«Las bolas son como las mujeres»

José María Quetglas, en la playa de Los Alcázares próxima al Centro de Alto Rendimiento Infanta Cristina. / Juan Carlos Caval / AGM
José María Quetglas, en la playa de Los Alcázares próxima al Centro de Alto Rendimiento Infanta Cristina. / Juan Carlos Caval / AGM

José María Quetglas. Billarista y asesor de Formación de la Unión Mundial de Billar

DANIEL VIDAL

Sonríe con la misma facilidad con la que sus ojos abren paso a las lágrimas, lo mismo hablando de la «felicidad» que le aportan nietos, como de los «improperios» que de vez en cuando ha soltado José María Quetglas (Murcia, 1947) a las bolas de billar con las que tantas décadas de vida ha compartido este histórico as del taco y el tapete y ahora formador (no solo entrenador) de las futuras estrellas mundiales de las tres bandas. «El billar no es un deporte minoritario», defiende el 25 veces campeón de España, hoy asesor de Formación y Tecnificación de la Unión Mundial de Billar. Acaba de ganar la medalla de bronce en el Torneo Mundial de Leyendas, celebrado hace solo unas semanas en la ciudad belga de Eeklo. Solo pudo batirle en la semifinal Raymond Ceulemans, «que es algo así como el Messi y el Cristiano Ronaldo del billar juntos, y multiplicado por diez», define. Empleado de banca jubilado, también se retiró de la competición profesional hace ya varios años, aunque llega como un crío con zapatos nuevos de dar clases a un chaval de Grecia con el que acaba de echar «un partido».

-¿Y quién ha ganado?

1
-¿Un sitio para tomar una cerveza? -El Fénix, en Murcia.
2
-¿Una canción? -La Parranda.
3
-Un libro para el verano. -'La caída de los gigantes', de Ken Follet.
4
-¿Qué consejo daría? -Sé honesto.
5
-¿Cuál es su copa preferida? -'Gin-tonic'.
6
-¿Le gustaría ser invisible? -No, a mí me gusta que me vean.
7
-¿Un héroe o heroína de ficción? -El Capitán Trueno.
8
-Un epitafio. -Sentí a Murcia en lo más profundo de mi corazón.
9
-¿Qué le gustaría ser de mayor? -Un experto en solucionar los problemas de la Región, que son muchos.
10
-¿Tiene enemigos? -Todo el mundo tiene enemigos, aunque no sé dónde están los míos.
11
-¿Lo más detestable? -El delito, la traición.
12
-¿Un baño ideal? -En la playa del Galán, en La Manga, al atardecer.

-Yo, claro (risas). Pero es muy jovencico, tiene 16 años. Está empezando ahora y ha venido a aprender. Ha venido con unas concentraciones de la Unión Mundial de Billar, de dos semanas, de las que soy responsable de tecnificación y promoción. Es la última semana. Ahora toca descansar, que me lo he currado.

«La mayor pifia de la administración pública española ha sido el trasvase del Ebro»

-¿Se cansa uno de ganar?

-No. Lo que pasa es que se acaban las fuerzas y se acaba la energía, como ley de vida, para seguir ganando. Se tienen menos facultades. Llega un momento en el que la vida te dice que tienes que parar, que no puedes continuar.

-¿Y cuándo lo supo?

-Lo supe siempre. Aproveché en 2006, que tenía mucho trabajo en la preparación de los deportistas que tenía aquí [en el Centro de Alto Rendimiento de Los Alcázares]. Gané dos torneos importantes y me marché como número dos del ránking nacional, por detrás de Daniel Sánchez, que es sensacional, cuatro veces campeón del mundo. Vi una oportunidad de oro para dejarlo entonces. Después he jugado algún torneo, porque estás con los amigos, lo pasas bien, y estás haciendo algo que te gusta y que no puedes despegar de tu vida.

-Y cuando pierde, ¿qué?

-He perdido muchas veces, y hasta es bonito, porque participas de la alegría del contrario por haberte ganado (risas). ¿Y por qué no? Sí, ha habido de todo. Todavía recuerdo derrotas que no olvidaré en mi vida. Le puede llamar de todas las maneras. Incoherentes, injustas, con mala fortuna, mala leche, que decimos aquí. Pero también he tenido victorias extraordinarias. Y eso lo mezclas y es la carrera de un deportista. Todo se compensa. Tengo un 'score' bastante equilibrado.

-¿Se aprende más de las victorias o de las derrotas?

-Los fracasos te enseñan. Cuando tienes un fracaso, lo que tienes que hacer es tomar buena nota y entrenar todo lo que tenías que haber hecho y que no hiciste. Pero en cualquier aspecto de la vida. Yo siempre he huido del fracaso, he tenido mucho miedo al fracaso. Y, quizá, lo que me guiaba a esos triunfos, que para mí han superado a los fracasos, ha sido el sentimiento vanidoso de salir fuera y volver a Murcia con un triunfo importante para que se enterara todo el mundo. Además, lo he dicho siempre, yo he sido un mimado de los medios de comunicación en esta Región, sobre todo gracias a antecesores suyos de la parte deportiva, grandes maestros del periodismo como Juan Ignacio de Ibarra, o Antonio Montesinos, sobre todo, al que yo quería mucho. Si ganaba, ¡cuánta gente se alegraría en Murcia de que yo fuera campeón o tuviera un triunfo internacional importante! Eso era vanidad pura, pero me encantaba.

-Toda la vida jugando a lo que uno jugaba de pequeño no es una mala vida, ¿no?

-Hombre, hacer lo que a uno le gusta... Fui director en mi época de banca, y no podía más con los traslados. En la Federación Española de Billar me salió el trabajo que yo quería hacer, y me moriré haciendo lo que me gusta. Del billar no me puedo separar. El billar es mi vida. Como decía Ceulemans el otro día: «No es que sea imprescindible; es que es mi vida». Va unido a mí. A mis amigos, a mi familia. Mi familia ha nacido en el billar.

-¿Y su primera partida?

-A los doce años, en los billares Segura. Aunque también iba a los billares Fontes. Tengo 70, y ese recuerdo no se va. La afición me llegó porque teníamos una figura en Murcia, extraordinaria, que se llamaba Pepe Carrillo. Él y yo fuimos a la selección española durante diez años; el primero y el segundo del 'ranking' nacional éramos de Murcia. Me acuerdo de la primera partida que jugué con un amigo, Juan Poveda, al que le metí una serie de veinte carambolas de tacada, y eso me valió para ganar mi primera copa. Ahí está, en la sala de billar que tengo en casa.

-Los billares de entonces no tenían un ambiente muy propicio para los críos, ¿no?

-Por los billares Segura, en aquella sala de la calle Villaleal que regentaban los hermanos Lázaro y Antonio Segura, pasaba lo más granado de la juventud murciana. Los mozalbetes de las mejores familias. Le podría decir cantidad de gente. Juan Ramón Calero, que fue presidente de Alianza Popular [en la Región de Murcia], la familia Galán, la familia Carrillo... Todos nos juntábamos allí. Era un pequeño refugio para hacer las primeras travesuras. Fumarte un Celtas corto, o un Ideales de papel amarillo. Y luego llegabas a tu casa con peste a tabaco y tu madre te calentaba pero bien. Pero era una juventud súper sana. Una juventud que pensaba, con mayúsculas. No cometíamos atrocidades. Teníamos la Trapería para pasear, el Tontódromo para encontrarnos con nuestros amigos. Catorce, quince años. Yo me sentaba en los billares a ver partidas y a grandes jugadores.

-En el billar ya no se fuma.

-Aquí ya no fuma nadie. Yo fumaba. Hace ya muchos años que lo dejé. Allá por los 90, en una charla que yo estaba dando para la Universidad de Murcia, me criticaron que yo estaba dirigiéndome a los alumnos, a los deportistas, fumando. Me sentó tan mal que, 'ipso facto', dejé el tabaco. No he vuelto a coger un cigarro en mi vida. También por el tema del deporte. Yo he corrido maratones, aunque ya no. Estoy operado de la espalda, de una hernia lumbrar, y también tengo un par de operaciones de próstata, aunque eso no influye. Sigo haciendo ejercicio. Ahora me dedico a andar con los bastones nórdicos. Me ha enseñado un amigo croata que estuvo entrenando con [el tenista Novak] Djokovic.

La artrosis y los nietos

-¿Cómo se ve?

-Muy bien. A pesar de que la artrosis te come conforme vas cumpliendo años, ahora mismo estoy eufórico porque me mantengo bien. Estoy feliz, sigo jugando bien y me queda todavía mucha correa. Lo que pretendo es ser muy útil.

-¿Cuál ha sido la mejor jugada de su vida?

-La mejor jugada de mi vida ha sido crear una familia para poder disfrutar ahora de mis tres nietos. ¡Que ninguno quiere jugar al billar! Y ese es un pequeño trauma que tengo. Los cambios que la sociedad ha provocado con el tema de las nuevas tecnologías, ordenadores, teléfonos móviles, la wifi, y todas estas historias, ha hecho que los niños abandonen el juego libre, las manualidades, la lectura, la escritura. Una cosa que se me quedó grabada de un entrenador de atletismo que tuve es que una persona que sepa leer y escribir bien no tendrá ningún problema para situarse en esta vida. Eso trato de integrarlo en la educación de mis nietos. Me encanta estar con ellos. El pequeño [Álvaro] juega en el Murcia Promesas, juega muy bien. Va a cumplir siete años. Y al abuelo le toca ir detrás del nieto para ir a verlo jugar por esos campos de la Región. [Se emociona] Tengo mucha ilusión. El nieto es la ilusión de la familia. Imagínese. A estas edades, va buscando uno la ternura de los críos y el apego que uno tiene a los nietos.

-¿Qué le aportan?

-Muchísima felicidad. Y más integridad familiar, si cabe [se emociona]. Es mi debilidad.

-A las bolas de billar, ¿qué les suele decir?

-[Arquea las cejas, sorprendido, y sonríe] Yo hablo con las bolas, sí. Y, a veces, les suelto improperios y cosas indeseables [ríe]. Yo digo que las bolas son como las mujeres. Si ellas no quieren, no tienes nada que hacer. Más vale que te vayas para otro lado [ríe]. Las bolas de billar tienen vida propia. He tenido muchos desencuentros con ellas. Y muchos encuentros, también. Es una materia viva, y no me refiero al marfil, que es una materia viva de verdad, pero que ya no existe. Si no a las actuales, a las reglamentarias, que son de pasta de composición, de resina de poliéster. [Vuelve a emocionarse] Me agrada mucho esta pregunta. Es la primera vez que me la hacen, pero es que es verdad. Cualquier billarista habla con las bolas. ¿Qué les digo? En Andalucía, por ejemplo, se diría «hay que ser hija de la gran puta» [risas].

-¿Se portan mejor las bolas cuando se las insulta?

-No, no. ¡Se ponen peor! Esas reacciones significan que estás alterando tu equilibrio emocional en el partido. Estás rompiendo la concentración, se te va el partido de las manos y empiezas a jugar mal. No es que las trates mal, es que tú no sabes estar y rompes con la disciplinas de competición. Yo lo que digo es que ellas no tienen la culpa de que tú seas un 'paquete' (risas).

-Y a sus alumnos, ¿qué les dice?

-Hablo mucho con ellos. Trato de imbuirles la idea de que, sin estudio y sin trabajo, no van a llegar. Es imposible. El deporte debe ir unido a los estudios. Que el deporte ayude en un futuro a su profesión.

«De lágrima fácil»

-Se emociona usted con facilidad, ¿no?

-Sí, soy de lágrima fácil. Me emocionan las cosas que salen del alma, las cosas que se dicen con el corazón. Y los recuerdos. Me emocionan mucho los recuerdos.

-¿De qué recuerdo no querría olvidarse?

-Hay muchos. Por ejemplo, el nacimiento de mi primera hija, María Victoria. Tenía ilusión por un niño, y nació una niña muy rubia. Yo por aquel entonces era un admirador de Johann Cruyff, que era muy buen jugador de billar. Un primera categoría en Holanda. Tuve la oportunidad de conocerlo en un campeonato de España que se disputó en Barcelona. Estuvimos fumando un cigarro juntos. Mis compañeros me decían entonces de mi hija: «¡Es rubia, como Cruyff!».

-¿Qué le tienta?

-El bienestar. El bienestar siempre me ha tentado, pero no a cualquier precio. Siempre he tenido buenas ofertas de trabajo, pero al final terminé yéndome a la parte que me gusta, a la parte del deporte de alto nivel, que me ha dado la vida. Y saber que no voy a parar, que es lo más bonito. Sentir esa energía que tengo.

-Cualquiera diría que está usted jubilado...

-¡Qué va, qué va! ¡Olvídese! No me gusta esa palabra. Trabajo más que antes. Me jubilé en banca en 1999 y entré en el año 2000 en la Federación Española de Billar como director técnico. Y ahí trabajaba mucho, hasta que me jubilé legalmente en 2012. Pero entonces empecé a trabajar más que antes, y ahí sigo. Y viajando mucho. Y escribiendo libros.

-¿Hay mucho jubilado desaprovechado?

-Totalmente. Hay eminencias por ahí, muchos jubilados que no han tenido la ilusión que hay que tener en su profesión para luego continuarla de otra manera.

-¿Qué le parece una pifia?

-La mayor pifia que yo he tenido que soportar es el trasvase del Ebro. Esa es la mayor pifia de la administración pública española. Una traición a toda la gente del levante español. Yo creo que el único que puede solucionar ese problema es [el expresidente de la Comunidad, hoy líder de Somos Región] Alberto Garre. Me parece un gran conductor político, y no se arruga.

-¿De qué se habla poco?

-De moral y de educación.

-Este verano tampoco...

-Tampoco me he ido de vacaciones (risas).

-Acabe la entrevista.

-Antes de entregar el material, como decíamos en la mili, espero ver una Murcia en primavera.

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