La lengua de las belugas

La investigadora de la Fundación Oceanogràfic Audra Ames saluda a 'Kylu' tras el cristal del acuario del Oceanogràfic de Valencia en el que vive. / Fundación oceanográfic
La investigadora de la Fundación Oceanogràfic Audra Ames saluda a 'Kylu' tras el cristal del acuario del Oceanogràfic de Valencia en el que vive. / Fundación oceanográfic

Audra Ames, investigadora de la Fundación Oceanogràfic, estudia cómo aprende a hablar el bebé beluga 'Kylu' para descifrar el significado semántico de su lenguaje

Pepa García
PEPA GARCÍA

Audra Ames, investigadora estadounidense de la Fundación Oceanogràfic, lleva dos años sumergida en el periodo de crianza de las beluga. Un privilegio que, hasta ahora, ha disfrutado casi en exclusiva esta científica, gracias a la supervivencia del primer bebé beluga nacido en cautividad en Valencia. Las más de 300 horas de grabación de las conversaciones que tiene 'Yulka', la beluga adulta, con su hijo 'Kyle' le han permitido comenzar a descifrar, como si de una piedra rosetta se tratara, el significado de la lengua de las belugas.

«El mundo de las beluga es sonoro. En su hábitat natural, pasan medio año en la oscuridad porque viven en el Ártico, así que su principal sentido para percibir el entorno es el oído. Las belugas, además, viven en grupos y construyen sus lazos sociales mediante la amplia variedad de sonidos que producen. Escuchar sus conversaciones es como estar en una jungla llena cantos y chirridos de aves, solo que submarina, por eso a las belugas se les llama los canarios del mar», describe Ames el hábitat en que se mueve este grandioso animal que es familiar del narval.

Intrigada, como otros muchos colegas, por la comunicación entre madres y crías, Audra Ames ha seguido paso a paso los primeros balbuceos y palabras de 'Kylu', desde que llegó al mundo en el Oceanogràfic de Valencia en noviembre de 2016 y logró sobrevivir. Su interés, que ha despertado el de especialistas de todo el mundo, le ha permitido descubrir que comparte con su madre una llamada específica, a modo de «etiqueta identificativa acústica», un nombre común para la estirpe de 'Yulka'; y que habla en un rango de frecuencias mucho más amplio de lo que se pensaba.

Las nuevas tecnologías permiten registrar conversaciones en altas frecuencias, inaudibles para el oído humano

Con la bióloga argentina Valencia Vergara, la única que hace una década hizo un estudio sobre el lenguaje de las belugas, como directora de tesis, Ames se empeñó en «entender cómo usan el sonido las belugas para comunicarse», por puro interés científico y también de cara a la conservación. «Decodificar el habla de las belugas puede esclarecer la causa de la alta mortalidad de bebés beluga detectada en algunas poblaciones salvajes. La hipótesis es que el ruido procedente de embarcaciones, cada vez más abundantes, tapa la llamada de contacto de las crías a sus madres y, como consecuencia, los pequeños pueden perderse, incrementando el riesgo de muerte», detalla la investigadora del Oceanogràfic, que alerta del peligro que supondría este fenómeno, de certificarse como causa, en un Ártico con cada vez más contaminación acústica submarina.

La firma sonora de la familia

«Las llamadas de contacto son biológicamente muy importantes. Son llamadas que producen las belugas para mantenerse en contacto con sus congéneres. Es el tipo de llamada que produce una cría cuando necesita encontrar a su madre. Son como firmas sonoras, como etiquetas acústicas. En las belugas, los miembros de una familia mantienen relación durante muchos años, y creemos que algunas de estas etiquetas podrían ser compartidas por miembros de la familia», lanzó como hipótesis Audra.

El análisis de 300 horas de audio y vídeo ayudan a descifrar el significado de cada 'palabra' beluga

Precisamente poner a prueba esta teoría fue uno de los objetivos del trabajo con 'Kylu'. Ames estudió el desarrollo de esta llamada y si acababa siendo parecida a la de su madre. «Nuestro principal resultado es que 'Kylu', al igual que la cría en el único estudio de esta clase que existía hasta ahora, desarrolló al cabo de sus dos primeros años una llamada de contacto similar a la de su madre. Esto apoya la idea de que las llamadas de contacto se transmiten de madres a hijos. Si realmente ocurre así, entonces pueden contribuir a mantener la relación a largo plazo entre miembros de la misma familia en las sociedades de belugas», desvela Ames.

'Kylu', recién nacido, nada junto a su madre 'Yulka' en su acuario del Oceanigràfic. | La investigadora Audra Ames, a la derecha, charla con el equipo de cuidadores y entrenadores de 'Kylu'. | Ames muestra el 'software' usado para analizar los sonidos. / Damián Torres | Fundación Oceanogràfic

No obstante, este segundo estudio reveló diferencias, como que el desarrollo de la llamada de contacto de 'Kylu' fue más lento que la de la cría estudiada hace una década en Vancouver y que «la que produce es una que 'Yulka' no usó mucho durante el primer mes de vida del bebé», resume Ames.

«Ahora tenemos dos estudios que muestran que las crías de beluga desarrollan llamadas de contacto similares a las de sus madres hacia el final de los dos años, pero necesitamos saber más», plantea curiosa la investigadora. Quiere aclarar si las crías hembra también desarrollan estas llamadas -hasta ahora los bebés estudiados son machos-, y si las belugas siguen manteniéndola toda su vida como método de contacto familiar».

Con luz y taquígrafos

Con la ayuda de un hidrófono -registra los sonidos en el agua- y de cámaras, Ames ha podido acceder al análisis de más de 300 horas de conversaciones y comportamientos de 'Kylu' y 'Yulka' para poder asociar cada sonido con un comportamiento determinado y tratar de descifrar el significado de cada 'palabra'. «Hemos tenido un acceso constante a 'Yulka' y 'Kylu', que ¡son muy habladores! Tienen una relación muy intensa con sus entrenadores, que han sido también de enorme ayuda», agradece Audra Ames. Y explica que, para conseguirlo, empleó un 'software' de análisis de sonido específico -Raven Pro 1.5, del Cornell Laboratory of Ornithology-, que «transforma los sonidos grabados en una 'imagen'», explica la experta.

La investigación abordó el desarrollo de las vocalizaciones y su uso en relación a los comportamientos, pero también el volumen de la 'voz' de 'Kylu' comparado con los adultos y los mecanismos de producción del sonido. Así, el trabajo ha corroborado que las belugas, si no 'palabras', «tienen combinaciones de sonidos que usan en diferentes situaciones. Pueden combinar diferentes frecuencias para decir cosas distintas, pueden modificar las frecuencias para cambiar el significado. Esta es una de las cosas en que seguiremos investigando: ¿Qué significan estas manipulaciones del sonido? De investigaciones previas sabemos, por ejemplo, que las llamadas muy cortas son más bien agresivas. Queremos recabar más información sobre otros tipos de llamadas y su significado potencial, en diferentes contextos y ambientes».

En principio, analizando el aprendizaje del bebé beluga en relación al de los humanos, se podría pensar que los bebés beluga balbucean antes de hablar: primero emiten un determinado tipo de sonidos y, poco a poco, van enriqueciendo su lenguaje.

Para Ames y su directora de tesis Valencia Vergara ha habido un resultado menos esperado: 'Kylu' usa un rango de frecuencias muy amplio. «Sabíamos que las crías de beluga emiten pulsos de sonido desde el nacimiento, pero no que pueden producir una frecuencia alta, de hasta +128 kHz», aclara la autora de este estudio de importancia mundial. Es mucho más de lo registrado por Vergara, que hace una década contaba con menos tecnología.

El oído humano detecta sonidos a frecuencias entre 20 Hz y 20 kHz, por lo que, sin ayuda tecnológica, solo escuchamos parte de la conversación entre belugas, por lo que, tras esta investigación, se abre un nuevo mundo lingüístico que hasta ahora había permanecido oculto a los científicos.