Julio Navarro: «Le he robado frases a Don Juan para seducir»

Julio Navarro, este martes, en la cala Aguamarina, en Campoamor./ VICENTE VICÉNS / AGM
Julio Navarro, este martes, en la cala Aguamarina, en Campoamor. / VICENTE VICÉNS / AGM

El actor y director teatral sigue interpretando al personaje ideado por José Zorrilla después de 29 años y no se separa de su bigote de romántico practicante mientras veranea en Campoamor

Alexia Salas
ALEXIA SALAS

Julio Navarro (Murcia, 1963) tal vez sea el único actor en España -¿o en el mundo?- que lleva 29 años dentro del mismo personaje. Ha intercalado otros, pero sin dejar nunca al Tenorio. Su primer Don Juan lo hizo con 26 años, y este año se coloca de nuevo la capa a los 55 años. «Mi último Don Juan se come con patatas a todos los anteriores», se crece. Como cada agosto, ha llevado su bigote de romántico practicante de vacaciones a Campoamor.

-¿Sus veranos fueron siempre en el mar?

-Siempre veraneé en la casa del monte de mis abuelos, en la Fuensanta, una casa mágica que levantó mi abuelo en los años cuarenta, colonial, donde hemos pasado veranos varias generaciones de la familia. Era una casa con huertos, una balsa donde nos bañábamos en unos veranos largos de junio a octubre, entre aquellas casas abiertas, con olor a ensalada de pimientos y tortadas y arroz con conejo.

«En mi ritual antes de salir a escena le digo [pensando en su padre, el actor Julio Navarro Carbonell]: 'Ayúdame papá'. Era muy exigente. Nunca llegó a decirme 'muy bien'. Solo 'por ahí vamos bien'»

-¿Ahora prefiere la costa?

-Me trajeron al mar a los 14 años y fue un choque de aquella vida agrosalvaje de Algezares, a Campoamor donde todo está estructurado, una urbanización perfecta de césped y silencio. Y descubrí el mar por las mujeres. Para mí, el mar siempre representó enamorarme. El olor del mar siempre es el olor de una mujer, sobre todo la mía.

-¿Se enamoró en el mar?

-Nos fuimos conociendo en el mar. Para nosotros agosto es clave para reencontrarnos, dejar las prisas y dedicar las 24 horas a volver a amarnos, porque el mar te abre todos los sentidos.

-¿Sabe que esa convivencia intensiva es peligrosa?

-Sí, lo dicen los telediarios, los divorcios de septiembre. No es mi caso. Nosotros nos reforzamos en vacaciones, al desayunar juntos mirando al mar, pasear, los silencios, recibir los aromas, compartir lecturas. El mar es nuestro cómplice. Y es momento de creatividad también, de ideas felices. Y esa rutina veraniega, de ir a la playa, tomar el aperitivo, dormir la siesta como Dios manda, te santigüas y dices ¡viva España y viva la siesta española!

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-¿Un sitio para tomar una cerveza? -El centro histórico de Murcia. Es mi espacio.
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-¿Una canción? -'Tal como éramos', que cantaba Barbra Streisand en la película.
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-Libro para el verano. -'Juego de sexos', de Asensio Piqueras y María Jesús Marín, y 'Armónicos días de vino y sexo', de Rafael Ortal.
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-¿Qué consejo daría? -Uno de Carl Sagan: «Vamos a tratarnos más amablemente y preservar y cuidar el pálido punto azul, que es el único hogar que hemos conocido».
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-¿Su copa preferida? -Absolut con tónica y limón exprimido.
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-¿Le gustaría ser invisible? -No. Soy actor y me gusta que me vean.
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-¿Un héroe o heroína de ficción? -Tintín.
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-Un epitafio. -'Por fin te dan el papel de la calavera de Yorick'.
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-¿Qué le gustaría ser de mayor? -El Rey lear, Max Estrella, Luca Cupiello... Me están esperando.
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-¿Tiene enemigos? -No llegan a tener esa digna categoría.
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-¿Lo que más detesta? -La falta de educación y de lealtad.
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-¿Un baño ideal? -En Campoamor con mi mujer.

-¿Y la vida nocturna, la ha dejado?

-Aquí es apacible. He tenido una vida nocturna muy agitada mucho tiempo porque regenté La Champa en Alfonso X, en Murcia, en los ochenta. Allí pasé muchas fiestas. Fue una época feliz. Me hizo madurar y forma parte de mi mapa.

-¿La noche confunde?

-La noche es divertida y golfa, y tiene que ser así porque se escapa, y hay que vivir esa juventud, y ahí hay alcohol y amoríos de 24 horas y amores de toda una vida. Es necesario vivir intensamente. Somos sureños y vivimos la vida así, comer, beber, amar, cantar, bailar. También olvidamos la contemplación. Nos estamos volviendo seres de pantalla y nos perdemos lo que tenemos enfrente, los colores, olores, sensaciones, nostalgias, músicas. Los japoneses lo llaman 'komoreb'.

-¿Qué diría Don Juan al llegar a una playa llena de sombrillas?

-Don Juan solo miraría a las mujeres. Iría a la caza y captura.

-¿Hay algún actor que haya repetido el mismo papel tantos años?

-No lo sé. Nuestra compañía, la de Cecilio Pineda de principios de siglo, lo ha hecho 30 años. Mi padre lo hizo el primer año, y yo era Don Luis. Y el segundo año, yo hice la primera parte de Don Juan y él la segunda. Ahora, para hacerlo tendré que pasar por chapa y pintura.

-¿Cómo rejuvenece para el papel?

-Me maquillan, me tiñen la barba y llevo peluca, que me hizo la famosa Antoñita, del Teatro Español, a partir de un molde de mi cabeza.

-¿No le molesta la edad?

-Me siento a gusto. Tuve crisis a los cuarenta. Me di cuenta de que tenía que hacer más cosas. Por eso entré en Alquibla. Esperanza [Clares] me ofreció hacer 'Bodas de sangre'.

-¿Otro personaje que haya tenido tanta influencia en su vida como Don Juan?

-Cyrano, por supuesto. Nunca me hicieron un regalo mejor. Estudiaba el texto en la playa y entraba al agua diciendo los versos, y mi hija me decía que la gente me miraba como a un loco.

-¿Qué han dejado ambos en Julio Navarro?

-La pasión, que es fundamental en los dos, en todo lo que hacen, tanto para matar como para amar, para ser divertidos, para engañar o burlar. Todo lo hacen apasionadamente. Si tú lo haces con pasión a la hora de mover la capa o quitarte un sombrero, es un aburrimiento, algo viejuno.

-¿Su padre sigue dirigiéndolo desde el pensamiento?

-Sí. Incluso en mi ritual antes de salir a escena le digo: 'Ayúdame papá'. Era muy exigente. Nunca llegó a decirme 'muy bien'. Solo 'por ahí vamos bien'. Y lo veo mirándome con su gesto hosco cuando estoy con Doña Inés en el cementerio.

-¿Tiene repuesto para Don Juan?

-Tengo un plan. Este año lo haré aún yo, pero tengo un plan para empezar a hacer recambio en los personajes principales, pero no será familiar porque no tengo hijo varón.

-¿Quién será el próximo Don Juan?

-Hay varias posibilidades. También sé cómo voy a seguir dentro de la obra. Pero aún es pronto para contarlo.

-¿Teme que la corriente de lo políticamente correcto barra al canalla de la literatura española?

-Espero que no. Habría entonces que acabar con Vulcano comiéndose a sus hijos o a Medea, o la violación de 'El alcalde de Zalamea'. Es una dictadura. Una censura como nunca la ha habido. Nos estamos pasando con este tema. Don Juan no era machista porque no existía el machismo en 1500. España era así. Sería un machista ahora.

-¿Cómo ve las reivindicaciones feministas y del colectivo LGTBI?

-Soy partidario, pero Julio Navarro no es el Don Juan de 1500, que era un sinvergüenza y un canalla.

-¿Y en el siglo XXI qué nos dice Don Juan?

-Muchos autores, como Tirso o Moliere, lo que querían decir es que a los golfos como Don Juan, cuidado, que acabaréis en el infierno. Eran moralizantes. Zorrilla lo hizo al estilo católico español, que puso a una virgen católica y dijo 'por amor te vas a salvar'. El invento de Doña Inés, que no está en los otros donjuanes, fue el orgullo de Zorrilla. Están esos dos mundos, el bien y el mal.

-¿La seducción es un arma potente?

-Claro, pero la seducción final es de ellas. Si al final ella no abre la puerta, Don Juan no entra. Lo que dice Doña Inés en el sillón es 'vamos a follar', ya está bien.

-¿Le ha robado versos a Don Juan para seducir?

-Sí, sí, sí. Y él se ha apropiado también de mí.

-¿Funcionan aún sus frases de seducción?

-Absolutamente. Porque en el fondo a las mujeres os gustan mucho las palabras. Yo es que siempre fui así. Con 14 años llevaba las obras completas de Machado en el bolsillo del pantalón.

-¿Se considera un hombre moderno o chapado a la antigua?

-Las dos cosas. Me gusta conservar el legado de mi familia, que me ha hecho ser como soy, de mi ciudad a la que le debo mucho. Las tradiciones, los belenes, la Semana Santa me gustan, pero hay que mirar hacia adelante. Hay que vivir al día. Tengo una hija que no me puede decir que soy una antigüalla.

-¿Encuentra mucho teatro fuera del escenario?

-Sí, pero mal interpretado. Tenemos un panorama sociopolítico muy decepcionante. Era adolescente en la transición y he estado siempre pendiente de la política. Creo que tenemos los peores políticos de la historia de la democracia y una España ingobernable, donde han caído las dos grandes masas, la socialdemócrata y la democristiana por culpa de la corrupción. Esas masas sociales se han desestructurado en otros partidos emergentes y no hay diálogo. Y son todos muy malos actores.

-¿Con qué lecturas se evade de ese panorama?

-Unos relatos de experiencias sexuales.

-¿Don Juan nunca descansa?

-Totalmente.