Ginés Ruiz Maciá: «Me gané la vida en Alemania como mimo en las calles»

El abogado Ginés Ruiz Maciá, en La Torre de la Horadada. / josé maría rodríguez / AGM
El abogado Ginés Ruiz Maciá, en La Torre de la Horadada. / josé maría rodríguez / AGM

«Quiero pensar que sí hay un más allá», afirma el abogado ambientalista y concejal de Podemos en el Ayuntamiento de Murcia

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

Ginés Ruiz Maciá (Murcia, 1975), reconocido abogado ambientalista y experto en casos de corrupción, es concejal de Podemos en el Ayuntamiento de Murcia y tiene doble altura: física, propia de un jugador de baloncesto; y de miras, que surge de su espíritu inquieto. Lleva tatuado en la espalda: «Ahora lo de ahora y aquí lo de aquí». Y una palmera, con ocho ramas-hijos, en homenaje a su madre.

-¿Qué primer caso llevó?

-Recurrí una orden de vedas porque, en contra de la recomendación de biólogos y naturalistas, se permitía la caza de dos especies de aves.

«¡El secretario de una sala [judicial]: «Empezaste defendiendo a parajitos y has terminado atacando a pajarracos»

-Y, a partir de ahí, ¿qué?

-A partir de ahí, los temas de Medio Ambiente me llevaron a los de corrupción [urbanística, fundamentalmente] y, como me dijo una vez el secretario de una sala [judicial]: «Empezaste defendiendo a pajaritos y has terminado atacando a pajarracos». Desde siempre me ha preocupado mucho el deterioro del patrimonio natural.

-¿Cazador o pescador?

-No.

-¿Taurino?

-Tampoco, pero no me voy a encadenar en la puerta de ninguna plaza de toros [sonríe].

-¿Qué se pregunta?

-¿Cómo hemos llegado a vivir tan estresados y para qué? ¿Para qué tanta prisa siempre y para todo? Estamos manteniendo los platos bailando y no sabemos ni con qué motivo. No hay espacio para reflexionar, para pensar, y eso termina pasando factura. Es un tema que me preocupa.

-¿Por qué?

-Tengo una hija de 7 años y me gustaría que viviera en un mundo más pausado. No digo que con Heidi y el abuelito en las montañas, pero sí con más calma y relacionándose con la gente más cara a cara y menos a través de todas estas conexiones ficticias.

-¿Orgulloso de sí mismo?

-No, no lo estoy. Tengo un alto nivel de autoexigencia, pero aunque no lo tuviera, creo que no estoy haciendo muchas cosas de las que debería. Me dedico más a lo urgente que a lo de verdad necesario.

-Algo habrá hecho bien.

-Sí, me alegro de haber acompañado a mi padre en su final y de haber estado con mi hija desde el principio.

1 -¿Un sitio para tomar una cerveza?
-'El chiringuito del Carmen', en Murcia.
2 -¿Una canción?
-'Es mejor vivir así', de Compay Segundo.
3 -Libro para el verano.
-'14 de julio', de Éric Vuillard.
4 -¿Qué consejo daría?
-Quiérete.
5 -¿Cuál es su copa preferida?
-Pampero con Coca-Cola.
6 -¿Le gustaría ser invisible?
-No.
7 -¿Un héroe o heroína de ficción?
-Superlópez
8 -Un epitafio.
-'Nos vemos'.
9 -¿Qué le gustaría ser de mayor?
-Mejor abogado y todavía mejor persona que abogado.
10 -¿Tiene enemigos?
-No, que yo sepa.
11 -¿Lo que más detesta?
-La indiferencia.
12 -¿Un baño ideal?
-En el mar, de noche y en pelotas.

-¿Qué le cambió la vida?

-La paternidad. Hasta entonces nunca fui tan consciente de que esto es temporal, de que pasamos por aquí y a los dos días de irnos ya nadie se acuerda, salvo algunas personas. La poca trascendencia que uno pueda tener va a ser muy limitada. Yo aspiro a dejarle a mi hija un buen recuerdo de su padre.

-¿Qué se ha propuesto?

-Intento quererme un poquito más, ser menos severo conmigo mismo, juzgarme menos. Me empeño en hacer las cosas lo mejor que puedo, pero si no las hago perfectas no quiero que eso me agobie; lo he intentado, he hecho todo lo que he podido, es suficiente... He estado muy metido en temas profesionales que me exigían mucha dedicación, y me he enfrascado en ellos de tal modo que pienso que me he perdido bastantes cosas. Creo que yo he venido aquí, como todo el mundo, a disfrutar lo que pueda y a intentar hacerle la vida mejor, o al menos más fácil, a los que tengo alrededor. Para mí, la dimensión social es importante: por eso me he metido en este fregado de la política.

El abogado Ginés Ruiz Maciá, en La Torre de la Horadada.
El abogado Ginés Ruiz Maciá, en La Torre de la Horadada. / josé maría rodríguez / AGM

-¿A qué no está dispuesto?

-A perder la cabeza por nada.

-¿Qué consiguió?

-Como abogado de la plataforma Prolitoral, y junto a Eduardo Salazar, haber colaborado en evitar que se urbanizase Marina de Cope. Cuando contemplo esa maravilla natural, me alegró de haber puesto mi granito de arena para que siga virgen.

-¿De niño cómo era?

-A decir de mis hermanos, bastante repelente, follonero, preguntón. Soy el séptimo de ocho hermanos, y eso marca [ríe].

-¿A qué se refiere?

-Mi madre lo cuenta de vez en cuando muerta de risa: 'Yo críe a la primera, medio crié al segundo, al tercero lo acompañé y ya, a partir de ahí, me asomaba y os miraba. Por lo que me cuentan, me creía que lo sabía todo [risas]. En ese sentido, me encanta ver a mi hija consciente de que no sabe nada. Muchas veces me pregunta cosas y me dice: 'Papá, ten en cuenta que tengo siete años, no sé nada y tengo que aprenderlo todo'.

-¿Qué recuerdo le viene de la infancia?

-Cada día, comer todos juntos en la cocina era como una fiesta. De hecho, como mi madre es muy 'gallinica' y nos llevamos todos muy bien, seguimos comiendo todos juntos cada vez que podemos.

-¿Cuándo fue consciente de lo alto que era?

-Un verano, tras regresar a Murcia de pasar el verano en la Torre de la Horadada, al entrar a mi casa me pegué un talegazo en la cabeza que vi las estrellas. Había crecido en dos meses once u doce centímetros, ¡una burrada!

-¿Es incómodo?

-Sobre todo cuando quieres pasar desapercibido [risas].

-¿Qué fue un acierto?

-Empezar a jugar al baloncesto; empecé con 10 u 11 años y dejé de hacerlo a los 36 o 37 años. Y hasta hace un par de años entrené al UCAM Jairis femenino.

-¿Qué reconoce?

-Que me pongo malo de verdad cuando pienso en esos padres que no le pueden asegurar a sus hijos la comida del día. Y no le hablo del Cuerno de África, ¡qué cojones!, vivo en el barrio del Carmen y veo pobreza, pobreza de verdad. Yo soy un privilegiado, pero hay muchísima gente que lo pasa jodidamente mal. Yo tengo una estructura familiar que me da la tranquilidad de saber que si me dejo caer me van a coger, pero hay muchísima gente que no tiene a nadie...; todo eso no me deja estar tranquilo. Cuando escucho a gente hablar de los inmigrantes que mueren en el Estrecho, diciendo cosas como que ellos se lo han buscado, me llevan los demonios...; ¿se imagina cómo tienen que estar un padre y una madre para meter a su hijo en una patera?

-¿Tenemos barco?

-No, pero no estoy en contra de tenerlo [risas] Me gusta navegar.

-¿Cómo se relaja usted?

-Con el deporte, es lo mejor para liberar tensiones. Últimamente practicaba boxeo con saco e iba al gimnasio. Ahora estoy preocupado porque llevo meses sin hacer nada. Y me lo noto en la cabeza y también en el cuerpo, porque he perdido doce kilos.

-¿Perdido o ganado?

-Perdido, perdido. Yo adelgazo cuando dejo de hacer deporte.

-¡Menuda suerte! ¿De qué verano no se olvida?

-En el verano del único curso de BUP en el que no lo aprobé todo, porque me quedó Física y Química, me fui con doce o trece colegas a hacer el Camino de Santiago. Teníamos 16 años, ya se puede imaginar cómo nos lo pasamos de bien.

-¿Qué animal metería primero en el Arca?

-Una abeja. Estoy leyendo mucho sobre la importancia que tienen.

-¿Se esperaba el batazazo que se ha llevado Podemos?

-No, aquí [en la Región] no. He sido testigo de que los 6 diputados de Podemos en la Asamblea no han tenido vida y se han matado a trabajar.

-¿Qué consejo le dieron?

-Me lo dio mi padre, el mismo que a él le dio mi abuelo: 'Intenta ser el mejor abogado, pero nunca seas mejor abogado que persona'. La historia de mi padre es muy curiosa: estudió Derecho porque el día de su Primera Comunión le estalló en la mano una granada de la Guerra Civil y perdió un brazo y un ojo. Y como ya no servía para el campo, estudió.

-¿Hay un Más Allá?

-Quiero pensar que sí. Yo hablo con mi padre, por ejemplo. A veces aquí mismo [en su despacho], o me voy al cementerio a hablar con él.

-¿Y le cuenta sus cosas?

-Sí. Y me sienta muy bien. En cuanto la tuve, cogí mi acta de concejal y me fui [al cementerio] a enseñársela a mi padre.

Afectos

-¿Qué le gustaría?

-Poder decirle a mi madre 'te quiero' y comérmela a besos. Me llevo muy bien con ella, pero me cuesta tanto poder manifestar con gestos mis afectos...

-¿Qué es cierto?

-Que aquí, en la Región de Murcia, realmente la Justicia no tiene medios para afrontar los casos de corrupción. Entras al despacho del fiscal [anticorrupción] y dices: ¡Ufff, Juan Pablo [Lozano], tío, tienes todos mis respetos!'. Es brutal su carga de trabajo.

-¿Usted tiene un precio?

-No lo conozco; desde luego, económico creo que no. Vivo [ahora] en un apartamento de 40 metros en el barrio y estoy muy agustico. No tengo grandes necesidades.

-¿Qué llegó a hacer?

-En Alemania me gané la vida como mimo en las calles. Durante varios veranos, desde que cumplí los 17 años, un amiguete y yo nos íbamos allí los veranos y vivíamos con lo que ganábamos como mimos; y nos daba para alquilarnos un piso y todo. Nuestro cuartel general [risas] estaba en Friburgo. Yo era un mimo autodidacta. Recuerdo la libertad de aquellos veranos...; después, cuando acabé la carrera, pasé un año en Alemania vendiendo artesanía, también en la calle. Me lo propuso otro amiguete brasileño, que era dueño del negocio, y acepté.