Ruta africana

Ruta africana

Las víctimas hacen el viaje por tierra a Libia y Marruecos, desde donde cruzan en patera, bajo supervisión de las mafias que incluso les entregan un bebé para evitar la expulsión

Doménico Chiappe
DOMÉNICO CHIAPPEMadrid

La mayor y más organizada red de proxenetas tiene sus raíces en Nigeria, aún cuando existen clanes en Marruecos y algunos casos aislados en Guinea Conakry. Este grupo sortea controles policiales con documentos genuinos pero datos falsos, por dos rutas terrestres. Una por Libia y Níger, en patera hasta Italia y en autobús a España, y otra por tierra a Marruecos y de ahí en patera u ocultas en vehículos hasta España. Aquí entra también la trata marroquí, que «no se ajusta a un modelo único» como el nigeriano. En ocasiones la organización les proporciona incluso un bebé a las mujeres que llegan por mar para evitar la devolución. «Ninguna viene en avión», asegura Ana María Estévez, coordinadora de la Unidad de Rescate de Apramp. «Pasan muchos meses en Libia, donde vulneran sus derechos, sufren violaciones, ven gente morir de inanición y las venden».

Al llegar a España, son obligadas a contraer matrimonio para iniciar los trámites de estadía legal o piden asilo. Así evitan una posible deportación. La deuda inicial de más de 30.000 euros se incrementa con los gastos de alojamiento y manutención. Incluso tienen que pagar multas. A eso se le conoce como «servidumbre por deudas». En los últimos cinco años la Fiscalía ha investigado a 378 hombres y 288 mujeres sospechosos de pertenecer a este entramado, que tiene ramificaciones a nivel internacional, con contactos con jefes de otros países, como Turquía o Francia, y suelen utilizar «lenguaje críptico o dialecto» en sus comunicaciones.

Los proxenetas llaman «niñas» o «hijas» a sus víctimas, que pueden -o no- saber que se prostituirán, algo «irrelevante» a juicio de la Fiscalía, pues aunque acepten no conocen las condiciones reales de vida. En el caso de las nigerianas la relación con sus captores se refuerza por medio de ritos de vudú, que forma parte de su cultura. «Aquellas que no cumplan el pacto andarán sin sentido en la vida, como una serpiente que se arrastra», explicó una víctima, según recoge la memoria de la Fiscalía, que narra el caso de una menor de edad dirimido en la Audiencia Provincial de Barcelona, a la que le cortaron «las uñas de los pies y mechones de cabello para un ritual vudú, advirtiéndole, por no tener en ese momento el joven vello en la zona púbica, que una vez crecido el pelo de dicha zona corporal, se tomaría otro mechón de dicho lugar, lo que infundió serio temor».

«La procesada introdujo en un sobre o papel además de las uñas y el cabello cortado, una fotografía de ella desnuda que se le realizó allí mismo», prosigue el informe fiscal, «advirtiéndole que, si no pagaba su deuda, si intentaba huir o llamar a la policía, enfermaría y se moriría, ritual propio del vudú que infundió a la crédula muchacha un hondo temor, dadas sus creencias en concomitancia con su atávica cultura». Para que una denuncia progrese, debe hacerla la propia víctima. De ahí que sólo hayan sido condenados 89 mujeres y 100 hombres entre 2015 y 2018.