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El Comité Científico del Mar Menor, en los huesos

El profesor de la UMU Miguel Ángel Esteve también abandona, «decepcionado y muy preocupado», el órgano consultivo creado por el Gobierno regional

Miguel Ángel Esteve (2i) charla con Paqui Giménez Casalduero, que también ha abandonado el Comité Científico, en una reunión reciente de este órgano consultivo./NACHO GARCÍA / AGM
Miguel Ángel Esteve (2i) charla con Paqui Giménez Casalduero, que también ha abandonado el Comité Científico, en una reunión reciente de este órgano consultivo. / NACHO GARCÍA / AGM
Miguel Ángel Ruiz
MIGUEL ÁNGEL RUIZ

Lo relevante no es que el profesor de la UMU Miguel Ángel Esteve haya abandonado el Comité Científico del Mar Menor: ya avancé hace tres semanas que su salida era inminente, cuando publiqué la dimisión de las tres primeras investigadoras que han decidido dar un portazo, Rosa Gómez Cerezo (Universidad de Murcia), Paqui Giménez Casalduero (Universidad de Alicante) y Julia Martínez (Fundación Nueva Cultura del Agua). Lo relevante, rebobino, es cómo lo ha hecho: con un artículo en el que critica con argumentos científicos (y con gran lucidez, opino) la deriva de este órgano consultivo creado por el Gobierno regional. Cuando me adelantó sus intenciones, yo mismo le animé a explicar sus motivos en un texto para el periódico, que se publicó ayer en la edición impresa. Aquí lo tenéis.

Un Mar Menor deconstruido

Por Miguel Angel Esteve Selma. Profesor de Ecología de la Universidad de Murcia

Son varias las lecturas que derivan de la crisis del Mar Menor y que parecen pasar inadvertidas para los poderes públicos y la sociedad murciana. Apunto aquí algunas de ellas.

1. La sostenibilidad del desarrollo no solo son palabras, degradar el Mar Menor ha sido muy mal negocio. Cualquier actividad económica, para resultar realmente duradera y rentable socialmente, tiene que respetar activamente el medio ambiente, pues ese medio ambiente ejerce una función económica oculta casi siempre muy relevante. Lo contrario es pan para hoy y hambre para mañana, para muchas mañanas. La grave crisis que sufre el Mar Menor es fruto de un incumplimiento deliberado del artículo 45 de la constitución española, base del derecho ambiental español. Todo ha derivado de una ambición desarrollista sin límites en el sector agrario (y antes en el urbano-portuario) y de una clase política insensible a la ecología, militante en su prepotencia antiambiental. No se puede alegar ni desconocimiento científico ni ausencia de un marco normativo suficiente. Recuperar el Mar Menor va a ser muchísimo más caro, complejo, con más incertidumbre y precisará mucho más tiempo que si hubiéramos intervenido de forma temprana, como recomendamos en su momento. De todo esto se desprende una lección fundamental: proteger nuestro capital natural, nuestros espacios naturales, es propio de sociedades inteligentes. Desprotegerlo puede dar réditos a corto pero es suicida a medio y largo plazo.

2. El diagnóstico de la crisis ambiental no se construye favoreciendo los intereses de los causantes del problema. Científicamente, las causas últimas de la crisis eutrófica del Mar Menor están bastante claras y se recogen en el informe oficial del Comité Científico de febrero de 2017. Es un caso de libro, típico de cuencas costeras con gran actividad agraria intensiva. Pero vivimos en un mundo de trileros. El relato científico debe ser deconstruido. Se quiere hacer jugar como principales protagonistas al cambio climático, las conexiones con el mediterráneo, o la descarga directa de los acuíferos en la laguna, cualquier elemento que desenfoque la causa principal. Analicemos el tema de las aguas subterráneas. En ciencias, el principio de parsimonia (o navaja de Ockham) es básico. Si en 2017 hemos intervenido dos terceras partes de los vertidos y flujos superficiales de nutrientes y, por el contrario, no lo hemos hecho en los subterráneos, y dichos nutrientes se han visto reducidos drásticamente en el cuerpo de agua, con independencia de los procedentes de la propia digestión post-crisis de la materia orgánica lagunar, hemos de considerar que los nutrientes que entran en las descargas superficiales son de mucho mayor cuantía que los que entran por vía subterránea directa. No obstante, quieren que confundamos agua y nutrientes, y convertir el problema del Mar Menor no en un exceso de nutrientes agrarios sino en un exceso de aguas subterráneas, por lo que explotar más intensivamente dichas aguas (lo que interesa al sector agrario) se convertiría aparentemente en la solución. He de recordar que las aguas subterráneas que se descargan en los humedales, debido a la existencia de materia orgánica, comunidades microbianas y condiciones anóxicas, se desnitrifican casi completamente. Esto ocurre en todos los humedales periféricos del Mar Menor y posiblemente también ocurra en la propia laguna como sugieren varias evidencias, aunque hay que seguir investigando.

3. La ciencia sí, pero no solo cuando conviene a la clase política. Los poderes públicos murcianos son especialistas en desgastar prematuramente cualquier buena idea, y así ha ocurrido con el Comité de Asesoramiento Científico del Mar Menor. Un funcionamiento general errático, distante de las normas mínimas de calidad de cualquier comité científico europeo. Iniciativas importantes adoptadas sin haberlas presentado en el comité (decreto de medidas urgentes), otras decididas y transmitidas a la opinión pública previamente a la terminación de los debates (intervención en las golas), algunas adoptadas en contra de los principales especialistas en el tema (la araña finlandesa) y obsesión por parámetros ambientales de interés limitado (turbidez) al tiempo que se desatienden componentes profundamente alterados (praderas de fanerógamas y macrófitos) o de los cuales desconocemos cuantitativamente su grado de afección (comunidad de filtradores). Una parte importante de los científicos del comité estamos hastiados. Algunos compañeros ya han dimitido y yo aprovecho estas líneas para renunciar públicamente y, créanme, todos nosotros lo hemos intentado. Me marcho decepcionado y muy preocupado.

4. Por último, el deterioro del Mar Menor es fruto de un control ambiental muy insuficiente del conjunto de la actividad económica. Y en esta lógica, ¿qué concluye nuestro gobierno?: Que hay que debilitar aún más dichas políticas ambientales. Efectivamente, dilapidemos a nuestros técnicos, reduzcamos la legislación en protección del medio ambiente y sometamos a nuestra función pública ambiental a una miniaturización temeraria con la migración permanente de sus competencias y la creación de la Agencia Regional para el Cambio Climático y el Medio Ambiente, inspirada directamente por los poderes empresariales. No aprendemos ni con deseconomías de base ambiental tan graves como la que está ocurriendo en el Mar Menor. Avancemos alegremente hacia la nada ambiental e incrementemos nuestra colección de desastres ecológicos y socioeconómicos.

Y hasta aquí el artículo de Miguel Ángel Esteve. ¿Algún comentario?

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