Y España, con estos pelos

El cambio de 'look' ha rendido también al sexo que llamaban fuerte

García Martínez
GARCÍA MARTÍNEZ

El cambio más llamativo registrado en la sociedad española (desde el Franco inhumado hasta el Franco pendiente de exhumación) se refiere al pelaje. En las señoras y en los caballeros. Comoquiera que, a estos últimos, las modas les afectan menos, me voy a detener en la manera en que los varones han manejado sus pelos. Igual los de arriba del todo que los del rostro.

Las primeras barbas aparecieron tímidamente hace ya bastantes años. Por entonces, lucirla era la identidad más visible de la gente progre o de izquierdas. Era como un manifiesto, una explicación sin palabras de la preferencia política. Se daba en jóvenes. Ancianos con barba eran escasos: ciertos médicos, escritores y mendigos.

Visto lo visto, individuos que militaban en las derechas o en el centro, decidieron que ellos no iban a ser menos. La barba inició así el proceso por el cual dejaría de ser identitaria. Hoy en día, la mitad de la población masculina se la deja crecer. Es una moda generalizada que está causando furor. Las barbas ya no revelan nada, salvo una cosa: si su dueño es o no cuidadoso con ella. Porque, quieras que no, una barba bien llevada requiere dedicarle alguna atención. Resulta fantástico, por así decirlo, el entusiasmo imitativo en lo que se refiere a este adorno capilar.

Parecido a como se ha hecho con los pelos de la cara, se ha modificado también la forma de tratar los de la cabeza. El 'Arriba España' de los años cuarenta (que así se titulaba una forma de arremangarse el flequillo) fue dejando paso -con el discurrir de los quinquenios y principalmente entre ejecutivos y políticos- a una como visera, sustentada supongo que por una gomina que le proporcionaba tiesura. En el tiempo que ahora corre, niños y adultos (no así ancianos) andan con la perola recortada al cero: tanto el cuello, como el cogote y los parietales. En lo alto manda una pelambre engrifada a propósito o bien una cresta mohicana.

La actual moda capilar querría presumir de novedosa, pero no puede, para disgusto del márquetin. A quienes ven series (como, por ejemplo, 'Peaky Blinders', de Netflix), estas manipulaciones del pelaje les suenan a viejas.

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