https://static.laverdad.es/www/menu/img/lospiesenlatierra-desktop.jpg

69 huevos

El anidamiento de una tortuga boba en Calblanque aporta un enorme valor añadido al parque regional, siempre acechado por proyectos empresariales que ponen en peligro sus recursos naturales

Uno de los 69 huevos puestos por una tortuga boba en Calblanque, durante su extracción del nido./J. M. RODRÍGUEZ
Uno de los 69 huevos puestos por una tortuga boba en Calblanque, durante su extracción del nido. / J. M. RODRÍGUEZ
Miguel Ángel Ruiz
MIGUEL ÁNGEL RUIZ

No sabría decir qué es más relevante: si la aparición de un lince por las montañas del Noroeste o el Altiplano (ya se dejó ver uno por la Sierra de Salinas en marzo pasado) o el anidamiento de una tortuga boba en una playa de la Región. Esto último es lo que ocurrió durante la madrugada del sábado al domingo en Calblanque, algo así como un Gordo de la lotería de la biodiversidad que tocó en este espacio protegido del litoral de Cartagena. Fuimos agraciados después de jugar mucho: desde hace varios veranos se están produciendo intentos, también en La Manga, con una respuesta ejemplar por parte del dispositivo de alerta que coordina la Comunidad Autónoma y en el que participan los ayuntamientos costeros, organizaciones conservacionistas y voluntarios.

Pienso que el desove de la tortuga boba se ha producido en el lugar y el momento adecuados: en uno de los espacios protegidos más importantes y singulares de la Región, que a partir de ahora cuenta con un gran valor añadido. El que le aporta haberse convertido en un refugio para esta especie amenazada, un enclave ya marcado en el código genético de las pequeñas 'Caretta caretta' que nacerán de los 69 huevos enterrados en Cala Arturo (en realidad 66, porque tres de ellos se trasladaron al Centro de Recuperación de Fauna Silvestre de El Valle, donde serán incubados de forma controlada).

Pienso que también es oportuna la fecha escogida por la tortuga boba para depositar sus huevos en el arenal cartagenero: justo cuando está a punto de tomar posesión un nuevo Gobierno regional, con un consejero de Medio Ambiente (seguro que entre otras competencias que le ocuparán más tiempo, pero que no serán más importantes) que deberá tomar nota.

Porque Calblanque, ver para creer, sigue bajo el acecho de proyectos agrícolas, turísticos y urbanísticos que amenazan sus valores naturales. Estaría bien que el nuevo Ejecutivo, aprovechando la exitosa incursión de un animal marino que ha hecho historia, garantizase el blindaje del parque regional contra el ladrillo y los cultivos intensivos.

Anímese presidente, merece la pena.