En busca de la belleza inédita

Flamencos alzando el vuelo en el lago Natron, Tanzania. Segundo premio del certamen en la categoría de Naturaleza. / HAO J.
Flamencos alzando el vuelo en el lago Natron, Tanzania. Segundo premio del certamen en la categoría de Naturaleza. / HAO J.

Un despegue 'flamenco' en Tanzania; la aleta de un rorcual en Japón; la hora del té kazajo. Son algunas de las mejores Fotografías de Viajes 2018 de National Geographic

ICÍAR OCHOA DE OLANO

La ingeniera Reiko Takahashi anhelaba, sobre todas las cosas, un encuentro cara a cara con una ballena jorobada. En sus escapadas vacacionales siempre corre con su cámara en la misma dirección, el mar. Su pasión es esa, sumergirse en los océanos y fotografiar estampas subacuáticas. Mantarrayas gigantes, tiburones... Tiene retratos de todos ellos. Pero su inusual álbum familiar estaba incompleto. A principios de año decidió hacer un viaje a la costa de la isla de Kumejima, cerca de Okinawa, en Japón, un conocido lugar de nacimiento de esos rorcuales. Colgó en la oficina el cartel de 'vuelvo en unos días' y cogió su equipo de esnórquel. Allí cumplió su sueño y allí, sin sospecharlo, sacó la imagen que acaba de ganar el premio absoluto del concurso de Fotografía de Viajes 2018 de National Geographic.

«Tenía muchas ganas de observar el vínculo entre una ballena jorobada y su cría. ¡Y ocurrió!», cuenta la feliz autora. La ingeniera y reportera de la vida marina se unió a un pequeño grupo de buceadores. Un guía experto les dio instrucciones previas de cómo comportarse entre ballenas: entrar en el agua de forma tan silenciosa como sea posible, permanecer inmóvil y mantenerse a una distancia de seguridad de los animales. El avistamiento, claro está, no estaba garantizado. En la primera mañana en la que Takahashi se sumergió en las cálidas aguas del Mar de China Oriental, una hembra y su cría le estaban aguardando. El bebé ballena nadó enseguida hacia los buceadores, moviendo la cola y las aletas, llena de energía. «Me volví loca», confiesa la afortunada artista. «De repente, yo estaba nadando detrás de ella. Me enamoré de su cola, dinámica, grande y hermosa». De inmediato, imaginó la foto: la espalda de la cría con la superficie tranquila del agua sobre ella. Clic. Prácticamente se puede rozar la piel del cetáceo con los dedos.

«Fue muy especial poder inmortalizarla completamente relajada y en aguas calmadas», cuenta. «Y también poder acompañarlas por un rato. Percibí un gran amor entre ellas. La cría era curiosa e inocente. La madre, siempre vigilante. Al final vino a por ella y se marcharon juntas».

A unos 11.000 kilómetros de allí, a la sombra del 'Ol Doinyo Lengai' o Montaña de Dios, un macizo de 3.188 metros de altitud que oculta el único volcán activo de Tanzania, el colorista lago Natrón siempre está listo para dar espectáculo. Se ha nutrido durante centurias de sus cenizas, una dieta que lo ha convertido en salino e inhóspito. Solo los flamencos hacen escala allí. Sus algas les resultan irresistibles. Hao J. estaba sobrevolando el extraño paraje a bordo de un helicóptero cuando una legión de miles de aves rosadas inició las maniobras para emprender el vuelo. «Antes de despegar necesitan correr un poco para coger velocidad. En ese momento, sus largas patas rojas crearon unas líneas onduladas en la superficie del lago que, vistas desde el cielo, parecían gigantescas plantas que fluían en el agua». La fusión de verdes, centrinos con vetas negras y turquesas resulta adictiva. El jurado del certamen la ha destacado como la segunda mejor fotografía en el apartado de Naturaleza.

Visión mágica

Idéntico puesto, dentro de la categoría de Ciudades, ha merecido 'Geometría del sol' o la visión aérea de Enrico Pescantini sobre el mágico yacimiento de Teotihuacán. «Significa 'lugar donde los dioses fueron creados' y eso es exactamente lo que los visitantes sienten cuando pasean por la Avenida de los Muertos hasta llegar a la gran pirámide, dedicada al dios Sol. Me fascina cómo la luz del amanecer conquista únicamente la mitad de la imagen, mientras que la otra mitad permanece en la oscuridad», describe el autor, un apasionado de la arqueología y las antiguas civilizaciones. «Ese día madrugué para evitar aglomeraciones y eché a volar mi dron para comprobar si lo que había ideado en mi cabeza era posible». Vaya si lo fue.

Gary Cummins viaja sin compañía. Esta vez el destino era Hong-Kong, una megalópolis atestada de humanos que viven «apilados. Quería reflejar su modo de vida». Trepó a lo alto de una urbanización de rascacielos y se asomó al vacío. «Lo raro fue, con tanta gente como hay allí, poder mostrar una serie de servicios vacíos». El resultado es tan plástico como vertiginoso. 'Solo en la multitud' se ha llevado una Mención especial.

La mejor instantánea en la categoría de Gente ha recaído en Alessandra Meniconzi y en su delicado y preciosista retrato de Damel, un joven kazajo envuelto en pieles que se calienta las manos con un humeante cuenco de té, en Mongolia occidental. «Es un país poco poblado, pero los habitantes son muy acogedores. El té para la cultura kazaja simboliza la hospitalidad. No es solo una bebida, sino una ceremonia donde se entremezclan la tradición, la relajación y el placer», explica la artista.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos