Mercedes García: «No imaginé que me jubilaría con 61 años»

Mercedes García, en Cabo de Palos, donde vive. / Antonio Gil / AGM
Mercedes García, en Cabo de Palos, donde vive. / Antonio Gil / AGM

«Me hubiese gustado ir fuera de España con una ONG, pero no lo he hecho», se lamenta la directora de la compañía Teatro Apolo en El Algar y concejal de Igualdad en Cartagena

Rosa Martínez
ROSA MARTÍNEZ

Mi vida, deja claro Mercedes García (Cartagena, 1950), «no es aburrida». No puede serlo si en ella convergen la dirección de una compañía teatral, la jefatura de una concejalía y el devenir de un teatro, el Circo Apolo, en cuya asociación participa como vocal después de varios años al mando de la presidencia. «Quizá es temeridad, pero cuando me proponen algo, siempre suelo decir que sí», confiesa esta maestra jubilada que prefiere las playas vacías. Se jubiló con 61 años, pero no ha parado quieta. Hace cuatro aceptó la propuesta de la alcaldesa de Cartagena, Ana Belén Castejón, para formar parte de su proyecto político, asumiendo a finales de 2018 la Concejalía de Educación. Ahora ocupa, también junto a Castejón, las competencias de Igualdad, aunque ya desde el pasado martes sin el respaldo de las siglas del PSOE. Le encantaría ser abuela.

-¿A quién se comería a besos?

-A todos los niños que veo, a veces digo: '¡Los raptaría!'. Los bebés son mi pasión. Me encantan.

«A mi alrededor tengo a mucha gente que me aprecia, me valora y me respeta. No aspiro a mucho más»

-¿Cuál ha sido su vocación?

-La educación. He sido maestra toda mi vida, hasta que me jubilé.

-¿Por qué lo hizo?

-Mi marido, que tiene la misma edad que yo, se había jubilado un año antes, pero ni él ni ninguna de las personas que me conocen, ni siquiera yo misma, se hubiera imaginado que me iba a jubilar. Simplemente llegó un momento en el que me dije: 'Hasta aquí'. Estaba cansada de tirar del carro, llevaba la dirección de un centro y eso implica mucho. Lo dejé porque ya había alcanzado mi tope, había cerrado una etapa. Pero no abandoné. Nunca jamás he dejado una tarea a medio.

-¿Qué le vincula a El Algar?

-Es mi pueblo de referencia. Yo nací en Cartagena pero los dos primeros años de mi vida los pasé en Macael, en Almería, donde mi padre daba clases como maestro, hasta que, en el 52, lo destinaron a El Algar. Allí pasé los 17 años siguientes. Es el lugar donde estudié, donde están mis amigos de la infancia y de donde me llevé a mi marido, con el que convivo desde hace 45 años.

-¿Qué le enamoró?

-Era un chiquillo guapísimo, iba a la escuela de mi padre, y a mí ya me enamoró entonces. En la adolescencia manteníamos nuestra relación a escondidas. Todos nuestros amigos dicen que estábamos destinados el uno al otro. Él le pone un poco más de reflexión a mi vida.

-¿Qué comparten?

-El teatro. De la vida política quiso mantenerse al margen desde el primer día.

1 -¿Un sitio para tomar una cerveza?
-El Paseo de La Barra, en Cabo de Palos.
2 -¿Una canción?
-'Eres tú para mí', de Los Brincos.
3 -Libro para el verano
-'La catedral del mar', de Ildefonso Falcones.
4 -¿Qué consejo daría?
-Conseguir el equilibrio interior te hace ser más feliz.
5 -¿Cuál es su copa preferida?
-Martini blanco seco.
6 -¿Le gustaría ser invisible?
-Por un periodo corto de tiempo, sí.
7 -¿Un héroe o heroína de ficción?
-No tengo.
8 -Un epitafio
-'Vivió en paz consigo misma'.
9 -¿Qué le gustaría ser de mayor?
-Feliz.
10 ¿Tiene enemigos?
- -Creo que no.
11 -¿Lo que más detesta?
-La falsedad y la incoherencia.
12 -¿Un baño ideal?
-Una cala solitaria de Cabo de Palos.

-¿La vitalidad es una actitud?

-Por supuesto, no ha habido un momento en mi vida en el que haya estado parada. Antes de jubilarme ya formaba parte de la asociación del teatro Apolo, y después mi dedicación ha sido más intensa.

-¿El teatro ha estado siempre en su vida?

-Pues tengo una foto que me gusta con locura en la que aparece, en el escenario del Apolo, todo el elenco de la compañía del teatro, y yo, que entonces debía tener unos cinco años, con ellos. Mi padre fue un actor cómico fantástico y también director de escena. Los antiguos del lugar lo recuerdan con mucho cariño, e imagino que algo genético debe de haber, a pesar de que yo he vivido muchos años sin teatro, sin estar vinculada directamente a él, me refiero.

-¿Cómo lo descubrió?

-Cuando se puso el marcha el teatro [el Apolo se reinauguró en 2011 tras décadas cerrado], a mi marido y a mí nos ofrecieron la posibilidad de participar en el proyecto. Se había creado una asociación específica para su gestión, y entré a formar parte de ella, primero como vocal y después como presidenta. Se me puso entonces por montera crear una escuela de teatro y lo conseguí. Las clases las impartían Antonio Saura y Esperanza Clares [de Alquibla]. Ahí empezó mi trayectoria teatral. Me metí como alumna. Recuerdo que al principio le decía a Antonio: 'Papeles muy cortitos que memoria no tengo' [risas]. Descubrí unas posibilidades en mí que no conocía; me salió posiblemente la genética teatral de mi padre.

-¿Qué me dice de la compañía?

-Antonio pensó que el teatro debería tener una compañía propia y a me dio a elegir: actuar o ayudarle en la dirección. Vi un campo a explorar, que es lo que a mí me gusta, y decidí ayudarle. He aprendido mucho de él, nunca se lo agradeceré lo suficiente. Él dirigió el primer montaje, y en el segundo me dejó al frente. ¡Ya vamos por el sexto!

-¿Cuál es su gran victoria?

-¡Uf! no sé. Victoria parece una palabra presuntuosa... Creo que son las pequeñas cosas lo que al final suma, y en ese sentido me considero una persona muy cercana, muy amiga de mis amigos; a mi alrededor tengo a mucha gente que me aprecia, me valora y me respeta, y para mí eso es una victoria. No aspiro a mucho más.

Necesidades

-¿Por qué entró en política?

-Me llamó la [entonces] candidata a alcaldesa [Ana Belén Castejón] para incluirme en su lista hace cuatro años. Nunca pensé que ejercería un cargo político, a pesar de que una de las cosas que me hubiera gustado hacer a lo largo de mi vida y no he hecho es estudiar Ciencias Políticas. Estuve a punto de hacerlo, tuve hasta los libros, pero me dije: '¿Dónde vas, loca? Trabajo, casa, carrera, hijo...'.

-En esta ocasión, sí aceptó.

-Soy una persona a la que le encantan los retos y, como diría mi marido, me meto en todos los charcos que me ponen en el camino. Y con este he descubierto que la vida política me apasiona. Poder hacer cosas por la gente, mejorar la vida de los demás y estar en esta Concejalía [de Igualdad] es un lujo.

«Mis hermanos y yo nos quedamos huérfanos de padres siendo aún jóvenes. Fue un golpe muy duro»

-¿Se ha arrepentido de meterse en algún 'charco' alguna vez?

-No, siempre he hecho cosas que me han gustado y cuando no me he sentido bien o he creído que ha llegado mi tope lo he dejado.

-¿Qué agradece a la vida?

-Todo. No soy una mujer de muchas necesidades, así que, como no le pido mucho, se lo agradezco todo. Vivo donde quiero vivir, tengo una casa, no necesito más; en mi familia hay un coche... ¿Que a lo mejor me hubiese gustado tener una familia numerosa? Pues sí, pero con lo que tengo no necesito más para ser feliz.

-¿Golpes?

-He tenido algunos, pero soy práctica, razono muchísimo y asimilo las cosas con facilidad. Mis hermanos y yo nos quedamos huérfanos de padres siendo aún jóvenes. El pequeño no tenía 30 años. Primero se fue mi madre, y a los trece meses mi padre. Fue un golpe muy duro, y a mí me tocó, en muchos aspectos, asumir el papel de hermana mayor. El primero de mis hermanos también falleció hace unos años después de 25 conviviendo con la esclerosis múltiple. Los huecos no los llena nadie, se quedan para siempre, pero si aprendes a vivir con ello tienes mucho ganado.

-¿Qué es un placer?

-Un rato de tertulia con unos amigos, mirar el mar, un libro que te atrae desde el principio y al que le puedes dedicar muchas horas.

-¿El tiempo es oro?

-Sí, pero tampoco debemos volvernos locos con él. Nunca estoy mano sobre mano, siempre me encuentro haciendo algo, pero para mí hacer algo puede ser sentarme a escuchar música. No significa que tenga que estar con la escoba o con la plancha.

-¿Libre?

-Sí.

-¿Optimista?

-Sí.

-¿Cariñosa?

-... [piensa] ¡Sí, sí! Pero no sé por qué, a veces doy la sensación de lejanía. Después la gente me ha dicho que no imaginaba que era tan cercana.

-¿Qué le reconforta?

-La familia. Me recarga las pilas.

-¿Y ellos, qué le dicen?

-¡Que cómo no iba a meterme yo en otra historia! [Ríe].

-¿Cuál es su película favorita?

-Si le digo 'Pretty woman' va a ser una cursilada, mejor un clásico: 'Lo que el viento se llevó'.

-¿De qué está orgullosa?

-Por mi vida han pasado promociones y promociones de alumnos, creo que el número sería incalculable. Cuando me cruzo con algunos de ellos me saludan con cariño y me agradecen las clases que les di. Eso me hace sentir orgullosa. También mi marido y mi hijo.

-¿Cuida a la niña que fue?

-Yo he sido mayor siempre. Y desde joven he asumido cargos. Recuerdo a la niña que fui y alguna vez sale, pero, por desgracia, hace tanto tiempo, que se olvida.

-¿Miedos?

-¡Para nada! Ni siquiera a la muerte, aunque no tengo ganas de morir, creo que todavía me quedan muchas cosas por hacer.

-¿Qué haría si pudiera?

-No habría ahora mismo ningún barco en el mar como ha estado el 'Open Arms'. Hay mucho por hacer en el mundo. A mí me hubiese gustado irme fuera de España con una ONG, aunque no lo he hecho.

-¿Se considera coqueta?

-Lo normal.

-¿Y qué es lo normal?

-Por ejemplo, no salgo de casa sin pintarme la raya del ojo. Lo hago desde que tenía 17 años y empecé a trabajar. No sé si es coquetería o cuidar la imagen, es una forma de mostrar respeto a los demás y para mí es una costumbre. Y, bueno, a día de hoy si no paso por Lourdes antes de salir, es peligroso [risas].

-¿Cuál es su mayor relax?

-La música y la lectura. Y ver el mar. Pero vacío. Sin gente.