«La mentira es creativa por su factor sorpresa»

Antonio Gómez Ribelles, en el Faro del muelle de la Curra./ ANTONIO GIL / AGN
Antonio Gómez Ribelles, en el Faro del muelle de la Curra. / ANTONIO GIL / AGN

El pintor, fotógrafo y poeta juega con la memoria como elemento esencial

Jam Albarracín
JAM ALBARRACÍN

Nacido en Valencia en 1962 aunque residente en Cartagena desde el 95, Antonio Gómez Ribelles juega con la memoria como elemento esencial. Primero desde una perspectiva familiar y posteriormente desde un punto de vista arqueológico. El artista multidisciplinar parte de lugares y situaciones del pasado, de huella más o menos difusa, sobre las que construir su propio relato, siempre versado pero también inevitablemente imaginado. Palabras e imágenes, poesía e imaginación, trazo pictórico e imagen fotográfica. En la reciente última edición de La Mar de Músicas presentó un recorrido por las diferentes exposiciones del festival, aportando siempre una mirada tan enriquecedora como particular.

-La primera a bocajarro. ¿El arte nos hace libres?

-Sí, por supuesto. Elige un lenguaje, el que quieras. Cuando reflexionas y construyes con cualquiera de ellos eres libre.

-Pintor, Poeta, fotógrafo, ilustrador... Es usted un artista polifacético. ¿A qué nunca renunciaría?

-Soy, por una manera de ver, pintor. Aunque he de decir que cada día pinto menos. Ahora manejo herramientas que pueden ser textos o fotografías pero, al manipularlas convenientemente, se construyen como imágenes pictóricas aunque sean instalaciones. Tengo la mirada de un pintor. Construyo una vida privada que expongo pero que es construida desde lo artístico. Lo que queda son las huellas, las cenizas de mi parte. Esa vida privada es una construcción de esas obras.

1
-¿Un sitio para tomar una cerveza? -En 'El Cuervo', en Cartagena.
2
-¿Una canción? -'The needle and the damage done', de Neil Young.
3
-Libro para el verano. -'Las solidaridades misteriosas', de Pascal Quignard.
4
-¿Qué consejo daría? -Ninguno.
5
-¿Cuál es su copa preferida? -Ron.
6
-¿Le gustaría ser invisible? -No.
7
-¿Un héroe o heroína de ficción? -El Capitán Trueno.
8
-Un epitafio. -No me apetece.
9
-¿Qué le gustaría ser de mayor? -Joven.
10
-¿Tiene enemigos? -Creo que no.
11
-¿Lo que más detesta? -La falsedad.
12
-¿Un baño ideal? -En Ampurias, al lado del espigón romano.

-Pero entonces lo que hace tiene que ver con su vida privada. Trabaja mucho sobre el álbum familiar.

-Con lo que muestro me voy construyendo a partir de los huecos de lo que, precisamente, no se cuenta. Desde la falta, desde la reconstrucción. Ahora, como bien dices, busco en la memoria de los otros. La realidad es la que te encuentras y por pura curiosidad decidí contar lo que faltaba. Necesitaba indagar en una memoria que no era mía. Lo que trabajo es un autorretrato desde la inserción con lo que hago. Trabajar obras, una detrás de otra, es un acto romántico pero esta forma de abordar la creación es más compleja porque es como un libro paginado. El tipo de narración es diferente al de la imagen única, que es concluyente.

-¿Salvaguarda recuerdos?

-Los recuerdos son falsos. Son construcciones mentales. Yo los altero por capas hasta que la realidad casi desaparece.

-Usted, que sobre una sola fotografía puede gestar toda una exposición como la que realizó para el Museo de Bellas Artes de Murcia con 'Palabra, lugar', ¿qué piensa sobre el atolladero visual que vivimos en la actualidad.

-Si te refieres a los medios, creo que es excesivo pero allá cada cual. El ejemplo más claro lo tenemos con las historias de Instagram, que solo se pueden visualizar unas horas. Son instantes que desaparecen. La inmediatez y la basura: todo en uno. Bucear en la imagen es otra cosa. Trabajar sobre la idea de archivo es, desde luego, un hecho activo y abierto a la interpretación. Impregnas con otro valor las imágenes. También pasa con las opiniones o con las noticias, vivimos tiempos perecederos. No obstante la gente piensa que lo que hacen tiene mucho valor. La realidad es un cúmulo de percepciones rápidas y sin valoraciones.

-Su última exposición, 'Lugares del olvido' para el Museo de Teatro Romano en Cartagena, le ha conducido más hacia la memoria histórica. ¿Qué ha descubierto en el proceso?

-Siempre me ha interesado la memoria histórica. Son huellas de algo a lo que le falta ser completado para poder ser interpretado. El método es apasionante. Estoy leyendo un libro de Agustín Fernández Mallo ('Trilogía de la guerra') que habla de eso. Cuando vas a un yacimiento ves que los arqueólogos trabajan con pedazos y rellenan los huecos. Interpretan lo que falta. Eso mismo es lo que hago con la fotografía familiar. Creemos reconocer las historias pero son mentira. Yo reconstruyo a la manera visual del 'Land Art': dominando el espacio. Controlándolo. Con los yacimientos es lo mismo: rellenas e imaginas los huecos y se convierte en autorretrato desde los pequeños fragmentos.

-Hablando de memoria. ¿Recuerda cuando se dio cuenta de que el arte iba ser parte esencial de su vida?

-Un momento no, dos. Una Noche de Reyes, cuando tenía once años, mi padre me regaló una caja de óleos y pinceles y entonces relacioné que los dibujos que tenía en mis cuadernos podían ser algo especial. Después en COU decidí, tras cursar el bachillerato de ciencias, que no quería ser médico. No era lo mío. No iba a ser feliz por ese camino.

-¿Qué lugar ocupa la palabra en su obra?

-Cada día más importante. Mi segunda exposición en Cartagena ya la titulé 'El libro de las ciudades', estaba basada en una lectura del libro 'Lo sagrado y lo profano', de Mircea Eliade. Allí ya cada imagen iba acompañada de un poema y desde entonces no he parado. Seguramente, próximamente publique un libro con La Montaña Mágica. Ahí estoy intentado desligarlo de una exposición y que sea autónomo. Estará relacionado con los viajes y la memoria. Imagen y palabra cruzadas. Sé que no es original pero quiero acercarme a Boltanski, uno de mis autores de referencia.

-Por cierto, ¿algún poeta de referencia?

-Me voy a ir a la tierra. José Alcaraz y Juan de Dios García. Son jóvenes y darán que hablar. Y como escritor de referencia, el francés Pascal Quignard. Es un musicólogo que se ha aislado y ha dejado la música desde que hizo el guión de la película 'Tous les matins du monde' para dedicarse a escribir. Me gustan todos sus libros, recomiendo 'El sexo y el espanto', es una gran reflexión sobre el 'antes del nacer'.

-Toda su obra y sus gustos giran sobre lo mismo, la memoria. Una memoria que, en parte, es imaginada.

-Ahí está la clave. Titulé una exposición 'La traición de la memoria'. Sigo esa teoría demostrada que dice que cambiamos lo que rememoramos. La memoria es mentira. Todo lo que hago no es falso, es mentira. Soy consciente. La mentira es creativa por su factor sorpresa.

-Usted también es docente en Enseñanza para adultos, ¿qué cambios haría en los planes actuales de estudios?

-Juntaría todas las materias relacionadas con la plástica y crearía una asignatura que se llamara Arte. Si consigues cambiar el concepto desde la ESO, variaría mucho la forma de entenderlo y es algo muy necesario en la educación actual.

«Hay que ser amante, de algo o de alguien, pero siempre amante: todo lo que nos salva es la cultura»

-¿Cuál ha sido el verano de su vida?

-El verano que mi padre nos llevó a la playa de Ampurias, junto al yacimiento arqueológico y el verano del 2008. Me separé de mi mujer, me fui con otra persona y el segundo año fue estupendo.

-Se ha casado este año. ¿Las cosas importantes se hacen por amor?

-Yo diría que sí. Hay un libro de Susan Sontag, 'El amante del volcán', que explica muy bien que hay que ser amante de algo o de alguien pero siempre amante.

-¿Qué exposición le ha marcado?

-La de Anselm Kiefer en el Museo Guggenheim de Bilbao fue una experiencia imborrable. Los cuadros y las esculturas de plomo eran inmensas. También me gusta la obra de Sophie Calle porque también reconstruye la memoria. Ahora, Flori [su mujer] y yo hemos estado en el Museo del Prado viendo exclusivamente el 'Fusilamiento de Torrijos' de Antonio Gisbert, fue toda una experiencia porque te destripa todo el hecho histórico. Es arte político pero pintado desde arriba, desde el poder. Cuando ves cuadros así entiendes que somos europeos y que todo lo que nos salva es la cultura.

-Además de su actividad como artista, también se dedica a la docencia.

-Ahora me implico menos, pero lo he hecho y mucho. Lo que ocurre es que ves que todo va bajando, no te apoya la Consejería, ni el Ministerio, no hay inversión... Ahora estoy en bachillerato nocturno a distancia y conoces a gente que realmente va a ir a clase a sacar algo por una necesidad básica. Si estuviera por la mañana me volvería a pasar lo mismo porque estaría dando clases a alumnos de arte y otra vez volvería a tener el revulsivo, pero ya me quedan pocos años, no me implico ya tanto como hice antes, ahora tengo otros proyectos y otras cosas que me llenan mucho más.

-¿Un concierto para nunca olvidar?

-Pues mira, no soy yo muy de ir a conciertos. Bueno no, sí que suelo ver bastantes de La Mar de Músicas, festival en el que colaboro con las visitas guiadas a exposiciones. Pero así concierto especial: la gira de The Police de hace unos años. Me regalaron las entradas. Lo recuerdo con cariño porque el de Police fue el primer disco que me compré con mi dinero y le tengo un cariño especial.

-¿Le gusta explicar, guiar exposiciones de otros artistas?

-Bueno, me han llamado y he colaborado con el Premio Mandarache y La Mar de Letras. Y sí me parece importante porque no doy la visión de los guías de museos al uso. A mí me gusta explicar cómo trabajamos y cómo pensamos los artistas. El espectador tiene que tomar partido y nuestra visión, la de los artistas, es menos neutra que la de los guías. Ellos se basan en una pautas comunes, nosotros nos implicamos en la interpretación para bien o para mal. Hay que pensar siempre en la sinceridad del artista, quitarse todos los prejuicios estos de la locura y la tontería del arte contemporáeo, porque si vas pensando de esa manera te pierdes. El espectador tiene que tomar partido también. Eso se lo vamos a aportar los artistas.

-¿Viaja mucho?

-Hoy en día se viaja fácil. Yo nací en Valencia y llegué a Cartagena hace un montón de años por los asuntos propios de las plazas de la enseñanza, que antes te obligaban a recorrerte media España. Pero en realidad siempre me he considerado de Jaca, pues uno realmente es de allí donde pasa su infancia. De hecho, últimamente no deja de pasárseme por la cabeza regresar allí a vivir. Para mi mujer sería una faena porque es un sitio frío y duro, pero quizá en mi obsesión por recuperar la memoria, la posibilidad de regresar adquiere sentido.