Paloma Zapata: «Los formatos híbridos son el futuro del cine»

Paloma Zapata pasea por El Valle Perdido. / Guillermo Carrión / AGM
Paloma Zapata pasea por El Valle Perdido. / Guillermo Carrión / AGM

La directora de cine afirma que «los gitanos catalanes son muy interesantes, me gusta haber podido dar una imagen positiva de ellos»

Jam Albarracín
JAM ALBARRACÍN

Sus filmes 'Casamance. La banda sonora de un viaje' y el más reciente 'Peret. Yo soy la rumba', con el que se clausuró la última edición del festival In-Edit, han consolidado a Paloma Zapata como una de las realizadoras de cine documental más prestigiosas del país. La directora murciana estudió Bellas Artes pero pronto se decantó por el audiovisual, para lo que se trasladó hasta Barcelona, donde montó su propia productora (La Fábrica Naranja) y donde lleva residiendo casi la mitad de sus 40 años muy bien llevados. Se inició en el mundillo de los videoclips, tanto para artistas nacionales (Izal, Amparanoia, Buffetlibre, Delafé) como internacionales (Both, Calexico, Oliver Nelson) y tiene ya en mente su próximo proyecto, un nuevo documental con base musical sobre la asombrosa figura de La Singla. Al hilo de la presentación en la Filmoteca de Murcia de su elogiado documental sobre Peret, la cito en El Valle Perdido. Acude con su pareja, Jordi Canora, y con su linda hija Lara.

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-¿Un sitio para tomar una cerveza? -Una terraza mirando al mar.
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-¿Una canción? - 'La Llorona', por Chavela Vargas.
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-Libro para el verano. -Estoy leyendo 'La trenza', de Laetitia Colombani.
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-¿Qué consejo daría? - Trata a los demás como te gustaría que te trataran.
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-¿Cuál es su copa preferida? -Me gustan una cerveza fría y un buen vino.
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-¿Le gustaría ser invisible? -Al contrario, creo que en mi trabajo las mujeres precisamos más visibilidad.
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-¿Un héroe o heroína de ficción? -No es de ficción: Aline Siloé.
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-Un epitafio. -'Carpe diem'.
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-¿Qué le gustaría ser de mayor? -No lo sé, quizás una versión de mí misma más sabia.
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-¿Tiene enemigos? -No, aunque no me gustan la intolerancia, la homofobia, el racismo, el machismo...
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-¿Lo que más detesta? -Me remito a la respuesta anterior.
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-¿Un baño ideal? -En las aguas cálidas del Mediterráneo.

-¿Qué tal?

-Muy bien, contenta de estar en Murcia. Siempre que puedo vengo por aquí.

-Es la mayor de cuatro hermanos. ¿Ha tenido una vida muy familiar?

-No mucho, realmente. Primero me fui a Altea a estudiar y de ahí a Barcelona, donde llevo ya mucho tiempo. Mis padres se separaron también hace muchos años, con lo cual nunca ha habido una gran cohesión familiar. La hay más con la familia de mi madre, que son todos muy personajes, muy frikis, de estos que hacen chistes de matemáticas que solo entienden ellos.

-Estudió Bellas Artes. ¿Buena escuela?

-Cuando acabé la carrera lo único que tenía claro es que no me quería dedicar al arte, así que no sé... [ríe].

-A lo mejor empezamos perdiendo.

-Estaba todo muy enfocado al arte contemporáneo y no lo veía para mí. La facultad estaba también muy politizada, con todos los pelotazos de aquellos años en Valencia. Fito Conesa es de los pocos compañeros que están trabajando en el mundo del arte.

-¿Cómo empezó en el audiovisual?

-En el último año de carrera conocí a un chico, que luego fuimos pareja, que venía de San Francisco de estudiar cine y era realizador. Estaba haciendo un documental sobre los caprichos de Goya y con él empecé a introducirme un poco en este mundillo. Él tenía leucemia y murió a los dos años o así. Entonces me fui a Barcelona y allí ya empecé un poco más en serio en el mundo del videoclip.

-¿Por qué Barcelona?

-Pues no sé, fue un poco aleatorio, no tenía muy claro lo que quería hacer, quería ver mundo y, siendo de Murcia, Barcelona me atraía más que Madrid, que es más de interior. Yo creo que a la gente del Mediterráneo nos tira mucho. Y ya conocí a Jordi [su actual pareja], empezó a irme más o menos bien con los videoclips, aunque no deja de ser un mundillo muy precario, pero me empezaron a salir cosas y tal.

Música en todas partes

-La música es una constante en sus trabajos, ya sean videoclips o documentales.

-Sí, es un poco la línea que estoy llevando y con la que empecé. La música siempre me ha gustado mucho y también me sirve para seguir una línea coherente. Creo que, más allá de la música como forma de comunicación, es un lenguaje muy válido para contar otras historias. Me gusta como punto de partida en el documental para tocar otros aspectos de forma indirecta.

-¿Le gustan los festivales indie?

-Durante varios años estuve yendo al Primavera Sound, pero le acabé cogiendo un poco de manía. Me gustan más los conciertos pequeños, el mundo más acústico. Cada vez me gusta la música más natural, con menos artificios.

-¿Qué concierto no olvidará?

-Cuando estaba estudiando, trabajaba de camarera en el Palau de la Música de Altea y una noche vino a tocar Raimundo Amador. Después del concierto nos fuimos a casa de alguien y estuvimos toda la noche tocando y bebiendo. Un concierto privado de lujo.

-Tiene dos hijas, Minerva, de 13 años, y Lara, de cuatro. ¿Cómo ha influido en su vida ser madre?

-A Minerva la tuve bastante joven, con 27 años, y fue más complicado, porque era un momento en que yo estaba empezando mi carrera y, en muchos aspectos, me resultaba muy difícil. Con Lara he aprendido a naturalizarlo todo más. Antes lo veía como dos cosas muy separadas, la vida familiar y la vida laboral, y ahora me gusta adaptar mi trabajo a mi familia, antes era al revés. Ahora le doy más valor a la calidad de vida familiar.

-Siempre ha sido bastante echada para delante. Pájaro de vuelo libre, montó su propia productora (La Fábrica Naranja).

-Siempre he intentado hacer aquello en lo que creía. Tenía claro que quería trabajar en el mundo del cine, intenté entrar en algunos sitios sin conseguirlo y fue Jordi [su chico] quien me dijo: 'Pues deja de buscar que alguien te dé trabajo y créalo tú'. Le hice caso y monté la productora. Me fui a Madrid, me recorrí todas las discográficas y, a partir de ahí, la cosa empezó a rodar.

-Debe ser muy buena, porque la industria discográfica no es una bicoca, precisamente.

-Cuando empecé era un momento en que estaba terminando una época todavía buena, los presupuestos eran interesantes aún, hice el videoclip de Peret [que años más tarde la llevaría a hacer el documental] y justo después llegó la crisis de la industria, se precarizó todo mucho coincidiendo también con el mayor acceso a la tecnología.

-Ha hecho algunos videoclips en Londres. ¿Mejor?

-No creas. Dentro de que la cosa está mejor que aquí, es todo también bastante precario. Y hay mucha competencia. Hay que presentar proyectos supercompletos en inglés y luego sale uno de cada 20. Otra cosa que ocurre en Inglaterra es que se hacen videoclips, con pasta, rodando con un superequipo, montas el vídeo y luego al artista no le gusta y no se estrena nunca. Me ha pasado en dos ocasiones. Es un mundillo complicado, ahora hace casi dos años que no he hecho ningún videoclip.

-¿De qué clip se siente más satisfecha?

-Me gusta mucho uno que hice para Izal ('Copacabana') y uno que hice para un grupo belga en Senegal, Both ('Longest of goodbyes'). Ahí empecé a ir a Senegal, rodé un segundo videoclip y luego ya la siguiente fue para hacer el documental con DePedro [el premiado 'Casamance'].

-¿Le gusta viajar, qué busca?

-Busco enriquecerme personalmente. Creo que la mejor manera de crecer como persona y de conocer es viajando, no solo por Europa sino a países de otras culturas. Creo que te ayuda a ser una persona más completa.

-¿Qué se encuentra una mujer en pleno corazón de África?

-Que ligas mucho, pero más allá de eso no encontré grandes diferencias [ríe]. Me pareció un trato muy respetuoso, conocí a gente muy enriquecedora. No me pareció notar más machismo que el que pueda haber aquí, sinceramente. Ya en Guinea, que está al lado, es otra historia, pero Senegal es un país muy especial, en el que el hombre y la mujer se reparten muchas cosas. Hay varias aldeas en el sur en las que la mitad del año trabaja la mujer y el hombre se queda con los niños, y la otra mitad es al revés. De hecho, el mayor héroe de Senegal es una heroína, Aline Siloé, que luchó contra los colonos portugueses.

-¿Se toma vacaciones o eso de ser su propia jefa no se lo permite?

-Los meses de más turismo no son mis preferidos, pero siempre que podemos nos tomamos vacaciones, en junio, septiembre... Siempre venimos unos días a Murcia. Estuvimos una temporada yendo a Formentera. El último viaje largo que hicimos de vacaciones fue a Colombia hace cuatro años y me vine embarazada de Lara. De pequeña veraneaba en Mazarrón. Tengo recuerdos de pasarme todo el día en la playa, jugando con mis primos, entonces Mazarrón era un poco una ciudad sin ley.

-Su acercamiento a Peret se produjo a través de un videoclip.

-Para el videoclip, que fue en 2009, que estaba empezando a hacer cosas un poquito más serias, me llamaron de Universal. Peret había sacado el que fue su último disco en vida -luego hay un póstumo-, el single era 'El muerto vivo', con Marina Ojos de Brujo, y yo hice el videoclip. Peret se quedó muy contento.

-Ese fue el primer contacto.

-Ese fue el contacto, él falleció después y luego, casualmente, surgió lo del documental, porque fue Santa [la nieta], que estaba buscando a alguien y dio conmigo. Me dijo que, en principio, no lo relacionó con el videoclip.

-¿Encontró problemas de desconfianza? Una mujer paya filmando sobre el mundo gitano...

-Éramos dos mujeres: Santa, que es una mujer de armas tomar y la que tiraba del carro en su mundo, y yo. La verdad es que los gitanos catalanes son gente muy interesante, con una gran conciencia de clase.

-¿Hay prejuicios con Peret?

-Con Peret hay prejuicios, pero Peret no era machista. Me ha ocurrido que me digan: «Es la primera vez que veo una película que me hace sentir orgulloso de ser gitano». Me gusta haber podido dar una imagen positiva de los gitanos.

-Con la familia, bien.

-Había mucha predisposición porque ellos querían contar la historia para demostrar que Peret fue el creador de la rumba catalana, era lo que a ellos les interesaba. A partir de ahí, me lo pusieron todo fácil.

-Está preparando un nuevo documental, sobre La Singla.

-Pues verás, mirando en los archivos fotográficos de la familia de Peret, me encontré con fotos de una chica muy joven, de 14 o 15 años y muy guapa, bailando. Y fotos con Dalí y otros. Nunca había oído hablar de ella, así que empecé a investigar y resulta que era una niña que nació en el Somorrostro, como Carmen Amaya, que entonces era un arrabal donde vivían los gitanos en Barcelona. Se quedó sorda de bebé por una enfermedad y con 13 años hay una película que es 'Los Tarantos' (1963, Francisco Rovira Beleta, nominada al Oscar) y la que hace de Juana [la protagonista] es La Singla. Tuvo un éxito impresionante, para que te hagas una idea, la primera vez que hubo un festival flamenco en Europa ella fue la figura principal, por encima de Paco de Lucía y Camarón. Ahora vive en Santa Coloma de manera anónima.

-¿No le interesa el cine de ficción? Menos prestigio pero más pasta.

-Me gustan los formatos híbridos, creo que el futuro va por ahí.

-¿El Mar Menor tiene un buen documental?

-Sí, pero no sé si de ciencia-ficción.