Va de jeques

Ojalá no se necesiten para salvar al Real Murcia

García Martínez
GARCÍA MARTÍNEZ

Desde que Chema Almela se ha hecho cargo de la presidencia del Real Murcia -hace solo unas horas-, los aficionados y murcianos en general ya hemos recibido algo bueno.

-A ver si lo acierto: que se acabaron las lágrimas.

Algo aún más importante: las catorce palabras. Se las traigo al lector, sin quitar ni poner una coma: «No va a llegar ningún jeque a salvar al Murcia, depende solo de nosotros».

El dios de los futbolistas bendiga al flamante presidente, pues, si queremos que el Real Murcia renazca de sus cenizas, esta consigna suya es lo primero que debemos meternos en la cabeza. Nada de milagritos. (Ni siquiera los jueves, que es cuando tenían lugar en la película famosa de Berlanga).

Por aquí han pasado jeques y cristianos disfrazados de jeques, que iban a ser la salvación de esta irredimible provincia. No hablo solo de lo tocante al fútbol. Aludo también a los arregladores de todo tipo de problemas. Lo último que se me viene a la cabeza es lo del gigantesco parque temático -avalado por una multinacional del cine- que nos iban a poner en Alhama. Menudo fiasco. Una camelancia que engatusó a los mandamases, pero que, conociendo los percales, el pueblo llano se tomó a pitorreo. No insistiré enumerando otros proyectos fallutos, pues no me gusta remover el cabreo secular de tantos paisanos desengañados.

Fueron muchos los que se fiaron de cuatro (o cuatrocientos) embaucadores, que vinieron hasta aquí (o que estaban aquí desde antes) por atún y a ver el duque. Porque no todos venían de fuera. Hemos tenido jeques del terreno, que enarbolaron también la bandera de nuestra salvación y, si te prometí, no me acuerdo.

Chema Almela (que es sanador de profesión) entra con excelente pie. No esperar a que venga algún supermán a sacarnos las castañas del fuego, ya es un primer paso. Añade nuestro amigo que «Gálvez lo ha dejado todo hecho un solar». Pues mejor me lo pones. Para construir algo espléndido, nada mejor que un buen solar. Un pedazo de solar, vaya.

¡Venga, joder! Seamos enfermeros -¡todos a una!- de este médico tan sensato. Sin jeque, pero con jaque. Y, luego a luego, mate.

¡Suerte que tenga, don Chema Almela!

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