, «tomate triturado al que se le ha eliminado el agua y tiene un sabor y un color más intenso».

Más sobre el tomate

En cuanto al azúcar que contiene el tomate frito de los supermercados, el tecnólogo de los alimentos afirma que «la ley no obliga a etiquetar exactamente la cantidad de azúcar añadido, así que los gramos que vemos en la famosa tabla nutricional corresponden al conjunto de azúcares añadidos y azúcares naturalmente presentes, no siendo estos últimos un problema para la salud». No obstante, «si el azúcar ocupa las últimas posiciones, la cantidad será pequeña y no debería preocuparnos», asegura.

Ambos expertos consideran que la gran diferencia entre un tomate bueno y uno malo está en el aceite que se emplea en su elaboración. «El aceite virgen extra será siempre la mejor opción», según Mario Sánchez. Por otro lado, «debemos desconfiar» de nomenclaturas como 'casero', 'natural', 'suave', 'artesano', 'mediterráneo', 'sin conservantes' o 'sin colorantes'. A menudo no significan nada o no ofrecen garantías.

Ante todos estos datos, El Español afirma que los expertos recomiendan comprar un bote de tomate triturado natural y una botella de aceite de oliva virgen extra y cocinarlo en casa.