Llega la época de la procesionaria: peligrosa para los niños y mortal para los perros

Llega la época de la procesionaria: peligrosa para los niños y mortal para los perros

Los expertos recomiendan evitar el contacto con esta oruga a toda costa y, en caso de producirse, actuar lo antes posible para salvar la vida al animal afectado

LV / AGENCIAS

El invierno cálido que estamos teniendo en España ha adelantado la presencia de la oruga procesionaria, que prolifera estos días en campos y parques suponiendo un grave peligro para los niños y los animales de compañía, especialmente los perros. Durante el otoño, la procesionaria vive en las copas de los árboles, pero tras cuando suben las temperaturas -como es el caso de este invierno atípico- estas orugas tienden a bajar hacia el suelo para enterrarse bajo tierra durante la primavera, siendo habitual ver las habituales hileras pasando de un lugar a otro en fila india.

Cabe señalar que el contacto con la procesionaria es altamente peligroso para los niños, pudiendo provocar casos de dermatitis, rinitis e incluso asfixia por el veneno que transmiten estas orugas.

La inhalación de los finos pelos de la oruga, donde oculta su veneno, puede producir desde urticarias hasta reacciones alérgicas, especialmente en los niños ya que según la directora general de la Asociación Nacional de Empresas de Control de Plagas (Anecpla), Milagros Fernández, «ellos son los más vulnerables».

La oruga suele presentarse siempre en forma de procesión (ligadas unas a otras) y ubicarse cerca de los pinos donde instalan los «bolsones» en los que se desarrolla la larva y son precisamente esas procesiones lo que «resulta muy llamativo para los pequeños, que tienden a tocarlas para entender lo que son».

En cuanto a los bolsones, Fernández precisa que «son también muy visibles» por su color blanco y porque pueden alcanzar dimensiones de alrededor de 20 centímetros.

Un nido de procesionaria.
Un nido de procesionaria. / LV

Mortal para los perros

Los problemas de la procesionaria no se limitan a la urticaria en las personas pues, según ha añadido el veterinario Jose Luis Blázquez, perros y gatos son especialmente vulnerables: «a veces se las comen y se tragan todo el tóxico que contiene el insecto, con lo que llegan a sufrir una necrosis en la garganta y en la lengua».

Blázquez, que trabaja en el hospital veterinario Openvet, ha lamentado que «en muchos casos los animales pueden fallecer por el contacto con estas orugas», por lo que hay que «intentar darse cuenta a tiempo» para evitar el roce de las mascotas con estos insectos.

Si los pelillos de las orugas entran en contacto con las mucosas o con los ojos de los animales, los síntomas suelen ser picores, urticarias y sensación de quemazón y si la tocan «suelen comenzar a babear y a rascarse la zona de la boca».

Además, «en algunas ocasiones la piel se daña y produce ampollas». Ante este riesgo, el principal consejo es acudir cuanto antes a la clínica veterinaria y, si no es posible, «lavar la zona con agua para diluir el tóxico».

Un problema cada vez mayor

Según estas fuentes, el avance de la oruga procesionaria en los últimos 40 años se ha visto favorecido gracias al calentamiento global, ya que se trata de un insecto que huye de los niveles elevados de humedad. De hecho, las larvas aparecen durante el primer cuatrimestre del año, entre enero y abril, a medida que las temperaturas medias empiezan a subir tras el invierno.

Predominan «después del invierno, justo cuando empiezan a subir las temperaturas, aunque siempre depende de la zona de España» ya que en comunidades autónomas como Andalucía suelen aparecer en enero mientras que en el caso de Madrid las primeras se han presentado a finales de febrero.

Cómo evitar la procesionaria

Los árboles que albergan las larvas de oruga procesionaria también suelen resultar dañados por su presencia ya que «durante esta fase el insecto necesita alimentarse de las acículas de los pinos para crecer».

Las larvas, precisa el Magrama, «no llegan a matar el árbol, pero las defoliaciones que producen pueden ser a veces muy aparentes».

Entre las armas para acabar con la procesionaria figura su eliminación a través de medios físicos o químicos del bolsón o bien su perforación directa ya que, al someterse a una climatología adversa, las larvas mueren.

También se utilizan las trampas de feromonas para el monitoreo y control de las poblaciones de estas orugas.