Carlos Tarque: «Somos unos putos memos; nos vamos a cargar el planeta»

El cantante y compositor Carlos Tarque, disfrutando del verano. / lv
El cantante y compositor Carlos Tarque, disfrutando del verano. / lv

El cantante y compositor cree que «es muy fácil cansarse de uno mismo porque uno mismo es un coñazo. Lo interesante es que están los demás, ¡menos mal!»

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

Le cuento a Carlos Tarque (Santiago de Chile, 1969), estrechamente vinculado a Murcia desde su infancia y voz poderosa de M Clan, lo que me dijo sobre él Miguel Ríos, que lo define como «el murciano absolutamente universal»: «Manifiesto públicamente mi devoción por su talento y por su calidad vocal; para mí, es probablemente el mejor cantante de rock en castellano que hay ahora mismo». Y el cantante, compositor y vocalista de M Clan, quien en octubre lanzará al mercado su disco en solitario 'Tarque', sonríe con mucho gusto. En 'Oración del desarraigado', un poema espléndido del músico, habitan unos marineros a los que ya no se oye cantar. No se sabe si los habrá devorado un remolino de aguas negras, si una tormenta lejana y nocturna los habrá convertido en comida para peces, o si los faros de la madre fortuna les mostraron el camino de la salvación y están a salvo en los brazos vírgenes de maldad de algún grupo de nativas de carne y agua. El caso es que en 'Oración del desarraigado' ya no se oye cantar a los marineros. Charles Bukowski relató en una ocasión que un buen día el capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco, pero no es el caso de los instalados por Carlos Tarque, que precisamente estos días goza navegando por el Mediterráneo, en su poema.

Sabe de inquietantes velocidades, de vértigos cotidianos, de lo fructífero que puede resultar escuchar discos como 'Nocturama', de Nick Cave, y sabe también el tío detectar el aroma inconfundible de la 'Poesía': «Te detecto / en las luces azules / del crepúsculo, / en estelas del sonido de las sirenas». A veces, Carlos Tarque se ve a sí mismo como «una figura de Hopper / anónima y sola» que espera a que «acabe el tiempo en la lavandería». Voz impagable.

1
-¿Un sitio para tomar una cerveza? -Restaurante Mena, en Denia.
2
-¿Una canción? -'God Only Knows'', de The Beach Boys.
3
-Libro para el verano. -'La mujer del maquis', de Ana R. Cañil.
4
-¿Qué consejo daría? -No sigas demasiado consejos.
5
-¿Cuál es su copa preferida? -Vino tinto de Ribera.
6
-¿Le gustaría ser invisible? -Muchas veces.
7
-¿Un héroe o heroína de ficción? -Colombo.
8
-Un epitafio. -«Ahí os quedáis».
9
-¿Qué le gustaría ser de mayor? -Cantante de rock and roll.
10
-¿Tiene enemigos? -Creo que no.
11
-¿Qué detesta más? -La violencia.
12
-¿Un baño ideal? -En la calita junto a la ermita de Isla Plana.

-¿Qué está deseando?

-Lo que más, ¡montarme en un barquito y perderme en el mar!

-¿Ganas de salir corriendo?

-¡Ganas de no pensar en nada! En realidad, la vida del músico consiste en estar corriendo todo el rato. No me quejo, a mí me encanta esa vida, pero a veces echo de menos un poco de calma. Vivimos en Denia, y siempre que podemos y nos deja la meteorología nos damos una vuelta con el barco. En el momento en el que estás embarcado, lo demás desaparece. Y eso me encanta, porque soy muy ansioso y siempre estoy rumiando cosas en mi cabeza. Llega un momento en el que, como le decía, necesito no pensar en otra cosa que no sea en el mar que tengo delante. Así es que rumbo a Mallorca y a Ibiza...

-¿Qué aventura le espera?

-En el terreno profesional, y aprovechando que con M Clan [la banda en la que comparte protagonismo con el guitarrista Ricardo Ruipérez] hemos parado un par de años, en la primera semana de octubre sacaré un disco nuevo en solitario, un proyecto bajo el nombre de 'Tarque'. Esa es ahora mi gran aventura, con la que estoy ilusionado y expectante. Un disco muy personal que estoy deseando que la gente escuche.

-¿A qué jugaba de niño?

-Lo que más nos gustaba, además de la playa, era andar por ahí montando en bicicleta y tirándonos sin frenos por las cuestas. Las bicis que teníamos estaban parcheadas por todos lados y, como casi siempre teníamos que frenar con el pie, nos dábamos unas hostias espectaculares. Yo me pasaba todo el verano lisiado.

-¿Con qué soñaba?

-Me gustaba muchísimo dibujar, algo que todavía me encanta hacer, y me pasaba también mucho tiempo dibujando. Recuerdo que me dibujaba a mí mismo tocando en un grupo [risas]. O sea, que ya lo tenía claro desde niño.

-¿Cuándo dejó atrás la infancia?

-Creo que eso sucede en el momento en que empiezas a tomar tus propias decisiones y, por lo tanto, surgen los miedos y las inseguridades. Ya no depende todo de papá y mamá.

-¿Usted lidia con muchas inseguridades?

-Es curioso: a la hora de tener que tomar decisiones vitales verdaderamente importantes, dudo muy poco. Sin embargo, a una tontería absurda puedo darle mil vueltas.

«Es muy fácil cansarse de uno mismo porque uno mismo es un coñazo. Lo interesante es que están los demás, ¡menos mal!»

-Canta usted, por cierto de maravilla, que tiene «miedo de volver a los infiernos, miedo a que me tengas miedo, a tenerte que olvidar...». ¿Y al paso del tiempo?

-De momento, que pase el tiempo no me provoca un gran vértigo, ni angustia...; tampoco lo pienso mucho. De repente, cierto, alguna de esas noches en las que estoy solo en la cama y me da por ponerme metafísico [risas], intento desentrañar los misterios de la existencia, encontrarle una explicación a esto de vivir. A mí me pasa lo que a todos, que no sé qué estamos haciendo aquí, ni tampoco hacia dónde vamos. Pero, debe ser porque soy un poco simple, o simplista, rápidamente me digo que lo mejor es no comerme mucho la cabeza con esas reflexiones porque está claro que no voy a llegar a ningún lado. De momento, me conformo con seguir disfrutando de la magia que el aquí y ahora te regala.

-¿De qué se hartó?

-De la maldad humana. Me harté pero me sigue jodiendo. Llevo mal tantos abusos, tantas injusticias, el que unos se aprovechen de los otros miserablemente. Todo eso me desalienta bastante, pero no quiero ponerme en plan trágico.

-¿Feliz qué le hace?

-Casi siempre, la felicidad es compartida. Estoy feliz si lo está la gente que me importa, la gente que quiero. Y sigo siendo muy feliz en el escenario, mucho. Y no quisiera olvidarme de decirle que también se me ilumina la cara [risas] con un buen arroz a banda.

-¿La vida le ha mimado?

-Sí, sí, así es. Hay una cosa muy importante: yo he tenido la suerte y el privilegio de poder encontrar un vehículo mediante el cual poder desarrollarme: la música. Soy consciente de que hay mucha gente, con muchísimo talento, que no encuentra ese vehículo, que no encuentra su lugar. Conozco a personas de puta madre, con muchas capacidades y con una energía bestial, que por mala suerte o por lo que sea no encuentran el modo de canalizar todo eso.

-¿Cayó en la tentación de creerse un tipo especial?

-Claro, la verdad es que alguna vez me ha pasado, pero casi siempre he tenido al lado a un amigo que ha hecho que me bajase del burro. Alguna vez sí, ya le digo, pero tampoco mucho porque lo cierto es que nosotros [M Clan] hemos tenido la suerte de que todo lo que nos ha llegado, nos ha llegado relativamente tarde. A mí me gusta creerme especial cuando estoy cantando, pero ya está. Me bajo del escenario y esto es lo que hay: soy un tipo normal y corriente; lo digo así de claro: normal y corriente.

-¿Qué no le vendría mal?

-¡Quitarme un poco de barriga!

-¿Qué ha podido comprobar?

-Que me gusta mucho quedarme en casa unos días: cocinar, hacer una vida de lo más tranquila. Me ha pasado estos días y estaba tan contento sin hacer nada extraordinario. Aunque también es cierto que cuando llevo más de quince días en casa, ya no puedo más.

Amor, amistad

-¿Echa usted de menos haber tenido hijos?

-No, la verdad es que no. Supongo que si los tuviera, estaría feliz, pero también lo estoy no teniéndolos. No noto una falta de nada. Lo que sí tengo claro es que ahora, a mi edad, voy a cumplir 49 tacos, no me apetece ser padre. Me encantan los críos, y he estado a punto un par de veces de ser padre, pero finalmente no ha sucedido.

-¿Qué es lo mejor?

-El amor. Y la amistad, que es lo mismo. Y no dejar de ser conscientes de todo lo bueno que la vida nos ofrece, empezando por esa maravilla que es el agua.

-A usted, ¿dónde no le encontraremos nunca?

-[Risas] ¡Yo no me atrevo ya a responder a eso porque me he visto en cada sitio!

-¿Somos los reyes de la creación?

-Somos unos putos memos que nos vamos a cargar el planeta. No me convence nada esa idea de sentirnos tan por encima de los demás seres. El ser humano tendrá su merecido, porque lo estamos destrozando todo y nos da igual. Incluso se vota a dirigentes políticos que niegan el cambio climático y a los que solo les falta ya decir que el plástico es de puta madre. Claro que lo pagaremos, y oye, pues a tomar por culo, que se extinga la raza humana y que las ratas se hagan cargo...; total, la Tierra sobrevivirá al ser humano.

-¿Vegetariano?

-Yo me como un chuletón tan a gusto.

-¿A veces qué?

-A veces es necesario parar y sacar un montón de cosas que llevas dentro. Está bien vaciar la botella de vez en cuando, sobre todo de malos rollos.

-¿Qué le resulta más fácil?

-Tanto en las letras de las canciones como en la poesía, escribir sobre la tristeza y lo gris que sobre lo que tiene demasiados colores. Con las cosas que tienen demasiados colores lo que haces, más que escribir sobre ellas, es disfrutarlas directamente.

-¿Qué no es usted?

-No soy para nada un tipo tristón, ni tampoco tengo una personalidad especialmente melancólica.

-¿Cómo se ha sentido alguna vez?

-Todos, alguna vez, nos sentimos unos desarraigados. Nunca me he sentido desamparado, pero sí un poco desarraigado porque, realmente, no tengo raíces en ningún sitio, aunque tampoco me importa porque, incluso, el desarraigo puede llegar a ser una buena sensación... inspiradora.

-¿En qué consiste eso que llaman felicidad?

-La felicidad con mayúsculas pasa por perdonarse uno a sí mismo, por no tener nada que recriminarte, algo que es bastante difícil.

-¿Y usted cómo está?

-Estoy muy bien: tengo una buena profesión y una buena vida que intento disfrutar y aprovechar al máximo. Y cada vez estoy más en paz conmigo mismo, aunque todos tenemos nuestros pequeños infiernos y es cierto que siempre aparecen nuevos guerreros que hay que derribar. Pero yo, ahora, tengo menos miedo a la batalla.

-¿A veces se cansa de sí mismo?

-Por supuesto que sí. Es muy fácil cansarse de uno mismo porque uno mismo es un coñazo. Lo interesante es que están los demás, ¡menos mal!

-¿Qué defiende?

-El derecho a ser felices, a divertirnos y a no sentirnos culpables por gozar. La 'no culpa' es un tema que me interesa mucho. Hay que pensar que la vida está ahí para disfrutarla. Combato contra el tedio y el aburrimiento, pero no soy una persona especialmente combativa y que lleve siempre una bandera por delante. A lo mejor tendría que ser mucho más valiente de lo que soy, pero hago lo que puedo con mis cositas e intento hacer felices a los que tengo más cerca. No hay nada que me mortifique, no hay nada que no me deje dormir...; bueno, algunas veces hay cosas que no me dejan dormir, pero es porque yo quiero [sonríe...].

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