Una cena de cinco estrellas

Estrella Carrillo, junto al equipo de cocineros y voluntarios, en el restaurante Santa Ana. / Nacho García / AGM
Estrella Carrillo, junto al equipo de cocineros y voluntarios, en el restaurante Santa Ana. / Nacho García / AGM

La III Mesa de la Felicidad reúne a más de 17 chefs para celebrar la Navidad junto a 360 personas sin recursos

Marta Semitiel
MARTA SEMITIEL

Las oportunidades son, para las personas sin recursos y sin hogar, como una lotería. Conseguirlas depende de quién se cruce en sus caminos. Y algunos tienen la suerte de toparse con la chef Estrella Carrillo, que lidera el restaurante Santa Ana junto a sus hermanos, Juan Antonio y Ana. «Llevamos doce años tratando con personas en riesgo de exclusión y gran parte de mi plantilla ha salido de las asociaciones que trabajan con ellos. Darles una segunda oportunidad para nosotros es muy satisfactorio. Aquí nos movemos por el corazón, nos fijamos mucho en las personas, más que en los currículos».

El espíritu solidario de estos tres hermanos les hizo idear La Mesa de la Felicidad, una iniciativa que celebran en fechas navideñas desde hace tres años y en la que reúnen a un montón de chefs de la Región para diseñar, de forma totalmente gratuita, una velada de ensueño para personas sin hogar. «Muchos de ellos nunca han venido a un banquete de este nivel ni probablemente tengan la posibilidad de vivir algo parecido, porque lo hacemos como si organizásemos una boda más. Por eso para ellos es tan especial. Cuando llegan aquí y ven todo tan decorado, tan bonito, se emocionan mucho. Estaban todos súper agradecidos y nosotros muy satisfechos de verlos así».

Los comensales que acudieron al restaurante Santa Ana el pasado jueves eran usuarios de Cruz Roja, La Huertecica y Jesús Abandonado, las tres asociaciones a quienes van destinadas las donaciones particulares que el evento ha podido recaudar. «La mayoría de ellos eran españoles y más del 80% nuestros vecinos, gente de aquí de Murcia que, después de cenar, muchos se iban a un albergue o a la calle a dormir», cuenta Estrella, que quiere mandar un mensaje a toda la sociedad: «Esta es nuestra realidad, las personas sin recursos no son refugiados ni extranjeros como muchos piensan, no. Podríamos ser cualquiera de nosotros. Por eso no podemos deshumanizarnos y mirar hacia otro lado».

El dinero recaudado por los organizadores se destinará a Cruz Roja, La Huertecica y Jesús Abandonado

El evento reunió a quince de los mejores cocineros murcianos y a dos alicantinos, todos convocados por Estrella y sus hermanos, y todos colaboraron de forma altruista con sus manos y sus materias primas. Pero la celebración de esta cena navideña no habría sido posible sin los 130 voluntarios que prepararon la cena junto a ellos y que hicieron el servicio a las mesas. «Son gente que nos llama para participar de forma altruista, amigos, hijos, proveedores que se quieren quedar... Y este año, además, también han venido desde la escuela de hostelería de El Palmar. Y doy gracias porque, sin ellos, sería imposible. Están para lo que hace falta. Se ponen sin tapujos en el fregador, en las mesas, con los niños... Fue un lujo contar con ellos».

La mesa infantil

En total, unas 360 personas en riesgo de exclusión se sentaron alrededor de La Mesa de la Felicidad. De ellas, casi un centenar eran niños, quienes disfrutaron en su propio salón de una cena infantil que contó con monitores, cuentacuentos, karaoke y más de 100 kilos de golosinas como postre. «Además, al final de la cena, apareció Papá Noel y les dio a cada uno dos o tres regalos, completamente nuevos a estrenar. Y claro, los niños flipaban», cuenta Estrella con ilusión.

Papá Noel acudió a la velada con cientos de regalos para los comensales más pequeños Estrella Carrillo: «Estas personas son nuestros vecinos. No podemos mirar hacia otro lado»

Los mayores tampoco se fueron del evento sin su regalo, «una cesta llena de productos de higiene, turrones, chocolate y dulces de Navidad, que son las cosas más caras y que ellos no se pueden permitir. Todo donado de forma altruista por pequeños comercios y por el Ayuntamiento de Murcia». Al día siguiente, en el Santa Ana había mucho por limpiar, pero perduraba la felicidad.