Marta Sanz: «Fui muy cinéfila desde pequeñita»

La escritora Marta Sanz. / guillermo carrión / agm
La escritora Marta Sanz. / guillermo carrión / agm

«Me relaja limpiar boquerones como loca», afirma la escritora

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

Marta Sanz (Madrid, 1967), Premio Herralde de Novela por 'Farándula', dice: «Ni soy una muñeca hinchable, ni solo soy un vientre». Deliciosa en el trato, acaba de publicar en Páginas de Espuma 'Retablo', con ilustraciones de Fernando Vicente.

-¿Qué más no es?

-¡Tantas cosas! Tampoco soy una mujer cosida a pedazos que puedan ir mejorándose uno a uno mediante liposucciones o no sé qué técnicas carísimas. Soy un organismo vivo que siente, padece y goza. Y una escritora que escribe, sin temor, de lo que le duele.

«Ir en agosto a Calabardina es para mí algo física y mentalmente imprescindible»

-¿Aprendemos a vivir?

-Quiero creer que sí, que algunas cosas vamos aprendiendo a lo largo del camino. El otro día estuve presentando distintos libros míos en una librería de Villaviciosa de Odón, y allí me encontré con que el librero fue compañero mío de clase en séptimo de EGB. Fue un descubrimiento alucinante. Me dijo que el recuerdo que tenía de mí era el de una niña muy tímida, pequeñita, pecosa...; '¡Y ahora eres una mujer muy habladora y muy simpática!', añadió. ¡Pues claro, es que he aprendido a socializar mejor, a ser más amable y menos introvertida, a intentar empatizar con la gente!

1 -¿Un sitio para tomar una cerveza?
- En un chiringuito de Calabardina.
2 -¿Una canción?
-El tango 'Los mareados' cantado por Mercedes Sosa.
3 -Libro para el verano.
- 'El amante', de Marguerite Duras.
4 -¿Qué consejo daría?
-Hay que perseverar.
5 -¿Cuál es su copa preferida?
- Una caña fresquita.
6 -¿Le gustaría ser invisible?
-No.
7 -¿Un héroe o heroína de ficción?
-El conde Fosco (de 'La dama de blanco', de Wilkie Collins).
8 -Un epitafio.
- 'Perdonen que no me levante', el mismo de Groucho.
9 -¿Qué le gustaría ser de mayor?
- Escritora.
10 -¿Tiene enemigos?
-Seguro.
11 -¿Lo que más detesta?
-La violencia en todas sus formas.
12 -¿Un baño ideal?
-Bien temprano, en la playa Baño de las Mujeres.

-¿Qué era ya de niña?

-Muy responsable.

-¿Cómo se recuerda?

-Muy precoz en mi manera de concebir el mundo y en tener claros mis intereses.

-¿Por ejemplo?

-Fui muy cinéfila desde muy pequeñita. En los cines de verano de Benidorm [donde vivió entre los 4 y los 12 años de edad] podía ver desde 'La caída de los dioses', de Luchino Visconti, hasta 'Gritos y susurros', de Ingmar Bergman, pasando por todas las películas del destape español. Creo que esto me marcó mucho. Además de ser muy cinéfila, tenía una memoria estupenda y era muy activa, eso de correr y de saltar me encantaba.

-¿Con qué soñaba?

-Me imagino que con ser una mujer fatal, o una gran estrella de Hollywood, o con ser Nadiuska o algo así. Estas cosas que nos tocó soñar a las niñas que nacimos a finales de los 60, a las que nos pilló justo la niñez y la pubertad en plena época de este cine del destape del que le hablaba; y, bueno, ya sabe que de las mujeres siempre se ha esperado que fuésemos guapísimas. Así es que yo soñaría con ser muy guapa y muy musa y con que el pelo me llegara hasta más allá de las rodillas. Afortunadamente, poco a poco esto se me fue pasando. Entre otras cosas, porque mi madre me decía que tenía cuatro pelos y lo llevaba cortado a lo chico y con flequillo.

-Ah.

-Así es la vida [risas]. De pequeña, después de ver 'Sissi Emperatriz' [película de 1956 ], me obsesioné con que mi abuela me hiciese tirabuzones; yo tenía el pelo tieso, y la pobre mujer hacía lo que podía pero, finalmente, terminaba pareciéndome más a Bruce Lee que a Sissi.

-¿Con qué fantasea ahora?

-Últimamente, por el tipo de vida que llevo, fantaseo con meterme dentro de mi casa, encerrarme, quedarme debajo de la manta con mi gata y con mi marido y no salir. No me interesa toda esa idea de la gran aventura, de la actividad extrema, o de olvidarte de tu vida cotidiana y de las cosas familiares. No, no, a mí cada vez me agradan más las cosas familiares, tiendo menos al exotismo y cada vez me gustan más las cosas como más paletas y más confortables.

-¿Por ese orden: la gata, primero, y después su marido?

-No, pero como la gata es chica, la he puesto primero para ser educada [risas].

-¿De qué tuvo la suerte?

-Había cumplido ya cuarenta años y mis abuelos seguían vivos. Fue una gran suerte.

-¿De qué no se olvida?

-De que el 'carpe diem' está muy bien, pero al mismo tiempo tienes que ser consciente de las desigualdades y del mundo en el que vives y ser solidario. Propongo cuidar las relaciones con los demás, la fraternidad, las historias de amor...

-¿Qué no tiene claro todavía?

-No sé si soy una mujer muy fuerte que parece muy débil, o una mujer muy débil que parece muy fuerte.

-¿Siempre presente qué tiene?

-A mi padre y a mi madre siempre los tengo presentes.

-¿Qué le gustaría ser?

-¡Alta!

-¿Qué cambiaría de usted si pudiese?

-Cierta fragilidad a la hora de encarar, o de procesar, los insultos de los demás. Estamos en una sociedad en la que cada día se insulta más, y yo todavía no tengo el suficiente sentido del humor para encajar bien estas cosas tan desagradables.

-¿Qué le preocuparía ser?

-Deshonesta.

-¿A qué dice no?

-A los fritos, no son lo más recomendable para mi colesterol alto. Y como tiendo a las adicciones y soy de las que no se pueden comer solo una patata frita, no caigo en la tentación.

-¿Qué no se imaginan de usted?

-A lo mejor hay mucha gente que no se imagina que soy una mujer extremadamente cariñosa. Puedo dar a veces una imagen de fortaleza, o de sentido del humor vitriólico, o de mala leche o de conducta hipercrítica, pero le aseguro que para mí lo más importante son los cariñitos cotidianos y el afecto de la gente.

-¿Mala leche?

-¡Claro que tengo mala leche! Pero, ya le digo, por encima prevalece que soy muy cariñosa con las personas que quiero.

-¿Hay un Más Allá?

-Lamentablemente, creo que no, y sé que el hecho de ser una persona que no tiene ninguna creencia religiosa, ni ningún sentido de la transcendencia, lo que me hace es ser más frágil a la hora de afrontar asuntos como la enfermedad, las adversidades, la vejez o la muerte.

-¿Fantasmas ha visto?

-Pues, mire, otra contradicción en mi vida: creo que no hay un Más Allá pero, por otra parte, también creo que el fantasma de mi abuela Juanita me sigue acompañando por todos los rincones de mi casa; a veces, incluso la busco en el fondo de los espejos. A lo mejor sí que hay formas de energía que permanecen y que están con nosotros.

-¿Pendiente de hacer qué tiene?

-¡No he levitado nunca jamás en la vida!

-Llamémosle sexo...

-... creo en el sexo en todas sus modalidades y formas; con amor se disfruta muchísimo, pero el sexo practicado tan solo como investigación curiosa también es algo que nos ayuda mucho a aprender, a abrir los ojos y a ver la realidad de otra manera. En lo que no creo es en el sexo de los ángeles.

-¿Qué le molesta?

-Que se me cuelen en una cola lo llevo verdaderamente fatal: noto que me cambia el gesto y, licantrópicamente, me convierto en algo parecido a una mujer loba.

-¿Una ciudad?

-Me sigue fascinando Roma.

-¿Cómo se lleva con las noches?

-Tengo la mala suerte de padecer insomnio. Soy una mujer bastante alegre y activa, y creo que si durmiera bien por las noches sería ya la leche, la cosa más maravillosa del mundo. Es verdad que en esas noches en las que no puedes dormir se tiende a ver todo el lado negro de las cosas y a anticipar todos los horrores de la vida; pero, a la mañana siguiente, vuelve a salir el sol y todo se apacigua.

Aperitivo

-¿Dónde no la encontraremos?

-En un mitin de Vox, en un campo de fútbol, en una plaza de toros, en una procesión...

-¿Cuánto de pesimista?

-Creo, en la línea de [el filósofo] Antonio Gramsci, que hay que ser muy pesimistas en el pensamiento para luego ser muy optimistas en la voluntad y en la acción.

-¿Qué es una bendición?

-Tomar el aperitivo.

-¿Qué animal metería primero en el Arca?

-Un gato.

-¿Qué le cabrea?

-El paro, que se abandone y se torture a los animales, la destrucción de lo público, la feminización de la pobreza, la política reducida a publicidad... ¡Toda esa mierda!

-¿Qué no sabe?

-Conducir.

-¿Para qué es una negada?

-Para el aprendizaje de las lenguas extranjeras. Viajo muchísimo y, al final, siempre me comunico por señas o hablando en perfecto español.

-¿Paciente?

-Soy extremadamente paciente para las cosas domésticas, para esperar a los otros y, también, para mis propias expectativas en la vida. Persisto todo lo que haga falta.

-¿Le gustan las tareas domésticas?

-Laura Freixas, que es una feminista que nos ha educado a muchas mujeres en el feminismo desde hace muchísimos años, habla de cómo la reivindicación de la palabra femenino también pasa por mirar con unos ojos más cariñosos, y apreciando más, lo que han sido toda la vida las labores domésticas, que estaban tan demonizadas por eso que se llama el feminismo liberal. A mí, por ejemplo, de toda la vida, cuando me he querido relajar, o cuando he estado de muy mala leche, me he puesto a limpiar boquerones como loca. Eso de quitarles la cabeza a los boquerones y arrancarles la tripa era para mí un ejercicio muy relajante. Cocinar, cuando tenía tiempo, me gustaba mucho. Ahora, como en mi casa hemos invertido los roles, es mi marido el que se encarga de esas cosas mientras yo [risas] me encargo de las bellas artes y otros asuntos.

-¿Qué se ha propuesto?

-Por una parte, me he propuesto acabar tres novelas, dos poemarios, catorces ensayos y leer la cantidad de manuscritos que tengo que leer para el premio Herralde...; pero, luego, pienso: 'No, Marta, lo que tú tienes que hacer en Calabardina es ponerte morada de comer buenos arroces, echarte buenas siestas debajo del habanero, que es una cosa que te encanta, disfrutar de la playa, atocinarte lo más que puedas...'. En fin, que tengo esos dos deseos contrapuestos.

-¿Por qué Águilas?

-Mis padres tienen una casa en Calabardina, y para mí ir en agosto allí es algo física y mentalmente imprescindible. Me encanta el perfil de Cabo Cope en el agua, que para mí es como una especie de dinosaurio dormido. Y me encanta bañarme, cómo huelen allí las flores, ese chirimollo del patio junto al que me siento a leer a la sombra... Y me encanta también la relación con las vecinas; por un lado tenemos a Huerta, y por otro a Lázara, y es estupendo ese trasiego que nos llevamos de pimientos, de calabacines, de familia que va y que viene.

-¿Niños?

-No. Fue una decisión que tomamos mi marido y yo desde el principio. Llevamos juntos 32 años. La gente insistía mucho en que nos arrepentiríamos, pero no nos hemos arrepentido, ni tenemos ningún problema físico ni mental.