Pepe Jiménez: «Soy un profesional de la soledad»

Pepe Jiménez, en su casa-ermita. / VICENTE VICENS / agm
Pepe Jiménez, en su casa-ermita. / VICENTE VICENS / agm

«Todo en la vida hay que hacerlo con arte», declara este reconocido maestro de la serigrafía

Alexia Salas
ALEXIA SALAS

Pepe Jiménez (Murcia, 1943), uno de los últimos maestros serígrafos que quedan en España, abre los ojos por la mañana en La Colonia, cerca de la pedanía de Balsicas (Torre Pacheco), pasea y recoge unos higos o una manzana de sus árboles, los saluda, se afeita bajo el cielo renacido con un pequeño espejo que cuelga de un algarrobo, se sienta un rato a pensar o no pensar, y se mete en su taller a mezclar colores. Este verano lo ocupa un encargo complejo de Canogar. «Me asomo a la ventana y veo la ermita, los árboles y mis papeles y me digo 'qué risa'», reconoce en una charla casi a oscuras, cuando el sol se ha ido ya de este templo centenario.

1 -¿Un sitio para tomar una cerveza?
-El chiringuito de Francis, en Santiago de la Ribera.
2 -¿Una canción?
-Cualquier ópera y flamenco.
3 -Libro para el verano.
-Cien años de soledad', que he leído tres veces.
4 -¿Qué consejo daría?
-No se me ocurre.
5 -¿Cuál es su copa preferida?
-Vino blanco seco.
6 -¿Le gustaría ser invisible?
-No.
7 -¿Un héroe o heroína de ficción?
-Los del oeste y más concretamente los de Henry Ford.
8 -Un epitafio.
-No lo he pensado.
9 -¿Qué le gustaría ser de mayor?
-Lo sigo pensando pero no se me ocurre.
10 -¿Tiene enemigos?
-Imagino que sí.
11 -¿Lo que más detesta?
-No sabría decir.
12 -¿Un baño ideal?
-Por la mañana prontito en el mar.

-¿Cómo ha llegado a vivir en una ermita del siglo XIX?

-Sí, es de esa época, hay un enterramiento de 1880 de Antonio Torrijos y Conesa, el noble que la hizo. Yo saqué la lápida al campo, pero ya no había restos. Esto era una cosa muy sencilla, un pastiche de estilos. Hay copia de elementos bizantinos, como el baldosín redondo del suelo, que yo reconstruí. Tiene 12 lados, dos capillas y un ábside. También dos bóvedas pequeñas que debieron tener teja y luego yo hice la forma más sencilla. Todo lo reconstruí con material baratito, pero tiene encanto.

«He visto a gente llorando por la muerte de Franco en mi propia casa»

-¿Y el arbolado?

-Todo lo planté yo. Aquí no había nada. Algarrobos, higueras, tarays, palmeras, pinos, dos limoneros. Esto, para uno que venía de Madrid, era impensable. He vivido cerca del mar, pero eso se lo he dejado a mis hijas.

-¿Cultiva la soledad?

-Soy un profesional de la soledad. Esto es algo que hay que querer y saber estar. La soledad es un aprendizaje largo, de muchos años. Yo he llegado poco a poco. Al principio no te haces. Yo empecé hace años.

-¿Con el tiempo no se puede dejar?

-Es una forma de vivir. Yo huyo de la playa llena. Voy a Mercadona cuando hay menos gente. Pero he sido fiestero, aunque ya está bien. Nos merecemos estar tranquilos.

-¿Se lo ha pasado bien?

-Lo he buscado. Y cuando lo buscas algo encuentras. Te vas dando cabezazos, pero vives. Lo importante es vivir. Encontrar un sitio como este, dentro de su imperfección, ya que ves el Cabezo Gordo destrozado, el Mar Menor... Yo viví 7 años frente al Mar Menor en una casa antigua preciosa frente al mar en La Ribera. Antes no paraba pero voy a cumplir 77 años y me encanta vivir aquí y ponerme cerca a trabajar. Es una delicia.

-¿La edad qué enseña?

-Tú buscas tu tipo de vida, aunque pagas mucho tributo a la galería. Esta última fase es la que más quería. Trabajo, sí, es mi tributo al trabajo, pero que no me molesten mucho, vivir con una economía más justa, no hacer gilipolleces como cuando tienes más vitalidad. Con la edad seleccionas. La edad te da problemas físicos. Yo he corrido, he buceado, pero luego te duele la rodilla. Oí a Juan José Millás decir que se había jodido el tobillo por culpa de la euforia (risas). Decía que la euforia le sentaba fatal. Cuidado con la euforia, que siempre hay algo que te lo jode. Hay que aceptar la naturaleza y la ecología. Me jode ver lo que hacen.

-¿Sin el arte, qué seríamos, como una lagartija o un calamar?

-El arte te da una capacidad estética y un descubrimiento para ti, un mundo de personajes que circundan el arte. Quitando el mercadeo del arte. He aprendido mucho de los artistas que tienen buena cabeza.

-¿Cuáles le han dejado más huella?

-Todos los buenos. Tienen ese misterio. He observado a esa generación de los grandes, que eran mayores que yo. Yo era serígrafo y ellos artistas importantes. Y yo obsevaba su trabajo, sus vidas y su recogimiento. Los artistas para crear se tienen que recoger. Esos grandes artistas, a lo que se hubiesen dedicado, hubieran hecho algo grande. La gente con buena cabeza hace cosas grandes en sus oficios. He conocido a un albañil de Almería que te quedas sin habla.

-¿Ha conocido al artista integral, de vida y de obra?

-No hasta ese punto. Todos somos muy humanos. Cuanto más consagrados, tal vez lo valoras más, pero es un valor de mercado. Tienen esa santidad de la pose, de haberte preparado mucho mentalmente. Ellos se enriquecen de todo lo que van encontrando en su mundo. Me impresionó Eduardo Arroyo. En otras cosas puede ser igual de gilipollas que nosotros, pero con unas vivencias muy ricas, con un mundo estético fuerte. Trabajar con uno de ellos te enriquece, hablar sobre los colores, es mejor que hacer calendarios. Pero yo he aprendido mucho más paseando por las playas, aunque ahora hay gente por todos lados. Observando el mar, las piedras, tranquilizando tu cabeza, tu cuerpo y tu espíritu.

-¿Y la lectura?

-Para todos los creadores importantes, la lectura es fundamental. Toda esa cultura de los libros, de la música, los nutre. Luego ves gente que no coge ni un periódico. Y eso se nota. Veo gente que gana mucho dinero y cuando me preguntan muchas tonterías les digo que se compren una enciclopedia. No pueden tener la cabeza de la gente que se preocupa.

-¿Ha ambicionado mucho algo material?

-Me hubiese gustado tener un Tàpies fuerte, o un Saura. Una vez entré a una casa y vi un Saura imponente y dije 'qué cuadro más cojonudo' y resulta que era de un nieto de Saura que imitaba a su abuelo. Me vale un falso también si es bueno, porque es el espíritu, la mancha, lo que vale. No notas el brochazo en un cuadro falso. Aunque sea un recorte de periódico. Ernest Gombrich, que escribió la 'Historia del Arte', tenía en su estudio tres obras impresas en offset de Tintoretto y otros. No originales. A mí me ha gustado siempre lo que me regalan los amigos, Canogar, Willy Ramos... Por lo demás, me gustan las piedras, la madera. El arte es rígido. No me van las cosas acabadas. Willy Ramos me dice que estoy siempre en precario. Prefiero ver las herramientas de mi taller, encontrar piedras en la playa. Es libertad. Un cuadro está prisionero.

-¿Prefiere la naturaleza, que cambia con las horas y las estaciones?

-Me gusta la naturaleza. Los árboles me aportan muchísimo. Cuando convives con ellos, son seres vivos importantes. Todo en la vida hay que hacerlo con arte. Mi obra de arte es mi vida, como para todos. A los 13 años mi padre, profesor mercantil, me puso a trabajar y él se marchó a Brasil. Volvió a los 14 años hablando portugués. Una historia interesante. Yo me he dedicado a observar, a leer, a organizar mi vida con ética y estética. El arte, bien, pero todos hacemos arte. De unos dicen que son mejores, y a veces la historia es injusta.

-¿Qué recuerda de su experiencia con la cartelería comprometida?

-Cuando detuvieron a Santiago Carrillo de madrugada, yo no era del PCE pero estábamos muy cerca. Gente conocida sin carné pero simpatizante. Decidimos hacer un cartel en mi taller de Paracuellos del Jarama, fíjate, con todo su significado franquista. El anagrama del PCE lo hizo Genovés. Lo hicimos de madrugada y a las 6 de la mañana ya se repartía. Los primeros carnés del PCE los hice yo. Como las imprentas no querían poner la hoz y el martillo, tuve que ponerlo en todos, que eran miles. Con aquella cartelería te jugabas la cárcel.

-¿Se vió perseguido alguna vez por su trabajo?

-Alguien debió darle el chivatazo al alcalde de Paracuellos porque, a pesar de que yo quemaba los restos del trabajo en un bidón, lo veo un día rebuscando con su bastón donde yo quemaba los papeles. Era muy facha. En las primeras elecciones, el PCE ganó en Paracuellos las elecciones por mí. En las reuniones del PCE eran muy estalinistas, imponían cosas, y eso no me gustaba. Me decían que yo era muy anarquista.

-¿Conserva sus ideales políticos?

-Soy de izquierdas. He visto a gente pasarlo muy mal y no entiendo cómo la gente olvida. He visto a gente llorando por la muerte de Franco en mi propia casa. Y tuvimos las mismas vivencias. Mi voto a la izquierda es de solidaridad.

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