Estío a la murciana

Mamen Gómez: «Mi trabajo me pone las pilas, me apasiona»

La psicóloga Mamen Gómez, fotografiada en Murcia. / vicente vicéns
La psicóloga Mamen Gómez, fotografiada en Murcia. / vicente vicéns

«Hay que aprender a vivir el presente», afirma la psicóloga de la AECC-Hospital Virgen de la Arrixaca

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

Psicóloga de la Asociación Española contra el Cáncer (AECC), Mamen Gómez (Murcia, 1969) lleva años haciendo una labor en el Hospital Virgen de la Arrixaca que le ha reportado, en mitad de tanto dolor con el que tiene que bregar, contar con el agradecimiento y el cariño para siempre de muchas personas, cada una un mundo. De las que permanecen y de las que ya no están. Casada y madre de dos hijos, de 16 y 14 años de edad, hagan el favor de no ponerle la canción 'Alfonsina y el mar' porque se echa a llorar.

1 -¿Un sitio para tomar una cerveza?
-La Bodegilla, en Las Negras.
2 -¿Una canción?
-Cualquiera de Enya.
3 -Libro para el verano.
- 'El hombre en busca de sentido', de Viktor Emil Frankl.
4 -¿Qué consejo daría?
-Escúchese en silencio.
5 -¿Su copa preferida?
-De vino tinto.
6 -¿Le gustaría ser invisible?
-No.
7 -¿Un héroe o heroína de ficción?
-Mafalda.
8 -Un epitafio.
-'Gracias'.
9 -¿Qué le gustaría ser de mayor?
-Buena gente.
10 -¿Tiene enemigos?
-Imagino que sí.
11 -¿Lo que más detesta?
-La hipocresía y la envidia.
12 -¿Un baño ideal?
-En la Playa de los Muertos.

-¿Qué no pensaba?

-Que sería capaz de formar una familia como la que tengo, de la que estoy muy orgullosa.

-¿Qué reconoce?

-Que la generosidad es algo que he ido aprendiendo con los años.

-¿Y qué le gustaría?

-Serle más útil a los demás, ayudar todavía más, en el acompañamiento que necesitan, a las personas que viven un proceso de enfermedad; a ellas y a sus familiares.

-¿No se cansa de tener un trabajo tan duro?

-¡No! Mi trabajo me pone las pilas, me apasiona. Poder decirle a una persona en situación de vulnerabilidad: 'Yo estoy aquí, y pase lo que pase voy a seguir estando, ¡cuenta conmigo!'. O preguntar: '¿Qué necesitas?', o , 'dime, ¿cómo lo hacemos?'. Y poder escuchar no lo que dicen, sino lo que sienten. Me planteo que el día que yo me levante y no tenga la pasión suficiente para venir a trabajar, tendré que buscar otra opción.

«Había estado cerrada al amor, siempre me había dado miedo, porque yo me gestiono bien y soy más o menos independiente. Pero, de repente...»

-¿Qué es lo que más tienen las personas que le solicitan apoyo?

-Miedo, con lo que más vienen es con mucho miedo.

-¿Por dónde empezar?

-Por aprender a vivir el presente, el aquí y ahora, y dejarnos de obsesionarnos con el futuro, que solo nos genera ansiedad, y de darle vueltas al pasado, que ya no se puede cambiar.

-¿Qué le han enseñado los enfermos?

-Que somos capaces de crecer frente a experiencias muy traumáticas; y que se puede crecer, además, con muchísimo amor y generando vida. Tienes que convivir con la enfermedad, pero no debe ser la enfermedad la que conduzca tu vida.

-Personas que usted ha tratado como psicóloga, y con las que ha entablado relaciones entrañables, finalmente se marcharon. ¿Cómo gestiona la suma de todas esas pérdidas?

-Estoy eternamente agradecida a todas ellas, porque ha sido maravilloso que me permitiesen acompañarles hasta el final. Yo creo muchísimo en la compasión, no en la pena. Y tengo claro que no puedo evitar la muerte de nadie, pero sí que puedo, humildemente, ayudarles a vivir hasta el final. Cuando yo pase al otro lado, estoy convencida de que todas esas personas estarán allí; muchas personas muy queridas.

-¿Usted cuándo descubrió que esto de vivir no es fácil?

-Con 30 años viví la muerte de mi hermano, que tenía 28 años, en una Nochebuena. Se mató en un accidente de tráfico por la mañana y me pasé esa noche en el tanatorio; esa experiencia me cambió la vida. Nueve meses después, mi padre murió de un infarto, porque no pudo soportar la muerte de mi hermano. Y mi tía, a la que estaba muy unida, falleció tres meses después. Pero, ¡menos mal!, ahí tengo a 'mi vieja', hecha toda una campeona.

-¿No se rebeló?

-Le estoy agradecida a la vida. Hasta ese momento, sí me rebelaba. No he sido una adolescente modelo, ni he cumplido muchas de las expectativas que se habían puesto en mí; entre ellas, se esperaba que estudiase Medicina.

-¿Qué quiso desde siempre?

-Siempre he querido ayudar. Yo era voluntaria de la Asociación Española contra el Cáncer (AECC) mucho antes de empezar a trabajar con ellos.

-¿Qué es muy importante?

-Para mí, la transcendencia lo es. Nos creemos algo, pero somos una mierda pinchada en un palo en comparación con, por ejemplo, las estrellas.

-¿Qué recuerdos guarda de su padre y de su hermano?

-Sé que mi hermano está por ahí y que ya lo veré; para mí, no se ha muerto. Nos llevamos once meses. La muerte de mi padre sí que la he trabajado, y lo tengo muy presente; todavía me peleo con él a veces [sonríe]. Es la persona con la que más me he confrontado en la vida.

-¿Y su madre?

-No tengo palabras para describirla: una mujer que ha perdido a su hijo en una Nochebuena, que ha perdido a su marido...; y no ha necesitado a nadie. Lo único que toma es un orfidal para dormir. Quiere vivir independiente, no nos ha dado ningún problema, no soporta la lástima. ¡Ella sabrá lo que ha pasado! Vivíamos en el campo, en una gran casa con chica de servicio; la vendió, no quiso llevarse nada de esa casa y empezó de cero. Se fuma un paquete diario, se acuesta a las tres de la mañana leyendo, los domingos viene a comer a mi casa cuando a ella le da la gana [risas] y no le viene mal. Me llama para preguntarme por los nietos, por mí no me pregunta nunca [risas], y he aprendido a quererla. Y la necesito. Lo importante que es para mí, ella no se lo puede ni imaginar.

Independiente

-¿Cómo conoció a Juanjo, su marido? [El oncólogo Juan José Valverde, autor del libro 'Completar la vida. Primeros pasos en el camino del buen vivir' (Salterrae)]

-Después de todas aquellas muertes, yo quería, ¡yo qué sé!, vivir sola en la huerta. Y, de repente, aparece el amor y me digo: '¡No puede ser!'. Había estado cerrada al amor, siempre me había dado miedo, porque yo me gestiono bien y soy más o menos independiente. Pero, de repente, experimenté algo que no había sentido en mi vida, hasta el punto de plantearme irme a vivir con alguien y formar una familia. Recuerdo que mi padre me dijo: 'Llevas treinta años comiéndome la cabeza con que te quieres ir a vivir a una huerta a plantar limones, y a que te dejen en paz , y yo me lo llegué a creer'. [Risas] Yo era libre cual paloma, no quería complicarme la vida. Pero es que Juanjo es mucho Juanjo: su bondad, su honestidad, su claridad...

-¿Qué le da paz?

-Muchas cosas, y desde pequeña: la luz de las velas, los olores a incienso, las iglesias... Y con lo que más me relajo es con el silencio, y también sintiendo el cuerpo cansado tras hacer deporte.

-¿Qué tiene comprobado?

-Si no duermo siete horas al día, me muero.

-¿Nunca pierde los papales?

-Bueno, a veces, como me paso todo el día dando mucha energía, a lo mejor llego a casa y, si alguien hace ruido porque se le ha caído un cubierto, me pongo que parezco la niña de 'El exorcista' [risas].

-¿Qué es una verdad verdadera?

-Nos vamos a morir.

-¿No hay nada mejor que...?

-... a mí lo que más me gusta es estar con Juanjo.

-¿A qué tiene miedo?

-Me dan miedo lo aviones.

-¿Qué le viene bien?

-Tocar tierra con los pies.

-Cuando se viene abajo, ¿qué?

-Me cuesta mucho trabajo pedir ayuda, abrirme...; lloro, me desahogo y dejo que pasen esos momentos. Y no tomo ninguna decisión en caliente. También hablo con mi tía, o le pido ayuda a quien en ese momento se me pase por la cabeza, ¡como tengo tantos ejemplos de vida en los que fijarme!

-¿Morir no le da miedo?

-No, morir no me da miedo. A lo que sí temo es a que los míos no me den permiso para morir, para irme. Yo espero que me deseen luz aunque no sea con ellos. Les tengo dicho que, cuando muera, arrojen mis cenizas en la Playa de los Muertos [en Almería], y que luego se vayan a comer a 'La ola' o a 'La chumbera' y se pidan un buen pescado...; [risas] mi hijo mayor me dice: 'Mamá, ¿hasta después de muerta vamos a tener que hacer lo que tú digas? ¡Haremos lo que que nosotros queramos!' [más risas]. Es que soy muy mandona.