Trump pide públicamente a China que investigue a los Biden

Donald Trump, durante un acto institucional./Reuters
Donald Trump, durante un acto institucional. / Reuters

El presidente pide a Pekín que descubra los trapos sucios de su rival, a cambio de un acuerdo que acabe con la guerra comercial

MERCEDES GALLEGONueva York

La estrategia es familiar: Negar, atacar, confundir y normalizar. Tras repetir los primeros pasos a lo largo de diez días, el presidente Donald Trump puso en práctica ayer el último y mas importante, al insistir públicamente en que Ucrania debe de investigar a los Biden, la petición por la que le investiga el Congreso. Además, subió la apuesta al pedir que China haga lo mismo, una semana antes de que sus representantes lleguen a Washington para negociar un acuerdo comercial que ponga fin a los arbitrarios aranceles de esa guerra.

«Nos vamos a reunir con ellos, ya veremos», dijo ante las cámaras. «Tengo muchas opciones con China, pero si no hacen lo que queremos, tenemos tremendo poder». ¿Estaba sugiriendo el presidente un 'quid pro quo', como el que insinuó al presidente Volodímir Zelenski cuando le pidió ayuda militar? Trump parece creer que no tiene nada de malo utilizar el poder de su cargo para pedir a líderes extranjeros que investiguen a sus enemigos políticos, motivo por el que fue él mismo quien ordenó divulgar una pseudotranscripción de la llamada que considera «perfecta» y «preciosa».

Sin secretos, en público, para normalizar una actitud que los políticos al uso consideran digna de un moción de censura por abuso de poder. El valor de esas investigaciones que encarga a gobiernos extranjeras podría constituir una violación de las leyes electorales, al suponer un valioso servicio por el que debería pagar su campaña. Los abogados de la Casa Blanca eran tan conscientes del delito que enterraron la transcripción en un sistema informático de máxima seguridad que habitualmente se reserva para aquellos documentos que comprometen la seguridad nacional.

Tan delicada era la petición repetida este jueves en público que tres de los altos cargos implicados -el secretario de Estado Mike Pompeo, el fiscal general William Barr y el vicepresidente Mike Pence- negaron originalmente tener conocimiento de ella. El presidente utilizó su abogado personal para darle seguimiento, un aspecto que nutrirá la versión de los legisladores demócratas, que intentan articular una acusación de abuso de poder para abrir el 'impeachment'.

Citados en el Congreso

Giuliani no ha querido parecer que iba por libre en esta misión, por lo que llegó a mostrar en televisión los mensajes de texto que cruzó con el enviado especial del Departamento de Estado en Ucrania Kurt Volker. Horas después el diplomático dimitió. Este jueves se presentó voluntariamente a la citación que le habían entregado varios comités de la Cámara Baja para explicar su participación, pese a que Pompeo ha prohibido a otros diplomático que cooperen con el Congreso en tan corto aviso.

Muchos esperaban que su testimonio arrojara luz sobre las reuniones de Giuliani con altos funcionarios extranjeros, pero lo que buscaba el exembajador de la OTAN durante el Gobierno de Bush era limpiar su reputación. Según se ha filtrado de esa reunión a puerta cerrada, que ayer duró más de cinco horas, Volker sostiene que aconsejó al Gobierno ucraniano que de ninguna manera hiciera algo que le pusiera en medio de las elecciones estadounidenses de 2020.

«Nada de lo que ha dicho apoya la narrativa de (el presidente del comité de inteligencia Adam) Schiff y los demócratas», dijo satisfecho el congresista republicano Jim Jordan, un leal de Trump. Falta por saber qué opinan los demócratas de esos interrogatorios que ayer se llevaban a cabo. Al día siguiente de la polémica llamada de Trump al presidente ucraniano el pasado 25 de julio, Volker, que también es director del Instituto John McCain, le organizó a Giuliani una reunión con Zelenski y su asesor Andriy Yermak.

La llamada en sí está aún bajo escrutinio, al detectarse en «su exacta transcripción» numeroso símbolos que hacen pensar que las notas entregadas han sido alteradas para omitir parte de la misma. Según el presidente, reflejan la conversación «palabra a palabra, coma por coma». Los expertos consultados por 'The Washington Post' creen que los puntos suspensivos indican partes ausentes. Por si fue ra poco, la lectura de la misma en voz alta se hace en poco más de diez minutos, cuando duró 24. Son menos de 2.000 palabras, a un ritmo que no se corresponde con las transcripciones de otras llamadas que haya tenido Trump con mandatarios extranjeros, indicativo de que todavía puede haber material de