Mapas sin mundo (06/01/2019)

PEDRO ALBERTO CRUZ

Están las personas a las que quieres y están las personas a las que te das cuenta que querías. En este segundo caso, la toma de conciencia se suele producir cuando desaparecen. Y, entiéndase, aunque la única referencia que tienes para verificar que 'las querías' es el sorprendente e inesperado hueco que dejan, el ser consciente de ello 'a posteriori', una vez que no están, no implica un descuido, una desatención mientras vivían. Son personas que conoces pero con las que no tratas, personas que están 'ahí', en algún lugar invisible para ti diariamente. ¿Por qué dejan un vacío tan grande tras su desaparición cuando en vida -al menos conscientemente- no lo llenaban? Es ahí el misterio. Nunca he calificado mis sentimientos con base a criterios cuantitativos. Puedo tratar con personas a diario que no significan nada, y otras, con las que he coincidido unas pocas veces, haber establecido puentes emocionales importantes. Por lo usual, las personas a las que 'te das cuenta que querías' se las quiere discretamente, como una necesidad secreta e inconsciente, sin razones algunas. Y la inconsciencia deja de serlo cuando mueren y el boquete que dejan revienta tu unidad de pensamiento. Lo que la primera fila de tus sentimientos esconde resulta algo incomprensible e inesperado para cada uno de nosotros. Tras este frontispicio innegociable de prioridades, las jerarquías se invierten y resultan caprichosas. Los sentimientos se miden con parámetros flexibles, blandos, incontrolables.

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¿Qué es más difícil: que Joseph Beuys le explique arte a una liebre muerta o que Vox comprenda las políticas de género?

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Bolsonaro toma posesión como presidente de Brasil y, los mismos que aquí se muestran tibios o atraídos por la extrema derecha, destapan el tarro de sus odios contra aquél, calificándolo como una síntesis de las siete plagas bíblicas. El verdadero blanqueamiento del fascismo lo proporciona la distancia. A miles de kilómetros, todo el mundo se vuelve moderado y defensor de los derechos sociales. Los homófobos, machistas y supremacistas son sorprendentemente contemplados como lo otro abyecto e inconcebible.

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Yo derramo 'lágrimas estructurales'. Siempre están ahí, sin motivo específico o excepcional. Se llora por el simple hecho de estar vivo. Algo tan precario y absoluto al mismo tiempo solo puede romper los ojos a poco que se reflexione sobre ello.

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Hay veces en las que leer solo ofrece más información a quienes quieren defender sus gilipolleces. Es lo que vulgarmente se llama 'tontos con argumentos'.

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Temo los cambios de año. Parece como si todo se reajustara, mínima e inadvertidamente. Y no son pocas las cosas que, al volver a su sitio y formas iniciales, sufren algún cambio y ya no vuelven a ser las mismas. Los reajustes siempre traen desajustes.

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«Vuestro fin del mundo es mucho mejor que mi 'durante' el mundo». (Homer Simpson)

 

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