Don Juan y Doña Inés, tataranietos de Cecilio Pineda

Rocío y Álvaro son mellizos y sobrinos de Brígida

García Martínez
GARCÍA MARTÍNEZ

La pieza inmortal (aunque tan mortuoria) de Zorrilla, que anda representando estos días la compañía Amigos del Tenorio, trae varias novedades resaltables. Resulta que la misma Doña Inés carga con la doble tarea de encarnar a su personaje y dirigir la obra. Y, mientras muere de amor en los brazos del burlador, el subconsciente se ocupa de que la entera representación funcione a pedir de boca. La escenografía es del afortunadamente incombustible pintor José María Falgas, que luce en los programas con un respetuoso y significativo 'don' delante.

El broche a estas curiosidades lo pone esa circunstancia tan particular de los Pineda como es la parentela. Para rizar más el rizo acerca de esta singular saga, los dichos Doña Inés y Don Juan son... hermanos mellizos.

-¿Has dicho?

Como lo oye. Y no abandono los parentescos, para añadir que ambos son, además de mergos, nada menos que tataranietos de Cecilio Pineda, actor, director y fundador de la histórica compañía. Algo parecido a la famosa Barraca -la de García Lorca y Miguel Hernández- que acercó los escenarios al pueblo. En los cuarenta, el zagalico que era yo aprendió a amar el teatro, con aquellos esforzados grupos 'de repertorio' que acudían a las ferias.

Los mellizos de este Tenorio (murciano y familiar) son Rocío y Álvaro González Pineda. Y el personaje que mueve los hilos desde las bambalinas, no otra que la popular celestina Brígida. En la realidad, tía carnal de los muchachos y Elvira por buen nombre. Ella es la pequeña de los cinco que tuvo Antonia Pineda. El segundo, Saturnino, trajo al mundo tres. Y una de sus hijas, la primera, dio a luz a los actuales Doña Inés y Don Juan.

No exagero si digo que el fundador de la compañía es un personaje de leyenda. Su biografía es paradigma de aquellos que hacen de las tablas alma, corazón y vida. Y que tienen como predilección el Tenorio. Hasta el punto de que el sino de Cecilio Pineda lo llevó a nacer y morir en noviembre. Y más aún: en ese mismo mes de 1928, «comienzan a prodigarse -como refieren las crónicas- las representaciones del Tenorio a cargo de la Compañía Jiménez-Pineda».

-¡Genial!

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