Acción Solidaria - Obra Social 'la Caixa'

Siete meses a cambio de una vida

Paqui Oñate (d) conversa con Eladia en las instalaciones de Proyecto Hombre, donde se realiza la segunda fase del programa. / v. Vicéns / AGM
Paqui Oñate (d) conversa con Eladia en las instalaciones de Proyecto Hombre, donde se realiza la segunda fase del programa. / v. Vicéns / AGM

Una de las mujeres que participa en el programa de Proyecto Hombre cuenta cómo ha logrado reinsertarse en la sociedad

Marta Semitiel
MARTA SEMITIEL

Quién no daría siete meses de su presente a cambio de una vida entera. Parece una propuesta alocada, pero no lo es si cada día y cada momento están guiados por una adicción al alcohol, a las drogas, a lo que sea. «Lo que yo tenía no era vida ni era nada, me abandoné por completo, podía pasar quince días sin ducharme, lo único que me preocupaba era tener alcohol escondido en casa. Yo era una marioneta en manos de mi adicción», cuenta Eladia, una de las participantes del programa de Proyecto Hombre en la Región, que prefiere no reflejar su nombre real en este reportaje. «En esa situación estuve unos cuatro años. A mí me dabas 10 euros y yo era la persona más feliz del mundo, pero al día siguiente me sentía como una mierda. Llevaba mucho tiempo dándome cuenta de que aquello no era vida, pero llegó un momento en el que estuve a punto de perder mi casa y podría haber perdido la custodia de mis hijos... Mi familia me había dado la espalda por completo y, cuando me vi así, llamé a Proyecto Hombre». Fue entonces, en abril de 2017, cuando ingresó en las casas de acogida de la ONG. Allí comenzaba la verdadera lucha de Eladia contra su adicción: «Una primera fase en la que el objetivo es que corten con el consumo mediante una terapia conductual, establecer muchas normas y límites, hábitos, horarios, responsabilidades. En esa etapa lo que pretendemos es motivar a las personas para que se enfrenten a su adicción y se les dan pautas para que no vuelvan a caer», explica Paqui Oñate, la psicóloga de Proyecto Hombre que ha acompañado a Eladia durante todo el proceso. «Lo que más me costaba era levantarme cada día y asimilar que me había dejado a mis hijos fuera, no saber cómo estaban... Sin embargo, saber que necesitaban a su madre bien era lo que más fuerza me daba para seguir allí», se sincera.

Tras unas diez semanas en esa vivienda de acogida, la segunda fase del programa llevó a Eladia a convivir de lunes a viernes en las instalaciones de Proyecto Hombre con los demás participantes. «Aquí ya se hace un trabajo más profundo a nivel terapéutico con ellos, que a muchos les resulta duro, porque se les hace reconocer partes de sí mismos que no son agradables y se les ayuda a que vean qué ha pasado en sus vidas para que ellos acabasen desarrollando una adicción, porque el verdadero problema no son las drogas, es algo que hay detrás».

Tras siete meses fuera de su casa, Eladia se enfrentó a la tercera fase: la reinserción sociolaboral, una etapa dura «porque, por un lado, a ellos les cuesta desenvolverse en una sociedad en la que el alcohol está tan normalizado; y, por otro, también les resulta muy difícil encontrar su sitio, encontrar un trabajo, darle sentido a su vida sin la adicción», apunta la psicóloga, quien reconoce que los prejuicios sociales sobre las adicciones y las personas que las sufren son el principal enemigo del trabajo que realiza la ONG. Algo de lo que sabe mucho Eladia, «una mujer con adicción de hombre... Está muy mal visto que una mujer sea alcohólica. Te dicen de todo... Pero bueno, a mí ya me da igual lo que digan, gracias a Proyecto Hombre siento que me queda toda la vida por delante, siento que ahora soy yo la dueña de lo que me pase». Tras haber encontrado un trabajo en el Ayuntamiento de Villena, su próxima meta «es volver a mi casa con mis hijos y volver a retomar mi trabajo como peluquera, que me encantaba». De momento, Eladia sigue yendo una vez por semana a las terapias de grupo de Proyecto Hombre. «Pasado un tiempo, solo vienen una vez cada quince días durante cuatro meses, hasta que se les da el alta terapéutica y solo tienen que venir a revisiones».

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