El pulpo se va a la playa

Marta Ávila y Pedro Marín, la pareja de El Pinacho, en pleno chapuzón del pulpo. / a. s.
Marta Ávila y Pedro Marín, la pareja de El Pinacho, en pleno chapuzón del pulpo. / a. s.

La freiduría con más solera de Santa Lucía sirve lo más fresco del mar en La Manga. La cocinera Marta Ávila se casó a los 14 años con Pedro Marín 'El Pinacho': «Me clavó la flecha»

ALEXIA SALAS

Alrededor del viejo monolito El Pinacho (1762), un respiradero del agua que el manantial de San Juan lleva hasta la fuente del Paseo de las Delicias, se creó en el barrio de Santa Lucía todo un imaginario colectivo. Como un dios tribal, ha sido adorado hasta dar nombre a asociaciones y negocios tradicionales de la barriada. Una reproducción a escala del monumento hidráulico, con un rosario enrrollado al cuello, preside la freiduría El Pinacho, frente a la plaza de Cavanna, en La Manga del Mar Menor. Aunque el original sigue en Santa Lucía, el pequeño Pinacho viajará a donde vaya Pedro Marín, que creció y trabajó en todos los empleos posibles en el barrio de pescadores. Por algo regentó allí durante 15 años la freiduría El Pinacho. «La cogí cuando era una antigua taberna de licores y empecé a servir pescado fresco y arroces», cuenta Pedro. En aquella vieja cantina los clientes pedían una campana de vino a cambio de un fandango en épocas de mayores penurias. Allí se pagaban una ronda los barrenderos y los guardias civiles, algún político de mal asiento y artistas devotos de la buena vida.

Siguió siendo parada de pescadores, a los que Pedro les llenaba el vaso con 'palomitas' de anís y asiáticos 'de fiao'. «Les fiaba porque los armadores citaban a los marineros los sábados en mi bar para repartirles la paga. Con las mismas, me lo tenían que dar o no salían vivos», ríe Pedro de las cuitas de los hombres de mar en tierra. Ya estaba Pedro doctorado cum laude en psicología callejera. Llevaba desde niño en el puesto de fruta que su familia tenía en el mercado Gisbert de Cartagena. Acarreando cajas de fruta, siempre ojo avizor de las triquiñuelas de los clientes. «Estuve de tubero, trabajé en la mar y en la refinería», cuenta Pedro de una vida en alerta.

Visita recomendada
Freiduría El Pinacho, frente a la plaza de Cavanna (La Manga).
Qué hacer
Participar en la tertulia de parroquianos con 'quinto' de cerveza y pulpo con pimentón. Encargar un arroz con bogavante, o marisco o de bacalao y verduras, especialidad de la cocinera. Sirve también el pescado más fresco, recién salido de los barcos.
Los guías ideales
Marta Ávila Sánchez y Pedro Marín Moreno 'Tío Perico' y 'El Pinacho'.

Con 16 años se fue un día de baile a presumir de melena estilo Bee Gees, y se le pegó a la mirada una niña de 14 años que le hacía ojitos. «Me clavó la flecha, qué le voy a hacer», asume la cocinera mientras capuza un enorme octopus en borbotones de agua hirviendo.

«Antes de ir a la playa, las familias me encargan la paella de marisco, tengo el más fresco, comprado de los barcos de la mañana» «Estuve de tubero, trabajé en la mar y en la refinería»

Es su especialidad, el pulpo a la gallega, a la murciana y con arroz. «Antes de ir a la playa, las familias me encargan la paella de marisco, porque tengo el más fresco, comprado de los barcos de la mañana», se enorgullece Pedro.

Sexo de las hormigas

En La Manga El Pinacho acoge otras tertulias, más mundanas, que debaten sobre el sexo de las hormigas, o quién es quien en Cartagena, botellín de cerveza en mano. Por su terraza arriban viejos amigos de la barriada portuaria como Paco Montoya, conocido como el 'alcalde' de La Manga, que gobierna en los mediodías estivales de espuma blanca y pantorrillas al aire, y preside las reuniones 'on the rocks' de sus munícipes voluntarios en el 'carpe diem' noctámbulo del primer tramo de La Manga.

Pedro El Pinacho ya prepara su nuevo desembarco en la ciudad que lo vio nacer. Allá donde suba la persiana lo hará con el nombre del viejo monumento, pero mientras tanto, el pulpo no saca sus tentáculos de La Manga.