Cristina Sánchez: «Soy muy buena compañera de viaje»

Cristina Sánchez, en el puerto de Cartagena. /Pablo Sánchez / AGM
Cristina Sánchez, en el puerto de Cartagena. / Pablo Sánchez / AGM

«Yo estoy aquí por él [Fernando López Miras], porque creo que puede hacer un buen trabajo por el bien de esta Región», sostiene la consejera de Turismo, Juventud y Deportes

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

Nacida la menor de tres hermanas, de padre madrileño y madre de Cabezo de Torres, Cristina Sánchez (Murcia, 1976), profesora de la Facultad de Educación, era vicerrectora de Alumnos de la UMU cuando desembarcó, de la mano de Fernando López Miras, en la política regional. También él la ha nombrado consejera de Turismo, Juventud y Deportes. Enemiga de toda forma de conformismo o de pereza, asume riesgos confiada en su capacidad de trabajo y en el optimismo inteligente que cultiva, y al igual que Gulliver, procura no aminorarse por la existencia en este mundo de los seres más extraños, sean habitantes de Liliput o personajes inclasificables. No va por la vida con ningún cargamento de prejuicios a cuestas. Luce una sonrisa que se inicia en los Pirineos y se pierde en las Islas Canarias.

-¿Qué no la veremos haciendo, ahora que ha entrado usted en política?

-Ni ahora, ni antes: yo no ofendo a nadie, no insulto, no soy maleducada, no falto al respeto a la gente. Y confío en que los demás se comporten igual.

-¿Qué consiguió?

-Estudiar lo más bonito que se puede estudiar: la especialidad, como diplomada en Magisterio, en Educación Musical. Yo he sido muy feliz siendo maestra, porque ya desde pequeñita jugaba a serlo. Era todavía muy niña cuando empecé a perseguir mis sueños: quería ser maestra y me encantaba bailar. De hecho, yo me licencié después en Psicopedagogía, cuyos estudios alterné con el trabajo, porque quería ser mejor maestra, no por hacer carrera universitaria; eso llegó sobre la marcha.

-¿Qué recuerda de aquellos años?

-Llegué a enseñar Matemáticas cantando a los alumnos de tercero de Primaria, en Javalí Nuevo. Yo era profesora de Música, pero ese año tuve que enseñar Matemáticas. Y no lo debí hacer mal, porque luego me he encontrado con algunos de aquellos alumnos y guardan un buen recuerdo.

1 -¿Un sitio para tomar una cerveza?
-Gallo Blues. En Espinardo.
2 -¿Una canción?
-'Cuando el mar te tenga', de El Último de la Fila.
3 -Libro para el verano.
-'La inutilidad del sufrimiento', de María Jesús Álava.
4 -¿Qué consejo daría?
-Pon el corazón en todo lo que haces.
5 -¿Cuál es su copa preferida?
-Vino blanco.
6 -¿Le gustaría ser invisible?
-Cuando me salen canas, sí.
7 -¿Un héroe o heroína de ficción?
-Peter Pan.
8 -Un epitafio.
-«Puso el corazón en todo lo que hizo».
9 -¿Qué le gustaría ser de mayor?
-Feliz.
10 -¿Tiene enemigos?
-No me paro a pensar en eso.
11 -¿Lo que más detesta?
-La maldad.
12 -¿Un baño ideal?
-En alta mar.

-¿Qué es una verdad verdadera?

-Llevo el movimiento en mi ADN, me podría pasar todo el día sin parar de bailar.

-¿La noche no?

-No, a mí me gusta madrugar y aprovechar bien el día. Soy diurna; por las noches, mejor en casa.

-¿Qué suele pasarle?

-Me fascino con cada nueva responsabilidad que asumo y me entrego al máximo. No pienso en nadar y guardar la ropa.

-¿Qué no volvería a hacer?

-Volvería si fuese necesario, pero no me gustaría, a pasarme otro año entero estudiando catorce horas al día. Cuando por fin me examiné, fue como si resucitara.

-¿Qué reconoce?

-Analizo muchos las cosas, no dejo de hacerme preguntas, me encanta hacer diagnósticos y proponer soluciones, me gusta asumir riesgos, y no me acomodo a lo ya conseguido. Y dándome a la gente me siento bien, me gusta servir, sentirme útil.

-¿Qué es aunque no lo parezca?

-Muy tímida.

-¿Qué decisión le costó mucho trabajo tomar?

-No es nada fácil separarte de alguien con quien llevas catorce años, con quien has ido creciendo. Pero ya le digo que no creo que sea positivo acomodarte, en ningún aspecto de la vida, por temor a lo que pueda pasar después, por tenerle miedo al riesgo. La vida consiste en asumir riesgos. Te hacen crecer. No me instalo en la rutina, ni en las inercias.

-¿Manda más en usted el corazón o la cabeza?

-El corazón siempre, aunque eso no implica que no analice las cosas, que no recoja y ordene toda la información antes de tomar decisiones. Ya sabe que soy experta en diagnósticos [sonríe todavía más, si es que esto es posible]. No es que tenga sangre fría, pero sí es verdad que soy valiente y luchadora. Nunca me he conformado sin más con lo que hay, ni he dicho 'esto es imposible', 'no hay esperanza', 'de esta no salgo'. Me niego a decir que no hay salida, siempre hay una salida; siempre hay esperanza. No me sirve el 'más vale malo conocido que bueno por conocer'. Reconozco que no me gusta mucho estar con gente que continuamente esté quejándose, porque yo veo oportunidades en todo lo que nos pasa. Recuerdo que, cuando cumplí 21 años, me regalaron 'El optimismo inteligente', un libro con el que me siento muy identificada. Pero todo hay que trabajárselo, también el optimismo. He vivido algún episodio..., con alguna persona muy querida por mí..., difícil, muy duro e inesperado...; vale, te lamentas, te preguntas por qué ha tenido que ocurrir..., pero conviene pasar a la acción cuanto antes: ¿qué solución puedo aportar yo?, ¿en qué puedo ayudar?

-¿Niños?

-No. Me encantan los niños, pero este no es el momento de tenerlos. Siempre dejo una puerta abierta; yo no nací diciendo no quiero tener hijos, no me quiero casar...; la vida va viniendo. Soy muy responsable con las decisiones que tomo, ya le decía que me gusta entregarme al máximo, y en estos momentos yo no puedo asumir esa responsabilidad.

-¿Qué gente le gusta?

-La que ama lo que hace. Es una de las cosas que me gustan de mi pareja, que cree, como yo, que hay que vivir la vida al máximo, hoy, porque no sabemos lo que nos puede pasar mañana.

-¿Celosa?

-No. Le he dedicado tiempo a mi crecimiento interior. Eso de 'yo es que soy así' a mí no me vale. Todos podemos cambiar si nos esforzamos.

-¿Qué le dijo alguna vez a alguien?

-A una pareja que tuve, un día que me preguntó que cómo se ponía la lavadora: '¿Qué cómo se pone la lavadora?, ¿y por qué tengo yo que saber cómo se pone la lavadora?'.

-¿El hecho de ser mujer ha supuesto para usted alguna desventaja, algún problema añadido?

-No, nunca me he sentido discriminada por ser mujer.

-¿Hay un Más Allá?

-Ni siquiera me lo he planteado. Estudié en un colegio de monjas y allí me decían que sí.

-¿Lo de ser monja se lo planteó?

-Siempre decía que si los hábitos fuesen más cortitos, a lo mejor [risas]. Ya era muy femenina entonces. A veces gasto bromas diciendo que a mí las 'Barbies' me hicieron mucho daño... No acepto que ser femenina tenga que implicar ser cursi, o frívola u otros tópicos. Me encanta la belleza en todas sus manifestaciones, me encanta ser femenina a la hora de vestir, de moverme, de cuidarme, de buscar la armonía. Y me gusta mucho el rosa; de hecho, mi ordenador es de ese color. Además, afortunadamente, sé reírme de mí misma y respeto cien por cien a cada persona que tengo al lado.

¿Por qué no?

-¿Dónde no la veremos nunca?

-Yo qué se.

-¿En los toros?

-¿En los toros por qué no?

-Yo qué sé. ¿Cómo son sus enfados?

-Mis enfados son super 'lights'. Enseguida me vuelve la sonrisa.

-¿Vegetariana?

-Como de todo.

-¿Cómo se cuida?

-Procuro ir al gimnasio todos los días, para mí es fundamental hacer deporte.

-¿Qué no le va a pasar?

-No me voy a saltar un semáforo en rojo.

-¿Viajera?

-Me encanta viajar, pero nunca soy yo la que organiza los viajes. Yo me sumo a los que organizan otros. A cambio [risas], nunca pongo pegas, soy muy buena compañera de viaje y todo me viene bien.

-¿Cuándo lloró por última vez?

-Cuando tomé posesión del cargo de consejera. No lo pude evitar: me sentí muy arropada por mi anterior equipo en la Universidad, con el rector José Lujan, que es una persona extraordinaria, al frente, y muy bien acogida por [el presidente] Fernando López Miras y su nuevo equipo.

-¿Usted es del PP?

-No, nunca he estado vinculada al PP. Estoy en el Gobierno como independiente. De hecho, reconozco que, hasta que me llamó López Miras, mi desvinculación de la política era total; y no porque la política no sea importante, que lo es y mucho, sino porque yo estaba atenta a mis responsabilidades, volcada en ellas.

Ni se me había pasado por la cabeza entrar en política.

-¿Y López Miras la convenció?

-Sí. No nos conocíamos de nada, tan solo habíamos coincidido en algún que otro acto institucional. Y tengo que decirle que, sin él saberlo, había captado mi atención por su discurso, con el que conectaba. Yo estoy aquí por él, porque creo sinceramente que puede hacer un buen trabajo por el bien de esta Región y porque me transmite buenas sensaciones.

-Pues no vea la alegría que le va a dar. ¿Se imaginaba como consejera de Educación, por su vinculación con la UMU?

-De verdad que no, yo no me imaginaba nada. Y, de hecho, al día siguiente de saber cúal sería mi cargo, yo veía ya la Región con ojos de consejera de Turismo, Juventud y Deportes. Recuerdo que coincidí en un ascensor con un grupo de extranjeros y que estuve a punto de ofrecerme de guía para enseñarles todas las maravillas de nuestra Región.

-¿Dígame algo?

-No hace falta sufrir para crecer, ya se lo digo yo.