Mil ojos ven más

Socios de SEO/Birdlife hacen un seguimiento de aves migratorias en el Pirineo de Huesca. / SEO/Birdlife
Socios de SEO/Birdlife hacen un seguimiento de aves migratorias en el Pirineo de Huesca. / SEO/Birdlife

Miles de ciudadanos hacen ciencia 'amateur'.Anillar aves, 'cazar' mosquitos peligrosos, medir tormentas o vigilar el fondo marino son algunos de sus proyectos

INÉS GALLASTEGUI

Alejandra Artiles, una chica canaria de 16 años, descubrió el 6 de noviembre un nuevo asteroide desde el ordenador de su casa, guiada por su profesor y con un 'software' para analizar las imágenes de un telescopio norteamericano. En julio, el asturiano Jorge Álvarez fotografió con su móvil y envió al programa Mosquito Alert el primer ejemplar localizado en España de 'Aedes japonicus', transmisor de dengue y varias encefalitis. Hace un par de inviernos, ornitólogos aficionados alertaron de que las golondrinas ya no volvían a Cádiz en primavera, porque nunca se habían ido, posiblemente a causa del cambio climático. Son tres ejemplos de ciencia ciudadana -la participación del público en general en actividades de investigación científica-, un nombre nuevo para una práctica antigua: en 1781 el músico aficionado a la astronomía William Herschel descubrió el planeta Urano con un telescopio casero. En los ratos libres que le dejaba la fundación de Estados Unidos, Benjamin Franklin inventó el pararrayos y las lentes bifocales. Y Albert Einstein escribió su Teoría de la Relatividad cuando trabajaba como chupatintas en una oficina de patentes.

Durante la mayor parte de la historia, el corpus científico fue obra de 'amateurs' y caballeros adinerados que estudiaban la naturaleza o el cosmos por amor al arte. Hasta bien entrado el siglo XX, la investigación no se convirtió en un trabajo pagado por universidades y centros de investigación públicos o privados. «La ciencia ciudadana provee mecanismos para que toda persona interesada en la ciencia pueda aproximarse a ella de forma práctica. Y muchas veces el voluntario es un auténtico experto en su área», señala Francisco Sanz, director ejecutivo de la Fundación Ibercivis, la principal institución española de fomento de este tipo de investigación de masas.

Ornitólogos pioneros

La ciencia en red basa su éxito en el hecho de que mil ojos ven más que dos. Muchos individuos, con su pasión por descubrir, su dedicación altruista y sus conocimientos adquiridos de forma a menudo autodidacta, pueden aportar un gran valor a una investigación formal planteada por profesionales.

Los pioneros fueron los amantes de los pájaros. Siguiendo la tradición anglosajona -el programa de observación de aves migratorias de Estados Unidos se creó en 1883-, Francisco Bernis y José Antonio Valverde movilizaron en los años cincuenta a cientos de aficionados y estudiantes para documentar las concentraciones de aves acuáticas en la Península y su trabajo puso las bases para la protección de Doñana, el Delta del Ebro y la Albufera de Valencia. Con la creación de la Sociedad Española de Ornitología (SEO) en 1954, el reclutamiento de voluntarios y la recolección de datos se institucionalizó. Hoy, 3.700 personas participan en los doce programas activos de SEO/Birdlife y registran sus observaciones a través de aplicaciones para ordenador y móvil: desde los más sencillos, en los que el usuario anota los pájaros que ve en sus desplazamientos cotidianos, hasta las concentraciones masivas para anillar aves migratorias y estudiar sus recorridos.

Los científicos fueron caballeros o aficionados hasta el siglo XX

«No hace falta formación científica, pero sí saber distinguir, por ejemplo, una golondrina de un vencejo -explica el biólogo Juan Carlos del Moral, coordinador de Ciencia Ciudadana de SEO/Birdlife-. Los voluntarios son gente que quiere contribuir a la conservación de la naturaleza y dona su tiempo y, a menudo, su dinero, ya que se paga sus desplazamientos». Los datos que recogen, recuerda, son recopilados por los profesionales de la ONG y se utilizan para realizar trabajos científicos o adoptar medidas de gestión medioambiental.

Cultura científica

Lo más en divulgación
«La ciencia ciudadana es una forma muy potente de divulgación científica, porque para participar primero hay que entender lo que se va a hacer. Es una forma de involucrar a la gente en los problemas que le rodean y en la búsqueda de soluciones», explica César López, responsable de Cultura Científica en la Fecyt.
50.000
aficionados participan en los 200 proyectos registrados en el observatorio de la Fundación Ibercivis desde 2011. La cifra total es difícil de determinar porque hay personas que hacen investigación comunitaria fuera de las instituciones, en proyectos sin registro de participación o de forma anónima.
Revisión por expertos
La ciencia colaborativa tiene sus límites. Los voluntarios deben ser entrenados y sus contribuciones, revisadas y validadas por especialistas. Las herramientas e instrumentación de las que disponen pueden limitar el alcance de sus aportaciones.
El valor del voluntariado
En 2015, un estudio sobre el valor económico de 388 proyectos de biodiversidad realizados en Estados Unidos concluyó que el trabajo no pagado de entre 1,3 y 2,2 millones de participantes suponía, al menos, 667 millones de dólares.
Preparando el Plan Nacional
El ministro de Ciencia, Innovación y Universidades, Pedro Duque, anunció en su primera comparecencia en el Congreso de los Diputados su intención de impulsar la ciencia ciudadana en España. Ayer se reunieron en Barcelona, en el marco de la Bienal Ciudad y Ciencia, expertos y responsables de proyectos, convocados por la Fecyt e Ibercivis. Sus conclusiones serán enviadas al Ministerio para sentar las bases del Plan Nacional de Ciencia Ciudadana, que facilitará el acceso del público a proyectos de investigación en función de sus intereses y capacidades.

Internet ha supuesto una revolución para este fenómeno. Los aficionados no solo ponen sus ojos y sus manos al servicio de un objetivo; también sus 'smartphones', ordenadores, prismáticos, telescopios o estaciones meteorológicas, formando una red tecnológica y humana que multiplica la capacidad de los equipos 'oficiales' para recopilar información. Y no solo hacen trabajo de campo: aportan perspectivas nuevas al conocimiento, diseñan investigaciones y detectan problemas en su entorno sobre los que ningún grupo formal había puesto el foco.

Como en el resto de Europa, la investigación se democratiza en España. El Observatorio de la Ciencia Ciudadana, creado por Ibercivis con financiación de la Fundación Española de Ciencia y Tecnología (Fecyt), ha registrado desde 2007 más de 200 proyectos en los que han participado unas 50.000 personas.

Lobos, edificios y satélites

La variedad es enorme. Existen proyectos para inventariar edificios vacíos y sin uso, contar las manchas del Sol, alertar de conductas potencialmente suicidas en las redes sociales, censar lobos ibéricos, informar de los efectos de terremotos, observar la presencia de asteroides cercanos a la Tierra, avisar de la existencia de plagas o incendios en los bosques, lanzar al cielo instrumentos de medición caseros del tamaño de una lata de refresco (CanSats) y hasta registrar malos olores en cualquier lugar del mundo.

Algunos de esos proyectos persiguen fines muy cercanos a los problemas diarios de la gente. Investigadores del Instituto de Biocomputación y Física de Sistemas Complejos de la Universidad de Zaragoza han desarrollado GripeNet, una herramienta para monitorizar la incidencia de la epidemia en España a través de la colaboración desinteresada y anónima de voluntarios vía internet. Mil usuarios registrados en todo el país -al igual que 25.000 de otros siete estados europeos a través de Influenza.net- reportan semanalmente durante el invierno la presencia de síntomas gripales. «Si no tienes gripe, tardas dos segundos en responder al cuestionario online; si la tienes, dos minutos», explica Yamir Moreno, director del programa. A cambio, reciben información actualizada sobre la epidemia.

Voluntarios participan en un Bioblitz (búsqueda intensiva de especies) en un riachuelo.
Voluntarios participan en un Bioblitz (búsqueda intensiva de especies) en un riachuelo. / R.C.

¿Qué aportan los datos recopilados al programa centinela del sistema sanitario? «Más del 40% de los encuestados no van al médico y, por tanto, no están contabilizados», resalta Moreno. Más allá de conocer los mecanismos de propagación de la gripe, los investigadores quieren infectar a los ciudadanos con un nuevo 'virus': el gusanillo de la ciencia.

Diverfarming - Mejora agrícola Agricultores experimentan la mezcla de cultivos

Diverfarming es un ejemplo de proyecto de ciencia ciudadana de ámbito internacional y objetivos muy pegados a la tierra: 25 grupos de investigación y productores de ocho países trabajan codo con codo para analizar los beneficios de la diversificación agrícola. Disponen de cinco años y 10,5 millones de euros de ayuda de la Unión Europea, preocupada porque su política de ayudas al sector primario en las últimas décadas ha favorecido de forma alarmante el monocultivo, que aumenta el empleo de plaguicidas y fertilizantes, empobrece el suelo y reduce la biodiversidad. «Queremos averiguar cuáles son las barreras para la diversificación sin reducir los beneficios económicos para los agricultores y mejorando la sostenibilidad de los cultivos», explica Raúl Zornoza, director del proyecto en España y profesor de la Universidad Politécnica de Cartagena.

Plantas aromáticas en un huerto de almendros.
Plantas aromáticas en un huerto de almendros. / Diverfarming

En los cultivos anuales, diversificación significa bien hacer rotaciones cada doce meses o por estaciones, bien plantar en el mismo terreno dos especies diferentes, por ejemplo, combinando los cereales o los hortícolas con leguminosas –judías, habas o guisantes–, que fijan el nitrógeno, abono para el suelo, y atraen microorganismos que compiten con las plagas.

Respecto a los cultivos leñosos –olivos y frutales–, la diversificación se puede realizar plantando entre árboles en las calles hierbas aromáticas como lavanda y azafrán, cuyas raíces previenen la erosión del suelo, atraen insectos que favorecen la polinización y se alimentan de microorganismos patógenos, además de aportar un beneficio económico.

En el proyecto participan doce propietarios de grandes fincas agrícolas europeos, incluidos cuatro españoles, que producen olivos en Jaén, cítricos y almendros en Murcia, hortofrutícolas en Cartagena y cereales en Aragón y practican tanto el monocultivo como el policultivo para poder comparar resultados. Los productores de su entorno están empezando a interesarse por el experimento y cada vez son más los que solicitan el asesoramiento de los expertos para aplicar las técnicas de diversificación a sus explotaciones. El investigador confía en que, en los próximos tres años de desarrollo del proyecto, más agricultores se metan a científicos.

Mosquito Alert - Salud Pública Una app para 'cazar' transmisores de infecciones

Estos cazadores no llevan chaleco ni escopeta: su arma es un móvil y su munición, la aplicación Mosquito Alert, un proyecto cooperativo de lucha contra la expansión del mosquito tigre y el de la fiebre amarilla, dos especies invasoras que pueden transmitir enfermedades como el zika, el dengue y la chikungunya. Desde 2013, más de 45.000 personas se han descargado la 'app' y hay mas de mil activos de media diaria. Sus fotos de estos insectos junto a la posición GPSy otros datos sobre la presa son recolectados por expertos de varios centros de investigación públicos coordinados por el CREAFde Barcelona. Hay trucos para capturar a estos dípteros sin espachurrarlos –por ejemplo, congelarlos– para hacer un buen 'retrato' que los entomólogos puedan validar: el 42% aciertan y los mejores obtienen puntos. El mosquito tigre tiene rayas blancas en las patas, franjas finas en el abdomen y una línea clara en la cabeza y el tórax, por lo que es fácilmente identificable, explica Frederic Bartumeus, director del proyecto.

El segundo objetivo es fotografiar sus lugares de cría –imbornales, alcantarillas, fuentes o cualquier recipiente con agua estancada–, ya que los investigadores colaboran con los servicios urbanos encargados de eliminar larvas. «El mosquito tigre no se puede erradicar, pero sí controlar», subraya el experto en Ecología Teórica y Computacional, quien destaca que todos estos datos alimentan varios trabajos científicos. Una de sus conclusiones es que estos insectos realizan largos viajes en coches y camiones. Así se explica que, tras entrar a España desde Francia en 2004 y extenderse por la costa mediterránea, hayan sido detectados en territorios no contiguos, como el País Vasco, Aragón y Madrid. Usuarios de la 'app' localizaron los primeros 'Aedes albopictus' en varios de esos puntos.

Un colaborador utiliza la app de Mosquito Alert.
Un colaborador utiliza la app de Mosquito Alert. / R.C.

El pasado otoño se detectaron los primeros casos de contagio autóctono de dengue en España, lo que indica que ya hay mosquitos tigre que, tras picar a viajeros infectados procedentes de zonas donde la enfermedad es endémica, transmiten el virus. El mosquito de la fiebre amarilla, 'Aedes aegypti', se considera erradicado. Pero hay que mantenerse alerta.

MiniMet - Meteorología escolar Los niños 'tocan' la ciencia con sus propias estaciones

La meteorología es una de esas disciplinas que enganchan. Acamet reúne desde 2010 a medio centenar de 'cazatormentas' que mantienen 38 estaciones de medición de calidad homologada repartidas en puntos estratégicos por sus temperaturas extremas y la ausencia de observatorios 'oficiales'. «Nuestros datos son abiertos y algunos investigadores de las universidades de Málaga y Granada se han interesado por ellos para estudiar el cambio climático», explica el ingeniero José Luis López Medina, que gestiona la web Cazatormentas.

Más ambicioso es el propósito de Fernando Asanza, un analista de sistemas con 38 años de trabajo en la Agencia Española de Meteorología (Aemet) que aspira a montar la primera red de estaciones construidas y gestionadas por escolares. MiniMet está aún en fase de diseño del prototipo, pero Asanza ya tiene contactos con redes similares en Europa y aficionados, facultades y administraciones educativas en España. Y, por supuesto, con Aemet, que dispone de 840 estaciones profesionales pero a la que una «malla densa» de garitas de medición complementarias por todo el país le serviría para multiplicar sus datos básicos y afinar sus predicciones.

Fernando Asanza y su hijo construyen una estación meteorológica.
Fernando Asanza y su hijo construyen una estación meteorológica. / R.C.

Asanza, que comenzó el proyecto hace unos años con su hijo adolescente y ya ha comenzado a divulgarlo en la Semana de la Ciencia y en varios congresos europeos, está convencido de que construir una pequeña estación casera tiene un valor educativo incalculable: «Para los escolares, poder montar por sí mismos los sensores de temperatura, humedad, presión, dirección y velocidad del viento y ver cómo funcionan, trastear con el ordenador, hace que la ciencia les resulte atractiva. No tienen que creérsela: la están viendo», subraya.

Es una enseñanza verdaderamente transversal, con muchas asignaturas en una: bricolaje para construir la garita, introducción a los miniPCs y tarjetas de desarrollo, sensores y comunicaciones, programación, instalación y puesta en marcha, lectura y análisis de los datos observados, y transmisión y recuperación de datos. Sin olvidar el amor y el respeto por el medio ambiente. Montar una miniestación cuesta 600 euros, pero no tiene precio.

Observadores del Mar - Observación Buceadores con los ojos bien abiertos

Informar del estado de los corales y las praderas marinas, alertar de la presencia de medusas, detectar peces y algas invasores y fotografiar caballitos de mar son algunos de los objetivos de Observadores del Mar, una plataforma web coordinada por científicos del Instituto de Ciencias del Mar del CSICen Barcelona que cuenta con más de 2.100 usuarios registrados y suma más de 10.000 observaciones.

«Hay observadores de diferentes perfiles: gente que hace snorkel, que pasea por la playa, apneístas, pescadores... –explica María Vicioso, investigadora del ICM–. Pero es cierto que, para detectar muchos de los fenómenos que afectan a especies difíciles de ver en superficie, hace falta saber bucear».

Lo que sí tienen todos en común es «un vínculo con el mar y un compromiso para conocerlo y protegerlo mejor». Aunque los datos de los observadores son una importante contribución a investigaciones en curso, para los impulsores del proyecto es aún más valiosa la labor de concienciación de la ciencia comunitaria, porque implicarse directamente con el entorno marino tiene el poder de un millón de conferencias o documentales. «Es clave para sensibilizar sobre los cambios que están ocurriendo y ayuda a proponer mejores medidas de gestión y protección del medio marino».

Un buzo observa una gorgonia blanca, un coral mediterráneo.
Un buzo observa una gorgonia blanca, un coral mediterráneo. / ICM

Uno de los mayores logros de la red fue la alerta sobre la mortandad masiva de nacras –un molusco gigante emblemático del Mediterráneo– a finales de 2016. Las informaciones de los voluntarios impulsaron a los técnicos a iniciar una investigación sobre las causas del fenómeno que ha acabado con el 90% de la población de 'Pinna nobilis' en aguas de Baleares y el sureste de la Península: la población de este bivalvo –que es similar a un mejillón pero mide hasta un metro de largo y vive 20 años– ya era vulnerable debido a la pesca, la contaminación y la desaparición de las praderas de posidonia cuando fue atacado por un parásito hasta entonces desconocido.

Aunque la mayoría de los observadores envían información e imágenes del Mediterráneo occidental, en el proyecto están implicados investigadores de ocho países. Hace dos años se creó la Red de Observatorios Centinela, en la que colaboran centros de buceo, asociaciones y aulas del mar que se comprometen a hacer un seguimiento de su área de la costa.

 

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