Robert Pocklington: «No se me pasa por la cabeza dejar de vivir aquí»

Robert Pocklington, fotografiado en su casa de Murcia. / Javier Carrión / AGM
Robert Pocklington, fotografiado en su casa de Murcia. / Javier Carrión / AGM

«A esta tierra la llamaban jardín del Paraíso», señala este estudioso incansable del pasado de la Región y experto en toponimia murciana, que ha traducido 'La Casida Macsura' del poeta árabe Házim al-Cartayánni, un hermoso himno a la belleza de sus paisajes

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

«Soy feliz aquí, rodeado de esta luz tan poderosa que tanto me impresionó cuando en enero de 1976 llegué de Inglaterra». Aquí es en Murcia -donde están la mayoría de sus academias de ingles (Fluency Idiomas)- y en Caravaca, donde habilitó con mimo como segunda residencia una señorial casa del casco antiguo. Lo dice Robert Pocklington (Peterborough, 1952), licenciado y doctor en Filología Románica por la Universidad de Cambridge, estudiante de árabe en el Instituto Bourquiba de Lenguas vivas de Túnez e investigador incansable del pasado de la Región de Murcia, sobre todo en el campo de la toponimia, al que accedió motivado por su «amor e interés por las palabras». Fundador y propietario de Fluency Idiomas -4.200 alumnos a día de hoy-, así como creador del método de enseñanza que lleva su nombre-, el doctor Tomás Vicente Vera dice de él que, «en tanto que bibliófilo y lingüista, es un digno heredero de Aristófanes de Bizancio, pues ha dedicado toda su vida a la investigación y al estudio de esta ciencia». También académico de la Real Academia de Medicina de Murcia, así como de la Real Academia Alfonso X el Sabio, cuya recepción pública tuvo lugar finalizando 2018, su última aportación académica ha sido la traducción de 'La Casida Macsura (descripción de Murcia y Cartagena)' del poeta árabe Házim al-Cartayánni, un hermoso himno a la belleza de estas tierras, a las que se refiere como el jardín del Paraíso y de las que jamás se olvidó. El texto ha sido editado por la Real Academia Alfonso X el Sabio.

«Conocí a Teresa [la escritora Teresa Vicente] y me enamoré locamente. Desde entonces es el gran amor de mi vida» Un momento clave

«Es muy importante en la vida encontrarte con profesores que sepan motivarte y despertar en ti ganas de aprender y de mejorar» Qué tiene claro

«He descubierto a Ciudadanos y voy a colaborar con ellos. Creo que puedo ser útil: me gusta trabajar y resolver problemas» Una decisión

«Lo que hacían los árabes murcianos era lo contrario a lo que hoy es lo habitual: veraneaban en Murcia e invernaban junto al mar en Cartagena» Una curiosidad del poemario

-¿Quién fue Házim al-Cartayánni?

-Un estupendo poeta árabe nacido en el seno de una familia culta de la Cartagena del 1211-12. Su padre fue cadí de la ciudad durante más de 40 años. Tal como nos cuenta en sus versos, pasaba parte del año en Murcia y parte en Cartagena. Hacia 1240, antes de la llegada a Murcia de los castellanos, emigró al norte de África y, hasta su muerte en 1285, vivió en Túnez, donde se convirtió en amigo personal, secretario y poeta de corte del emir hafsí al-Mustánsir Bi-lláh, al que dedicó gran cantidad de panegíricos.

-¿Cuál es el origen de su 'Casida Macsura'?

-Es un largo poema dedicado, precisamente, a su amigo el emir, compuesto con motivo de la restauración de un antiguo acueducto romano. Empieza con un largo prólogo en el que alaba a su protector y, después, desde el verso 175 al 506, describe la vida placentera y la belleza de los paisajes de su tierra de origen, Murcia y Cartagena. Es curioso: el poema termina lamentando que casi todo al-Andalus esté ocupado por fuerzas cristianas, procurando convencer al emir de que intente recuperar los territorios perdidos en los últimos tiempos; en particular: Sevilla, Córdoba, Murcia, Valencia y Zaragoza.

-¿Qué echó de menos de las tierras murcianas en las que pasó parte de su vida?

-Precisamente, su poema empieza reconociendo que la felicidad que siente en Túnez, en la corte de su protector, le hace rememorar su vida en Murcia. [«¿Adónde ha ido aquel tiempo lozano y apacible en el que todo lo que veía me llenaba de alegría?»] Habla de esta tierra como del jardín del Paraíso, en el que cada corazón encuentra cuanto desea y donde los ríos corren con agua clara, vino, leche y miel.

-Buenos recuerdos, sí.

-Su 'Casida Macsura' es, por encima de todo, un canto a la naturaleza y a los placeres que proporciona la vida al aire libre. Fíjese usted en que el poeta no se refiere a Murcia como una ciudad, sino que la nombra como ese jardín del Paraíso recorrido por ríos. Incluso llega a exclamar: «¡No le falta riego ni sombra al vergel en el que me guarecí, domando las yeguas de la juventud!». Ahora, sin embargo, la falta de agua es uno de los problemas que ensombrecen el futuro de esta Región.

Tormenta

-¿No menciona zonas urbanas en sus versos?

-Apenas. Únicamente reconocemos Murcia ciudad en unos versos en los que describe una tormenta que remonta el cauce de la acequia mayor de Aljufía, entra en el arrabal por la puerta de Beb Almunén -junto al actual Teatro Circo-, sigue el Camino Alto de la Huerta -la actual calle Acisclo Díaz-, pasa por las 'blancas casas de la Arrixaca' -las del hoy yacimiento de San Esteban- y sale por la Puerta de la Noguera -cerca de la actual Puerta de Molina-. El poeta prefiere las descripciones de los parajes impregnados de verdor, agua, luz, aire...; siente pasión por el río. [«La brisa choca con las copas de los árboles que bordean su cauce, y las flores caídas flotan sobre el agua»]. Y describe como idílica la campiña de Cartagena. [«Pasamos el invierno perfectamente resguardados en un rincón paradisíaco del Campo de Cartagena. Los vientos azotan las flores de las cumbres, dispersando pétalos sobre los mirtos y los arrayanes. Se oye en todas partes el trino de los pájaros y el balido de ovejas y cabras...».]

-¿Qué actividades le gustaba realizar durante los años vividos aquí?

-Bueno, sus salidas para esparcirse eran frecuentes, como por ejemplo las realizadas al complejo palaciego de Monteagudo. [«¡Cuántas excursiones al excelso castillo de Larache, olvidando mis penas de amor hasta que desaparecieran! ¡Cómo paseábamos en Monteagudo y los almarjales, elevados por encima de la procacidad y el vicio!»] También le gustaban las excursiones en barca y en sus versos hace referencias a la caza, que en un contexto de vida campestre ocupaba un lugar central, no solo como actividad lúdica sino también como medio de sustento. Y al término de las cacerías, la cocina proporcionaba otra fuente de placer y de diversión en el entorno rural. [«Los cocineros extienden ramas de mirto y arrayán, y echan sobre ellas sus manjares. Los panaderos amasan y moldean el pan sobre frondas de palmito, cociéndola sobre losas, y cuando éstas ya abrasan, cubren las tortas con ascuas de la mejor leña, como si lo que tapan y destapan fuesen discos solares que se ocultan y se revelan entre las nubes»].

-¿Qué le ha resultado especialmente curioso en esta 'Casida' de Házim al-Cartayánni?

-Si nos proponemos hacer una lectura humana y cultural del poema, debemos decir que Házim al-Cartayánni es seguramente el primer autor que nos habla de esa costumbre de las familias acomodadas murcianas de cambiar su lugar de residencia en verano. Curiosamente, lo que hacían los árabes murcianos era lo contrario a lo que hoy es lo habitual: veraneaban en Murcia e invernaban junto al mar en Cartagena. El poeta asemeja esta costumbre a la vida errante de los nómadas del desierto. [«Vagábamos de morada en morada, como las estrellas del firmamento, estrenando siempre prados frescos, escogiendo los mejores herbazales. Invernábamos en un lugar plácido al borde del mar, entre cúpulas, alcazabas y mansiones; y el verano nos encontraba a orillas del río, entre palacios, alquerías y norias».

Galantería

-¿Qué más temas encontramos en sus escritos?

-No faltan los elogios a la galantería y a la hermosura de las mujeres, ni tampoco las insinuaciones eróticas. Por ejemplo, cuando describe el gusto de los murcianos árabes por sentarse a contemplar el atardecer a orillas del río en La Arboleja, junto a la Mezquita del Escarpe. [«Las abruptas riberas se miran de frente como dos íntimos amigos que se han sincerado y se acercan el uno al otro aspirando a abrazarse; pero no pueden, y lloran un río al ver frustrado su deseo»].

-¿Qué cualidades valoraba el poeta en los demás?

-Entre ellas, la inteligencia del discurso, la justicia, la amistad y la hospitalidad, la disposición a acoger al viajero.

-¿Cultivó mucho la nostalgia?

-Sí, la nostalgia del paraíso perdido y también la nostalgia de ese islam que había sido derrotado.

-Es llamativa la presencia de la lluvia en sus versos, esa lluvia cantada como una especie de bendición.

-No habla de ella desde un romanticismo nostálgico, sino desde el punto de vista del árabe del desierto: intensas trombas acompañadas de vivificadores rayos que traen prosperidad a un paisaje potencialmente seco e inhóspito. El agua es vida.

-¿Usted se ha planteado en algún momento vivir en otro sitio que no sea la Región de Murcia?

-A esta tierra la llamaban jardín del Paraíso. No se me pasa por la cabeza dejar de vivir aquí.

-¿Cómo llegó a Murcia?

-Antes, ya había abandonado las matemáticas por la filología tras toparme curiosamente con 'El desciframiento de Linear B' de Ventris y Chadwick, una lectura que me hizo cambiar radicalmente de rumbo. Tuve claro que lo que quería hacer era descifrar lenguas desconocidas. Y a Murcia llegué por casualidad, tras abandonar un trabajo cómodo en el Ministerio de Asuntos Exteriores británico para lanzarme a la aventura de los idiomas. Pero cuando llegué no pensaba que aquí me quedaría para siempre.

-¿Qué ocurrió?

-Conocí a Teresa [la poeta y narradora Teresa Vicente, pieza clave también en el éxito de Fluency Idiomas] y me enamoré locamente. ¡Es que era muy guapa [risas]! Desde entonces es el gran amor de mi vida, el punto central de mi existencia junto con mis hijos y mis nietos. Ella ha sido siempre un contrapunto impagable frente a mi tendencia incorregible hacia el aspergismo investigador. No entiendo cómo sigue siendo tan comprensiva con mi locura.

-¿Qué personas le interesan?

-Yo no soy muy sociable [risas], me cuesta relacionarme con los demás, aunque siempre procuro que quienes me rodean estén lo más a gusto posible; disfruto viendo a la gente feliz, pero mi tendencia es a la soledad... para poder investigar. Me gustan esas personas dominadas por un espíritu renacentista, por el deseo de conocer todas las cosas. La gente que se prepara a conciencia para poder enfrentarse a la vida, la gente que estudia, que se esfuerza, que no quiere dejar de aprender. La gente disciplinada...; para mí es muy importante la educación, y por eso siempre les estaré agradecido a mis profesores de mi escuela secundaria en Peterborough. Es muy importante en la vida encontrarte con profesores que sepan motivarte, que sepan despertar en ti ganas de conocer, de saber, de mejorar.

-¿Qué decisión ha tomado últimamente?

-La de implicarme más en política. He descubierto Ciudadanos (Cs) y voy a colaborar con ellos. Creo que puedo ser útil porque me gusta trabajar y resolver problemas. Quiero contribuir a frenar el auge de los populismos; son muy peligrosos.

 

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