Sexta gran extinción: notas sobre la parte que nos toca

A. FÉLIX CARRILLODOCTOR EN BIOLOGÍA Y COORDINADOR DEL PROGRAMA DE CONSERVACIÓN DE FLORA SILVESTRE DE LA REGIÓN DE MURCIA

Aunque los medios de comunicación no dejan de contarnos como decrece alarmantemente la biodiversidad fruto de la actividad humana, no es la primera vez que la tierra sufre un fenómeno de extinción en masa de especies, ya que ha sucedido otras cinco veces durante el tiempo geológico. Esta sexta gran extinción que está teniendo lugar hoy día es, al menos, del orden de 100 veces más rápida que ninguna de las anteriores y, a diferencia de ellas, es nuestra especie la responsable de la catástrofe. Así, si hacemos un análisis general a escala planetaria, en el último siglo se han extinguido animales como la paloma migratoria, el lobo marsupial, el ostrero canario, el bucardo (cabra del Pirineo), o plantas como el olivo de Santa Elena, el nazareno, el jinjolero cubano, etc.

Pese a todo, aparentemente no pasa nada, ya que salimos al campo y seguimos viendo los mismos árboles (pinos carrascos generalmente) y creemos que las extinciones ocurren casi todas fuera de nuestro país, pero haciendo zoom en Murcia, sí que parece que suceden o han sucedido extinciones muy significativas en ella durante época histórica, como son: encebra, oso, lobo, foca monje, quebrantahuesos, abedul, aliso, avellano, acebo y tejo.

En Iberia, el calentamiento climático y el posible descenso de las precipitaciones son los factores de mayor amenaza. Así, utilizaremos como ejemplo el ascenso térmico en los espacios fríos y relativamente húmedos que existen por encima de los 1.700 m. de altitud en Murcia, donde se desarrolla la vegetación de alta montaña, constituida por un pinar en baja densidad de pinos blancos ('Pinus nigra'), entre los cuales crecen pastizales de gramíneas y matorrales almohadillados, hábitat que solo aparece bien representado en nuestra región dentro de Sierra Seca (Revolcadores) y Cuerda de la Gitana, constituido por plantas como: enebro de montaña ('Juniperus communis'), ajedrea de montaña ('Satureja intricata intricata'), melosilla ('Andryala agardhii'), terroncillo ('Arenaria tetraquetra murcica'), toliaga amarilla ('Genista longipes'), lechuga azul ('Lactuca perennis granatensis'), entre otras. Podríamos pensar que cuando aumente la temperatura, al ser estas plantas propias de zonas frescas, se refugiarán en altura (más frío) hasta los 2.014 m. que alcanza Sierra Seca, pero este espacio ya lo tienen ellas en gran parte ocupado, por lo que solo irán constriñéndose en altitud. Además, cuanto más ascendemos, la superficie de suelo disponible es menor en términos absolutos, hasta el punto de que por encima de los 2.000 m. de altitud solo hay 1,80 hectáreas de la Región de Murcia en Sierra Seca. Por lo demás, si tenemos en cuenta que cada 100 metros de ascenso altitudinal suponen aproximadamente un descenso de temperatura media de 0,65 grados, un aumento térmico medio de más de 1,95°C (diferencia térmica que hay entre los 1.700 y los 2.000 m. de altitud) podría resultar letal, tengamos en cuenta que la temperatura media ascenderá para final de siglo entre 1,5 y 4°C. Esto quiere decir que las poblaciones de plantas de alta montaña citadas para Cuerda de la Gitana y gran parte de Revolcadores desaparecerán, o solo podrán sobrevivir en algún exiguo retazo relicto, o en la pequeña superficie existente por encima de los 2.000 m. de altitud, todo ello, siempre que ocurra el escenario de aumento térmico más benigno (aumento inferior a 1,95°C). Las administraciones públicas pueden actuar, pero si no existe ya un lugar apto ecológicamente para las especies, el trabajo será difícil y con alto nivel de incertidumbre.

Esperemos que, como nuestros galos favoritos, estas especies resistan todavía y siempre al invasor cambio climático. Por cierto, a colación de especies invasoras y sus consecuencias para nuestra tierra ya hablaremos en próximas entregas.

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