Nuria Espert: «Me hace mucha ilusión estar con vosotros en San Javier»

Nuria Espert./justo rodríguez
Nuria Espert. / justo rodríguez

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

«Me hace mucha ilusión estar con vosotros en San Javier», dice Nuria Espert (Hospitalet de Llobregat, 1935). Palabras mayores: ¡Nuria Espert! La actriz y directora de escena celebrará con el público, al que llama «amigo», el 50 aniversario de su Festival Internacional de Teatro, Música y Danza, en el que será premiada, en reconocimiento a una trayectoria encomiable, y donde representará 'Romancero gitano', de Federico García Lorca, a las órdenes de Lluis Pasqual. La Espert regresa a San Javier, donde a lo largo de los años ya se le ovacionó en montajes tan dispares como 'Salomé', de Oscar Wilde; 'Medea', de Eurípides; y 'El cerco de Leningrado', de José Sanchís Sinisterra, «en un momento de gran plenitud y felicidad, al que me ayudan el cuerpo y la memoria. Sí, nunca he sido tan sabia como ahora, ni he sabido tanto de teatro como ahora».

Romancero gitano

Cuándo
Sábado 10 y domingo 11 de agosto a las 22.00 h.
Dónde
Centro Cultural Santiago de la Ribera
Precio
20€
Dirección
Lluis Pasqual
Texto
Federico García Lorca / Luis Pasqual
Reparto
Nuria Espert
Basada
en la conferencia que dio García Lorca en 1935 con introducción y comentarios a su 'Romancero Gitano'. En escena, los poemas se intercalan con esos comentarios y los recuerdos de Nuria sobre sus trabajos sobre Lorca. Esta extrema sobriedad permitirá al espectador la máxima concentración en la palabra de Lorca, su belleza, su sonoridad, las imágenes que evoca, las resonancias que evocan a través de la personalidad y la voz única de Nuria Espert.

Espléndida actriz de quien se recordarán siempre sus interpretaciones en 'Yerma' (García Lorca) y 'Las criadas' (Jean Genet) a las órdenes de Víctor García, aquel director genial que un buen día la persiguió con un cuchillo para matarla, empeñado en liberarla de los males de este mundo -o algo así-, la Espert disfruta de un presente glorioso del que forma parte la admiración que sigue provocando en el público, que acude al teatro a su encuentro, consciente de que verla y escucharla es un privilegio que no debe dejarse pasar. Tras encarnar al Rey Lear a las órdenes de Lluis Pasqual y recibir el Premio Princesa de Asturias de las Artes, afrontó con un arrojo y una sabiduría envidiables el agotador reto de interpretar un texto descomunal e imprescindible: 'Incendios', de Wajdi Mouawad, a las órdenes de Mario Gas. Su trabajo en 'Incendios' dejó sin habla a miles de espectadores, a los que, literalmente, les golpeó el corazón de un modo sobrecogedor: mitad humanidad desnuda, mitad magia pura.

A 'Incendios' siguió, cuando todavía estaban las gentes de teatro recuperando el habla, el monólogo 'Romancero gitano', su nuevo reencuentro con Federico García Lorca y otro espectáculo que comparte con Lluis Pasqual, uno de los directores con los que ha volado más alto.

«En el día a día de mi vida he sido un mujer sensata, me he guiado por un gran sentido común. Pero en el escenario no me ha importado, al contrario, hacer auténticas locuras»

La Espert lleva años haciendo historia. Emocionando y dando testimonio público de la importancia del teatro y de la cultura en la construcción de sociedades más amables y justas, más habitables. Tiene un especial don para saber dar [casi] siempre en la diana. Por ejemplo, dio toda una lección con la forma tan singular que tuvo de agradecer el Princesa de Asturias, recitando a Lorca en castellano y a William Shakespeare, con toda naturalidad y sin estridencias, en catalán. «Es que hay mucho de artificial alrededor de las políticas lingüísticas, mucho politiqueo de baja categoría. Alrededor de todas, no solo de la catalana; también de la vasca, de la gallega y, desde luego, de la española. Sí, mucha politiquería barata, que es la que abunda en este país», indica la actriz, que se muestra encantada de volver a trabajar en 'Romancero gitano' a las órdenes de Lluis Pasqual, con quien le encanta asumir retos. «No me asusta hacer lo que vengo haciendo toda mi vida en el teatro: jugármela», explica. «Creo», -añade-, «que en el día a día de mi vida he sido una mujer sensata, me he guiado por un gran sentido común. Pero en el escenario no me ha importando, al contrario, hacer auténticas locuras».

Así recuerda cuando Pasqual le propuso dar vida al Rey Lear: «'¿Voy a ser capaz?', pensé. Y se lo dije: ' Yo no sé si soy capaz de interpretar a Lear'. Y él me reconoció: 'Yo tampoco sé si soy capaz de dirigirlo'. Pero ambos fuimos capaces, y, cuando finalizaron las representaciones, me quedé tambaleándome. '¿Qué voy a hacer ahora?', me preguntaba después de haber vivido tantas emociones, de haber corrido tanto peligro, y entonces apareció, como un milagro, 'Incendios'». Esa obra asombrosa, escrita por Wajdi Mouawad, en la que interpretaba a Nawal, 'la mujer que canta', un personaje que reconoce que ya nunca podrá olvidar. Una historia comprometida «que nos habla, con una enorme lucidez, del día de hoy, del presente; y que, desgraciadamente, me temo que hablará también con la misma fuerza a los hombres que vivan dentro de cien años. La guerra, el dolor de las madres, las muertes de inocentes, la crueldad, las violaciones a mujeres, la venganza... Nawal llega a ser una anciana que ha vivido cosas terroríficas y que, finalmente, a punto de morir y por escrito, es capaz de contárselas a sus hijos».

Compasión

-¿Qué debemos cuidar si es que queremos, si es que nos interesa, seguir siendo humanos?

-Sabemos que la venganza trae un odio ciego, terrible; sabemos que saca lo peor de cada uno de nosotros. Yo creo en el perdón y la compasión. El amor se cuida solo, pero el perdón y la compasión hay que defenderlos valientemente, y no es fácil. Primero, porque el mundo está hecho añicos; y, después, porque el primer sentimiento que te viene de forma natural, directamente de nuestro ADN violento, es el de la venganza. ¡La venganza, que paguen por eso, que paguen! Pero, sí, ya hemos aprendido algunos, no el mundo entero, que la venganza trae más dolor y no cura el que ya se ha sufrido. Parecen palabras nada más, pero si uno las cree de verdad, y yo las creo de verdad, te sientes como si acabaras de meterte en un baño de esos relajantes que, por cierto, yo no puedo tomar porque me bajan la tensión. Tras un baño relajante, ¿no?, descansas. Cuando te convences a ti mismo y piensas -luego habría que ver lo que harías en realidad- que, llegado el caso, yo trataría de ser como Nawal, algo empieza a conseguirse. Como Nawal, trataría de hablar de olvido, de perdón, de compasión...; ¡quisiera, quisiera, pero vete a saber...!

Me duelen muchísimo los refugiados y, de entre ellos, especialmente los niños por la ternura que me inspiran y porque ellos serán los hombres del futuro

La Espert, siempre comprometida con su tiempo, reflexiva, alerta al pálpito de los corazones heridos y de las tormentas cargadas de injusticias que puede desatarse, desea «una Europa que sepa estar a la altura de las circunstancias, una Europa viva, sensible y fuerte, que se vuelva compasiva y que recuerde cómo se ha ido construyendo la civilización, de dónde venimos todos. Porque todos venimos de África. No sé qué nos ha pasado. Nos hemos olvidado de los valores importantes con una alegría que ya se ha convertido en lágrimas y muerte, y que ya se ha llevado por delante a muchísima gente y ha dejado a otros muchos convertidos en muertos vivientes, sin patria, sin casa, sin educación, sin futuro para sus hijos. Me duelen muchísimo los refugiados y, de entre ellos, especialmente los niños por la ternura que me inspiran y porque ellos serán los hombres del mañana. Todos esos niños que están pasando frío, hambre, rechazo, ¿qué hombres y mujeres van a ser? ¿Estupendos, buenos padres, adorables madres...? ¿O se van a comportar como salvajes después de todo lo que se les está haciendo? No lo sé.

-¿Usted dónde halla consuelo?

-En los que se han ido y en los que han quedado, sí, sí. En mis hijas y mi nieta, y en Armando [Armando Moreno, su marido, fallecido en 1994], mi madre, Terenci [Moix], Rafael [Alberti]...

-¿Consuela más que duele el recuerdo de los que ya no están?

-Claro, a mí recordarles no me duele nada en absoluto. Eso sucede en los primeros meses, cuando mueren y tú te quedas perdido, creyendo que te han robado la cartera, diciéndote todo el tiempo: '¿Seguir? ¿Para qué, para qué?: Pero todo eso pasa, la vida continúa. Todas las cosas buenísimas que a mí me ha dado la vida las tengo muy presentes. La vida ha sido muy buena conmigo, aunque, como a todo el mundo, no me han faltado problemas ni llantos; pero, sí, he tenido una vida que me gusta recordar. La vida no está hecha todo el rato de grandes sentimientos, cuestiones filosóficas y críticas permanentes. Hay momentos buenísimos que paso con mi familia, o cenando y riéndome a mandíbula batiente con mis compañeros después de las funciones. La vida tiene cosas maravillosas, y aunque pueda parecer egoísta en medio de tanto dolor universal, puedes pasar ratos estupendos con un libro o con un amigo, con una buena película o un buen espectáculo; o con un descubrimiento, incluso sobre ti mismo. La vida, en la que estamos por casualidad, es una preciosidad, aunque la hemos convertido en un infierno. Es preciosa, desde luego; no tiene ningún sentido pero es preciosa.