Florentino o la fuerza del sino

Sembradores de vientos, recogedores de tempestades

García Martínez
GARCÍA MARTÍNEZ

Es probable que la culpa no sea de nadie, antes bien del sino (como sucedió en la pieza famosa del Duque de Rivas).

Cuando Lopetegui dejó compuesta y sin novio a la selección, porque Florentino lo llamó con urgencia para entrenar al Real Madrid, hubo reacciones a montón. Unos se cabrearon con Florentino, otros con Rubiales y los de más allá con Lopetegui. No pocos criticaron a los tres. Y solo seis u ocho -buenas gentes amigas de la concordia sin causa-, ni siquiera abrieron la boca, con tal de no molestar.

Víctimas de aquella escandalera fueron: la por entonces invicta Roja, los jugadores convocados por el seleccionador nuevo, el pobre Hierro -que se vio obligado a dimitir, aun cuando no tuvo culpa de nada- y, en alguna medida, la tan numerosa afición, que por fortuna olvida pronto.

-Menos los que no olvidamos.

Vale. Menos esos. La decisión florentina de ponerle delante la zanahoria a Lopetegui, junto con la decisión de este de coger el hato y salir arreando, conformaron todo un espectáculo. Después vino la segunda parte, un descalabro tras otro del Real Madrid, a las órdenes (quizás no del todo atinadas) del preparador que dejó de ser leal a la Selección de todos.

-De casi todos.

Vale. De casi todos. (Hoy no amaneció el lector con el mejor de los talantes). La cosa es que Lopetegui está en la cuerda floja, en tanto que Florentino no sabe por dónde tirar.

Escribí en aquella ocasión -y no es que me las quiera dar de listo- que suceso tan infausto como dejar a la selección nacional en la puta calle, era sobre todo un pecado contra la estética. La entente cordialísima entre Florentino y el míster de la Roja superaba con mucho lo deportivo. Y algo como lo que ahora está pasando tenía que pasar.

Cuentan que Florentino anda como loco buscando un entrenador para el Madrid. Y que la totalidad de los tentados le dan calabazas. Incluido Mourinho, ya ves, que en su día salió por piernas. Quienes saben de números dicen que, si despiden a Lopetegui, habría que soltarle... ¡dieciocho millones de euros!

Atié qué vientos (los de antaño) y atié qué tempestades (las de hogaño).

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