Antonio Luengo: «Hay que separar el agua y el Mar Menor de la política»

El consejero Antonio Luengo, en el canal del Trasvase Tajo-Segura, a la altura de El Mirador. /Vicente Vicéns / AGM
El consejero Antonio Luengo, en el canal del Trasvase Tajo-Segura, a la altura de El Mirador. / Vicente Vicéns / AGM

El consejero de Agua, Agricultura, Ganadería, Pesca y Medio Ambiente niega por activa y por pasiva que su cargo sea más bien una carga en la que pesan intereses antagónicos y sectores rivales

Alexia Salas
ALEXIA SALAS

Niega por activa y por pasiva que su cargo sea más bien una carga en la que pesan intereses antagónicos y sectores rivales. A Antonio Luengo (San Javier, 1980), ingeniero en Automática e ingeniero técnico industrial, la cartera en el Gobierno regional le ha llegado al tiempo que el anuncio de que será de nuevo padre, y por partida doble. Le brillan los ojos cuando habla del campo y de su hijo de dos años, que no se separa de él.

Doce tragos

1 -¿Un sitio para tomar una cerveza?
-Cualquier chiringuito a orillas del Mar Menor.
2 -¿Una canción?
-'We found love', de Rihanna.
3 -Libro para el verano.
- 'El silencio de la ciudad blanca', de Eva García.
4 -¿Qué consejo daría?
-Trata a todo el mundo como te gustaría que te trataran a ti.
5 -¿Su copa preferida?
-La que me tomo junto a mi familia y amigos.
6 -¿Le gustaría ser invisible?
-No me disgustaría pasar más desapercibido. Cuanto menos ruido, mejor.
7 -¿Un héroe o heroína de ficción?
-Superman.
8 -Un epitafio.
-Soy demasiado joven para pensar en ello, pero algo como 'ayudó a todo el que pudo'.
9 -¿Qué le gustaría ser de mayor?
-Feliz y con la salud suficiente para disfrutar de mi familia.
10 -¿Tiene enemigos?
-Yo creo que no, nunca me he parado a pensar en eso.
11 -¿Lo que más detesta?
-La mentira y el odio.
12 -¿Un baño ideal?
-En cualquier rincón del Mar Menor.

-¿Campo o mar?

-Donde vivo, en San Javier, muy cerquita del campo y pegado al mar. Es un sitio idílico.

-¿Y para el verano?

-Mar. Me relaja mucho. El ruido de las olas es fantástico. A veces me ha pasado que, sentado en la playa, mi máxima preocupación era saber el número de veces que rompen las olas en una piedra por minuto, sin reloj ni nada. Tirarme una hora midiendo la frecuencia de las olas.

-Eso parece muy zen, ¿no?

-Me relaja un montón. Mi mujer pensaba que estaba loco. Me encanta nadar. En invierno me encanta la montaña, me gusta mucho esquiar, disfrutar de los paisajes. Me gusta la ciudad para ir a ver una obra o pasar dos días, pero no más. Me estresa.

-Para tentarle en la mesa, ¿brócoli, un chuletón o langostinos?

-Con cualquiera de las tres cosas. Me encanta el brócoli en tortilla. Mi madre la hace para chuparse los dedos. El chuletón también me gusta, sobre todo si es tierno y muy jugoso, y que no esté muy pasado. Los langostinos son una delicatesen que tenemos aquí, sobre todo ahora que son accesibles. Hace años tenían precios prohibitivos.

-Dicen que los gases de las vacas acabarán con nuestro mundo, ¿lo cree?

-Por el metano. No son solo los gases de las vacas. Es la especie humana, porque somos depredadores por naturaleza. Y lo somos de nuestro medio ambiente. No hay que crear psicosis, sino encontrar un equilibrio y buscar procesos productivos que sean cada vez menos contaminantes.

«Nací en El Mirador, mi abuelo era ganadero y agricultor, y yo disfruto con la tierra. Me levanto cada día a las 5.30 de la mañana»

-¿Qué estamos haciendo ante el cambio climático?

-Creérnoslo. Y mirar la emisión de gases contaminantes a la hora de comprar un coche, la eficiencia energética, también por el tema económico porque los combustibles fósiles tienen un precio elevado. También ponemos en valor el medio ambiente. Les recordamos a nuestros hijos, y a veces ellos a nosotros, lo importante que es cuidarlo.

-¿Y desde el Gobierno?

-Les exigimos a las empresas que instalen filtros, medidores y tenemos un control a tiempo real de la emisión de las chimeneas de las principales empresas productivas de la Región, entre otras muchas medidas. En un desafío muy amplio.

-¿Qué soñaba que haría cuando tuviera la capacidad de cambiar las cosas?

-Muchísimas cosas. Nací en El Mirador, mi abuelo era ganadero y agricultor, y yo disfruto con la tierra. Me levanto cada día a las 5.30 de la mañana, me voy a la finca de mi familia y a mí eso me da oxígeno para aguantar todo el día. Veo que no somos capaces de solucionar el problema hídrico de la Región y de otros sitios de España. Me quita el sueño muchos años. Nací en medio del agua porque en mi casa siempre se ha hecho una defensa a ultranza del trasvase Tajo-Segura desde mi abuelo. Mi madre trabajó en la Comunidad de Regantes. Recuerdo los cortes de los años noventa, cuando la gente no podía regar, lo que supuso la pérdida de cultivos. Que 40 años después sigamos con ese problema me preocupa.

-¿Teme que cambie la ley que nos asegura el abastecimiento?

-A mí lo que me da miedo es escuchar que se cuestiona lo que no se debería cuestionar nunca. Soy una persona de valores, que aprendió a no cuestionar lo que decide la mayoría. Estoy contento por poder trabajar por eso, y lo haré en silencio. Y necesitamos pensar en términos generales, más que particulares. Cuando entré en política, me planteé si sería capaz de anteponer los intereses generales a los míos particulares. Lo reflexioné y llegué a la conclusión de que sí, y lo estoy demostrando.

-¿Qué decisión ha tomado que le perjudica?

-No me refiero que me haya perjudicado a mí directamente, pero sí a personas allegadas, sobre todo cuando trabajaba en planeamiento urbanístico. Conozco de quién es cada parcela y fui capaz de abstraerme de eso. El balance será en el momento en que termine porque esto es temporal. Haré lo que esté en mi mano para satisfacer las necesidades de todos.

-¿Qué va a prevalecer cuando tenga que elegir entre agricultura o medio ambiente?

-No sé si es por deformación profesional, ya que soy ingeniero y creo en la multitarea, como el ordenador. Va a prevalecer en cada momento según la situación.

Mar Menor

-¿Puede concretar un poco más?

-Ya hemos empezado a planificar. Me pasó en el Mar Menor, que nadie es imprescindible, pero era un trabajo tan bien hecho que da igual quién venga porque nadie lo va a poner en duda. Trabajamos en dos áreas críticas, que no tienen espera. Uno es la defensa del trasvase y otra es el Mar Menor. Trabajamos con la ganadería, la pesca y lo demás, pero lo que me quita el sueño son los dos primeros. Y hay que separarlos de la política. No podemos buscar oportunidad política en una controversia general. Es lamentable y penoso. Tenemos que ceder todos.

-¿Qué se debe ceder en la defensa del Mar Menor?

-En la defensa del Mar Menor lo que necesita el Gobierno de España es confianza. Se ha utilizado políticamente, y la presión social ha conllevado una especial atención y una alerta continua. Luego los que tienen que informar tienen miedo. Crea estrés. Necesitamos hablar del Mar Menor como una gran joya. Tenemos identificados los problemas y hay que trabajar. Mi vecina Ifigenia no entiende por qué se sabe hace muchos años y no lo hemos hecho. Ahí tenemos que sentarnos.

-¿Por qué permanece la sensación de que no se ha hecho nada más que cerrar las desalobradoras ilegales?

-Se han retirado las embarcaciones sumergidas porque contribuían al aporte de vertidos tóxicos. Y el proyecto del vertido cero con la modernización de las depuradoras, con una inversión de muchos millones de euros. Solo tenemos ya problema con la depuradora de Torre Pacheco porque la superficie que recoge es muy grande, y en ocasiones las redes no están tan limpias y tienen que aliviar ante un episodio de lluvia, pero no es contaminante, aunque escandaliza mucho. Ya está en licitación el pantano de tormentas junto a la depuradora para evitar que termine ese flujo en el Mar Menor. Necesitamos una transparencia absoluta en la gestión de las aguas residuales.

-¿De qué está más seguro?

-Estoy muy contento de la familia, que crecerá con dos bebés más. Soy muy familiar. Tuve la desgracia de perder a mi padre con 9 años y cómo mi madre fue capaz de asumir las dos figuras fue crucial. También el apoyo de mi abuelo materno fue importante. Estoy muy orgulloso, también de mi mujer y de los que vienen. Soy feliz.

-¿Cómo le fue trabajando de cartero?

-Me pusieron a sustituir a Javier Mercader, el cartero que había, y me dieron una moto, que tenía una edad pero que no había pasado de 20 kilómetros por hora. Cuando la cogí, con la cabeza que tenía yo con 20 años, el primer día se me paró en la carretera de Balsicas. Y no había entregado ni una carta aún. Pasó un señor y me arrancó la moto. En Lo Pagán me daban propina cuando les llevaba las cartas. Había tal volumen de cartas, que me las llevaba a casa y mi novia me ayudaba a clasificarlas. Nos tirábamos hasta medianoche, y al día siguiente, a repartir. En una semana puse los barrios al día. Me lo pasé bien.