Bautismo en aguas fecales

Fieles procedentes de Ucrania se bautizan por segunda vez./m. ayestaran
Fieles procedentes de Ucrania se bautizan por segunda vez. / m. ayestaran

Los ecologistas de Tierra Santa piden detener los ritos de purificación del cristianismo en el río Jordán debido a la alta contaminación de su cauce

MIKEL AYESTARAN

Una valla de la Policía de Israel cierra el camino de los fieles al Jordán. Confusión. Comentarios en voz baja, codazos, sonrisas, expectación. «¡Yo no me meto ni loca, y no es por el frío; el agua está asquerosa, parece muy contaminada!», exclama una peregrina argentina desde lo alto de la barandilla en Qasr el Yahud (castillo de los judíos), uno de los lugares a los que cristianos de todo el mundo acuden para purificarse con el agua del río en el que Juan, el Bautista, no solo bautizó a Jesús, sino que le señaló como el Mesías. No todos los guías alertan de una contaminación que provoca que «la calidad e integridad del agua estén lejos de los estándares necesarios para un baño sano, muy distantes de lo que se exige en Israel, Estados Unidos o Europa», afirma Gidon Bromberg, director de la organización EcoPeace, que pide «detener los bautizos y el llenado de botellas de recuerdo» hasta que mejore la analítica del cauce.

La ONG dedicada a la protección del medio ambiente lleva años alertando de esta situación, que ha cobrado actualidad después de que el diario británico 'The Guardian' revelara hace una semana que la bacteria fecal en las aguas «ha crecido hasta niveles seis veces por encima de lo recomendable». Situado al sureste de Jericó, Qasr el Yahud es el tercer lugar más sagrado de Tierra Santa para los cristianos, después del Santo Sepulcro de Jerusalén y la Natividad de Belén. Está gestionado por el Ministerio de Turismo de Israel, que lo ha incluido dentro de su red de Parques Naturales, y sus portavoces defienden a ultranza la salubridad del baño. «En este lugar del Jordán medimos la calidad del agua cada dos semanas y, según las directrices del Ministerio de Salud, es suficiente para permitir el bautismo», afirma Yaniv Cohen, responsable de la relación con los medios de Parques Naturales, que eleva a 600.000 el número de visitantes que recibe anualmente Qasr el Yahud.

Fuentes a las que ha tenido acceso este medio confirman que el agua se analiza cada dos semanas en el lugar santo, pero también admiten que se han recogido pruebas de que la concentración de la bacteria 'Escherichia coli' -conocida como 'E. coli'- supera los 1.000 cfu (unidad que mide la cantidad de microorganismos) por cada 100 mililitros. Se trata de un indicador específico de la contaminación fecal humana o animal en el agua, y expertos consultados como Julen Rekondo, químico y periodista ambiental, aseguran que el registrado en el Jordán es «altísimo». En su opinión, capaz de provocar «problemas de salud» y, en cualquier caso, por encima de los niveles admisibles «para las actividades de baño o las recomendables para el uso recreativo asociado indirectamente al agua». Más al norte, en Yardenit, también se realizan bautizos, pero aquí la calidad del agua no supone ningún problema, según EcoPeace. «Está mucho más cerca del Mar de Galilea que Qasr el Yahud y recibe un agua apta para el baño», precisa Bromberg.

Tierra Santa

Qasr el Yahud
es el nombre oficial del sitio donde Juan bautizó a Jesús y le señaló como Mesías. Ubicado al sureste de Jericó, en la región del valle del río Jordán de Cisjordania reclamada por el Estado de Palestina y ocupada por Israel, constituye el tercer lugar de Tierra Santa para los cristianos, después del Santo Sepulcro –el punto de la Ciudad Vieja de Jerusalén donde, según los Evangelios, se produjo la Crucifixión, sepultura y Resurrección de Cristo– y la Basílica de la Natividad, que se alza sobre la cueva donde nació Jesús en Belén.
600.000
es el número de visitantes que recibe cada año Qasr el Yahud. Peregrinos llegados de todas partes del mundo en busca de la purificación se bañan en sus aguas o llenan botellas para llevárselas de recuerdo.
'Escherichia coli'
es una bacteria que habita naturalmente en el intestino de humanos y de algunos animales, pero que en grandes cantidades puede causar problemas como gastroenteritis o infección urinaria, dependiendo de si el exceso de su concentración surge a nivel intestinal o del tracto urinario.
6
veces por encima de lo recomendable han aumentado los niveles de concentración de la bacteria 'Escherichia coli' ('E coli') en las aguas del Jordán, que las autoridades medioambientales de Israel analizan cada dos semanas.

El Jordán es sagrado para cristianos y judíos, ya que, según la Biblia, las tribus de Israel cruzaron este río para entrar en la Tierra Prometida con Josué después de vagar por el desierto durante años. Pero tanto en Yardenit como en Qasr el Yahud se ven sobre todo cristianos. Llegan autobuses y más autobuses. Los que se bautizan pasan primero por las tiendas de recuerdos abiertas junto al cauce, en las que se hacen con una túnica blanca especial para la ocasión (8 euros al cambio), un pergamino que acredita su paso por el lugar bautismal y pequeños botes -desde 3,5 a 12 euros, según el tipo de recipiente elegido, algunos en forma de cruz- con agua del Jordán que muchos llevan a familiares y amigos para bautizos. En cada frasco, un sello advierte de que es «para uso exclusivo religioso». Al finalizar el baño, los fieles tienen duchas para poder cambiarse.

Escalones de oración

A diferencia de la peregrina de Argentina y su grupo, que optan por quedarse en lo alto del mirador que da al río ante los riesgos que conlleva su contaminación, un autocar con visitantes llegados de Ucrania hace su entrada. Los ocupantes descienden hacia el Jordán sin pensárselo dos veces en busca de purificación. Uno a uno, bajan los escalones con la oración en los labios. Visten túnicas de color blanco y el primero de ellos lleva en la mano un cazo metálico. Los peldaños se adentran en un líquido marrón, pero el paso hacia aguas más profundas está cerrado por una valla policial. Allí mismo, sin posibilidad de sumergirse, con el agua cubriéndoles poco más que los tobillos, los fieles de Europa oriental llenan el cazo y vierten su contenido sobre la cabeza. Una, dos, tres veces..., las que cada uno estima oportuno. Después se santiguan y piden a los compañeros que les hagan una fotografía con el ropaje empapado tras su segundo bautizo.

«La calidad del agua es suficiente para permitir el bautismo» Yaniv Cohen - Parques Naturales de Israel

«La concentración de bacteria 'E. coli' desaconseja el baño» Químico y periodista - ambiental

La presencia de las barreras desplegadas por la Policía refuerza la opinión sobre el mal estado del agua, aunque las autoridades israelíes ofrecen otra explicación. «Las fuertes lluvias de los últimos días han elevado el nivel del caudal y por eso nos hemos visto obligados a cerrar el paso de los peregrinos», sostiene Cohen, el portavoz de los Parques Naturales, que prefiere dar el tema por zanjado.

Es el mismo argumento que esgrime un guía local a una pareja procedente de Estados Unidos que sigue con atención el espectáculo de los ucranianos. A su lado, un grupo de alemanes ora con los ojos cerrados en dirección al río y a la iglesia que está en la orilla jordana, que casi puede tocarse con las manos. Los fieles acuden a las dos orillas a cumplir con el rito iniciático del cristianismo y militares de ambos ejércitos se encargan de vigilar esta frontera fluvial, donde la contaminación no sabe de santidades.

También la orilla jordana ofrece un escenario para el bautismo. Se llama Al Maghtas (que en árabe significa 'bautismo'), está nueve kilómetros al norte del Mar Muerto y en 2015 fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Con permiso de la orilla israelí, este parece ser el sitio más probable del bautismo de Jesús y por eso ha sido el que han visitado los tres últimos pontífices de Roma: Juan Pablo II, en el año 2000; Benedicto XVI, en 2009; y Francisco, en 2014. Ni el sello de la Unesco, ni las visitas papales, sin embargo, le libran de la sospecha.

Una cuenca en «colapso ecológico»

El bíblico Jordán «ha sido destruido en los últimos cincuenta años. El 96% de su cauce ha sido desviado y el poco agua que queda está contaminada por los vertidos de residuos, incluidas las aguas negras», recoge el informe sobre el estado del río elaborado por EcoPeace, que califica la situación de «colapso ecológico». El río nace en las faldas del monte Hermón (Jabal Al Sheikh para los árabes), desciende al sur hacia el mar de Galilea y desde allí serpentea por el Valle del Jordán hasta desaparecer en el Mar Muerto. 251 kilómetros de cuenca que es víctima de la disputa por controlar la mayor cantidad posible del caudal por parte de libaneses, sirios, jordanos y, sobre todo, israelíes, según la estimación de EcoPeace. Esta batalla, unida al vertido sin control de aguas residuales, convierten al Jordán en apenas una especie de canal de agua estancada y turbia a su paso por Qasr el Yahud.