Magdalena Sánchez: «No soporto ver triste a mi enemigo, se lo juro»

Magdalena Sánchez Blesa, en Alhama./ nacho garcía / AGM
Magdalena Sánchez Blesa, en Alhama. / nacho garcía / AGM

La poeta y diputada regional del PSOE asegura que, «sin duda, [sus poemas tienen] cientos de millones de visualizaciones en todo el mundo»

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

Millones de personas conocen estos versos suyos: «Tú conseguiste ser, / querida madre, / esa mujer que yo hubiera querido». Millones de personas se han emocionado con ella. Autora de poemarios tan populares y virales como 'Instrucciones a mis hijos' o 'Balada a mis padres', Magdalena Sánchez Blesa (Puerto Lumbreras, 1970) es una mujer imbatible. Sorprendente. Diputada del PSOE en la Asamblea Regional, cuenta: «Soy madre de tres hijos -Jesús, Julia y Beatriz-, y mujer, esposa o compañera de David Perea».

-¿Qué le resultó muy curioso?

-Mi exmarido me casó con David. Llevamos juntos diez años. Venía de un matrimonio anterior con una persona maravillosa, padre de mis dos hijos mayores. El día en el que me casé, a él le correspondía como juez de paz casarnos. Yo le dije que si le iba a resultar violento, buscábamos otra fecha y no pasaba nada. Pero él nos dijo: 'Para mí es un honor y un placer'.

-¿Cómo se sintió usted?

-Fue maravilloso porque, por su parte, dio una gran lección de civismo y de buenas maneras, que es lo que se necesita tanto ahora mismo. No deberíamos verlo como algo raro: por lo que fuese no pudimos continuar con la relación de pareja, pero seguimos manteniendo una relación muy humana y tenemos dos hijos; eso nos da una gran responsabilidad y nos obliga a llevarnos bien, a querernos mucho y a educarles todo lo mejor que podamos.

-¿Cómo los han educado?

-La educación de nuestros hijos la estamos llevando a cabo los tres, porque mi exmarido y yo no hemos establecido relaciones burocráticas en plan 'ahora te toca a ti', 'ahora me los tengo que quedar yo'. No, no, mis hijos y sus hijos son un placer, y es un placer tenerlos a cada momento. La hija que tengo con David también le llama 'papi'. No hemos dividido la familia, la hemos aumentado.

-¿Qué le dijo David?

-Un día me miró y me hizo un gesto cuyo significado vi muy claro: 'Te voy a hacer feliz toda la vida'. Y yo le dije: 'Aquí me tienes, yo me dejo querer' [risas].

-¿Qué procura?

-Decir pocas tonterías, si puedo evitarlo; estar segura de lo que voy a decir y, también, no decir todo lo que pienso. No se debe decir lo que no viene a cuento y, además, yo tengo la prudencia por bandera y me gusta más escuchar que hablar.

-¿Es usted especial?

-Todos lo somos. Siempre que voy a colegios, a cárceles, a hospitales..., y hablo con la gente, les digo: 'Todos somos únicos e irrepetibles. A veces, estamos pendientes de esas personas a las que convertimos en ídolos, me da igual que sea un futbolista o alguien famoso que sale en televisión, y no nos damos cuenta de que tenemos al lado a personas extraordinarias a las que no les prestamos la atención que merecen. Y dejamos de aprender de ellas.

-¿Qué don tiene?

-Mi don es la poesía.

-¿De niña cómo era?

-Muy buena, pero fui una niña triste. Mi padre murió de un infarto y me dejó, con ocho años, una tristeza infinita que no era propia de una niña de esa edad. Me crié en un barrio muy pobre, de mucha exclusión, y muy pronto me di cuenta de las muchas carencias que padecen muchos seres humanos. Ahí empecé a pensar: '¿Qué puedo hacer yo por los demás?'. Y, como no tenía dinero para, por ejemplo, pagarle el recibo de la luz a quien no podía pagarlo, me propuse escribir y, a través de la poesía, defender a la gente más vulnerable, en todos los sentidos.

-¿Recuerda su primer poema?

-Lo hice con ocho años, mientras esperaba que el pan saliera del horno. Era un poema para mi madre, a la que veía muy triste. Cuando se lo leí, me abrazó y me dijo: «No dejes nunca de escribir». A partir de ahí, fue como drenar mi tristeza a través de la tinta del bolígrafo, y me puse al servicio de los demás.

-¿A qué tenía mucho miedo?

-Mi miedo principal, durante mucho tiempo, fue a quedarme ciega. Ahora no le tengo miedo a la ceguera, ni tampoco a la muerte.

-¿A qué se lo sigue teniendo?

-Solo le tengo miedo a no saber vivir. Nos hemos acostumbrado a vivir, y eso es un problema, porque tendríamos que ver cada nuevo día como un acontecimiento maravilloso, y sin embargo abrimos los ojos y lo vemos tan solo como un día más que yo me merezco. Incluso en el peor día de vuestras vidas, les digo a mis hijos: tenéis que ser felices, porque estamos vivos y lo vamos a superar todo. Yo, a la vida la he cogido muchas veces de la pechera y le he dicho que conmigo no va a poder. Hoy, estoy capacitada para poder afrontar todo lo que me pase.

-¿Qué se dijo cuando le comunicaron que tenía cáncer?

-Me pregunté: '¿Y por qué a mí no?'.

-¿Qué le ha hecho muy feliz?

-Encontrarme con muchas personas que me han contado muchas historias al oído, y a las que he procurado ayudar en lo que he podido. Escuchar a los demás me hace muy feliz.

-¿Con sus hijos qué ha intentado siempre?

-Que no se crean que viven en Jauja, que tengan una perspectiva lo más amplia y realista posible de la vida. Mi hijo me preguntó un día, cuando estaba sin pelo por el cáncer: 'Mamá, ¿te vas a salvar de esto?'. Y yo le dije: 'Ven aquí un momento, vamos a sentarnos que esto hay que hablarlo. Yo, puede que me salve o que no. Pero si me salvo, puede que mañana me caiga una teja en la cabeza y me mate. El hoy es lo importante, el mañana no existe, el mañana es un cuento'. Es algo que les digo todas las mañanas cuando se despiertan y les doy un beso. Los tengo acostumbrados a que tengan claro que es hoy cuando hay que vivir.

«Sin duda, [mis poemas tienen] cientos de millones de visualizaciones en todo el mundo»

-¿Qué se pregunta a veces?

-¿Podré con tanto? Escucho tantos mensajes de dolor de personas que se quieren suicidar, que ya no pueden más con sus vidas o que ya saben que no van a poder con la enfermedad... Yo siempre busco, aunque sea pellizcándole a la madrugada, la manera de escuchar todos los mensajes y de responderlos.

-¿De quicio qué le saca?

-No me saca nada de quicio, soy una persona serenísima, tranquilísima, y todo lo miro poniéndome en la piel de los demás. Tengo una tranquilidad fuera de serie.

Manos

-¿Qué virtud tiene?

-Una muy grande: se me olvida todo lo malo que hayan podido hacerme. No soporto ver triste a mi enemigo, se lo juro.

-¿Qué desea tener?

-Quiero las manos bien grandes, las puertas abiertas, anchos los abrazos, fuera las fronteras. En 'Instrucciones a mis hijos' lo dejo bien claro: si hay siete mil millones de personas, ni una sola me sobra en el camino. Hay presos que me han dicho: «Tengo 'Instrucciones a mis hijos' en mi celda, y me lo estoy aprendiendo porque quiero salir de aquí siendo mejor persona». Deberíamos tener siempre a mano el ser capaces de decir: perdóname, me he equivocado, lo siento.

Doce tragos

1 -¿Un sitio para tomar una cerveza?
-El 'Jarro de oro', en Alhama.
2 -¿Una canción?
-'Perspectiva Nevski', de Franco Battiato.
3 -Libro para el verano.
-'El dolor de los demás', de Miguel Ángel Hernández.
4 -¿Qué consejo daría?
-No te acuestes sin abrazar a tu enemigo
5 -¿Cuál es su copa preferida?
-Agua con gas y un poco de limón.
6 -¿Le gustaría ser invisible?
-No.
7 -¿Un héroe o heroína de ficción?
-La princesa Leia.
8 -Un epitafio.
-'He sido muy feliz, os lo aseguro, porque enfermé del cuerpo y no del alma'.
9 -¿Qué le gustaría ser de mayor?
-Poeta.
10 -¿Tiene enemigos?
-No doy lugar porque siempre voy y los abrazo.
11 -¿Lo que más detesta?
-La soberbia.
12 -¿Un baño ideal?
-En el lago Atitlán, en Guatemala.

-¿Le interesa el dinero?

-No, he pasado tanta falta de dinero que ya me he acostumbrado a no tenerlo. Soy una mujer con muchísimas deudas que traigo de atrás. He estado siempre trabajando [incluso como actriz y encargada de la producción en la película 'Las aventuras de Moriana' (2016), que trataba de su restaurante 'Nuevo paraje de Moriana', ya cerrado], pero no termino de recuperarme económicamente nunca, también porque ayudo mucho a los demás. No me muevo por dinero, jamás. Y lo poco que he tenido lo he puesto a disposición de los demás. Y no puedo dormirme tranquila sabiendo que tengo más dinero del que voy a gastar y que hay gente que no tiene para pagar el recibo de la luz. No lo soporto.

-¿Dios?

-No soy creyente, pero sí practicante, y eso ya es mucho. El mensaje de Cristo es hermosísimo, y en ese mensaje sí que me van a encontrar.

-¿No hay un Más Allá?

-Creo que no.

-Sin embargo, me decía que no tiene miedo a morir.

-Me gusta la vida con locura, pero sé que he venido a irme. Que se mueran los niños lo veo tan injusto...; ahora, que yo que ya he vivido 48 años, y que he sido feliz, me tenga que morir... Les digo a mis hijos que pongan en mi epitafio: 'He sido muy feliz, os lo aseguro, porque enfermé del cuerpo y no del alma'.

-¿De dónde saca la fuerza?

-Me la da la gente, pensar que hay millones de personas en este mundo pasándolo muy mal y que yo puedo hacer algo para ayudar.

-¿Qué país le apasiona?

-He conocido muchísimos lugares del mundo, y a Guatemala la llevo en el corazón por muchas cosas.

-¿Qué desea?

-Que nadie se quede atrás, que todos vayamos de la mano avanzando. Y que no tengamos fronteras en la cabeza. Una vez escuché a una señora decir, sobre los inmigrantes. «¡Menos mal que muchos de los que vienen se quedan por el camino!». ¿Cómo se puede decir algo así?

-¿Le gustaría poder decidir el momento en el que dejar de vivir?

-Sí.

-¿Sabe la cifra de las visualizaciones de su vídeos?

-No exactamente, porque no estoy obsesionada con eso. Pero, sin duda, cientos de millones de visualizaciones en todo el mundo.

-Impresionante.

-También lo es cómo pueden influir los poemas en la gente. A propósito de mi poema 'La madre', que escribí cuando tenía 19 años y que defiende a todas esas mujeres a las que, cuando llegan a casa, sus hijos o sus hijas ponen a su servicio -que si 'tráeme esto' o 'hazme esto otro'-, en Arcos de la Frontera, tras un recital, se acercó un hombre y me dijo: 'Tengo 54 años y me acabo de dar cuenta de que nunca en mi vida he tratado bien a mi madre. Le doy las gracias porque, ahora mismo, me voy a verla y a ponerle remedio'. Con el poema 'La siesta', un señor se vino desde Dubai a Cartagena porque aquí estaban sus hijas, y al leerlo sintió que se estaba perdiendo el poder estar con ellas.

-¿Qué recomienda?

-Hay que ser de verdad, esa es la clave de todo. [Y se pone a recitar estos versos, y es muy difícil que no se te haga un nudo en la garganta:] 'Qué de verdad que fuiste, madre mía, / nunca te vi un amago de ser otra, / ni una mirada a cámara distinta de esa mirada tuya tan sincera. / Ahora que una ciudad es una pasarela, / la vida un verdadero disparate, / ahora que vivimos encerrados en un escaparate, / quiero felicitarte, madre mía, / por haber sido tú con tus andares, / por haber sido tú con tus maneras. / Nunca te vi un amago de ser otra, / ni interpretar a nadie que no fueras, / ni aprenderte un papel interesante porque no te gustase tu persona. / Ahora que cualquiera se abandona / y va buscando ser otra criatura. /Ahora que el poder y la estatura tienen mucha más venta que el ejemplo. / Ahora que es mentira casi todo lo que en el mundo pasa, / te felicito allá donde te encuentres, / pues fuiste una verdad como una casa, / fuiste la sencillez en carne y hueso. / Nada se te antojaba complicado, / tú no necesitabas brillantina, / adornar una estrella es un pecado. / Tú conseguiste ser, querida madre, / esa mujer que yo hubiera querido».