Aquellos Autos de Reyes que la historia arrolló

Representación del Auto del año 1935, en la huerta de Murcia./
Representación del Auto del año 1935, en la huerta de Murcia.

La pedanía de Churra es uno de los lugares donde se conserva una de las más antiguas representaciones de toda España

Antonio Botías
ANTONIO BOTÍAS

Tal mañana como esta en que cualquier lector bregará entre multitud de regalos de los Reyes Magos, aún no hace tantos años, se movilizaba la huerta que perdimos para celebrar la Epifanía. Era una auténtica representación medieval que, de haberse conservado en todos los lugares, bien nos valdría como indispensable reclamo turístico.

Estas funciones arrancaron en su forma definitiva, según los autores, en el siglo XVIII. O, cuando menos, fue entonces cuando tenemos más noticias de ellas. Las hubo y las sigue habiendo en toda España, aunque en el municipio adquirieron no pocas particularidades dignas de estudio. Sobre todo, si a la actualidad nos remitimos, en Aledo y la pedanía de Churra, donde a comienzos de diciembre, por la Purísima, se nombraban a los mayordomos de la Virgen de la Encarnación, entre cuyas funciones figuraba «hacer los Reyes», como destacó en una espléndida obra el profesor Eusebio Aranda, titulada 'Reyes en Churra'.

El autor reseñaba que entre los papeles teatrales a repartir era el de Herodes «el más propicio al lucimiento». De hecho, incluso sentaron escuela y aún se recordaban cuando Aranda publicó su obra, en 1961, a Antonio Muñoz 'Torrijos' y su hijo, pues los papeles en la obra los solía heredar el primogénito. También muy disputados eran los Reyes, la Virgen y el Ángel, que recaían en hijas o sobrinas de los mayordomos.

Otra cosa era el papel de Demonio. Ante la dificultad de que algún parroquiano lo aceptara, no fue extraño que vecinos de otras localidades lo asumieran. Eso sucedió en Churra con José Serrano que, de forma invariable, se desplazaba desde Espinardo para tal oficio.

No era Churra la única.Relata Juan Barceló en su 'Historia del Teatro en Murcia' los orígenes de las representaciones medievales en la ciudad y, en lo tocante a las religiosas, hace referencia a los Autos de Reyes y Pastores, si bien aquellos remotos textos llegaron a nosotros en versiones popularizadas que incluían personajes como Jusepe y Rebeca, tamizados por el lenguaje de los huertanos.

Anotaba Barceló que aquellos textos antiguos, con las inevitables modificaciones, se seguían representando en no pocos lugares, entre ellos «Churra, Cabezo de Torres, Pedriñanes, Nonduermas, San Ginés, El Palmar o la Ñora».

En San Agustín

Una vez más, a comienzos del siglo pasado, fue 'El Diario de Murcia' la publicación que, bajo la dirección del inolvidable Martínez Tornel, más anotaciones dio de la fiesta. Una de ellas fue en 1901, cuando anunció que celebrarían los Reyes el día 6 de enero «con todo el aparato de tan agradable fiesta». Pero no solo se realizaron representaciones en la pedanía.

El mismo periódico recomendó otra en la plaza de San Agustín, que tuvo lugar el día 5, donde se levantó un gran tablado para que los murcianos pudieran deleitarse sin problemas de visibilidad de cada escena. Los integrantes de la función eran «jóvenes de la parroquia de San Andrés y de Espinardo», ésta última bajo la tutela de la primera. A las nueve en punto de la mañana se convocó a los fieles a una misa, en la que participaron los Reyes Magos «para hacer la adoración del Niño Jesús».

Un año más tarde encontramos referencias, también en la misma cabecera, de otros Autos en la denominada Puerta de Castilla, muy cerca del desaparecido Huerto de las Bombas, en San Basilio, donde durante muchas jornadas ensayaron los improvisados actores. Y a ellos se sumaron otros en la pedanía de La Ñora, donde la tradición se remontaba a muy antiguo. En Puente Tocinos, hoy considerada la cuna del belén murciano, también se convocaron representaciones que, en alguna ocasión, se realizaron en beneficio de la escuela de Casillas.

Las citas podrían ser interminables. El escritor y periodista José Selgas publicaba en 1883 en 'Hojas Sueltas' que el Ayuntamiento de Murcia es «en esta ocasión la luz que les indica el camino que deben seguir», igual que en la actualidad sirve el mismo espacio para recibir a sus Majestades en cada Pascua.

De igual forma, Amador de los Ríos, en su obra 'Murcia y Albacete', firmada en Barcelona en 1889, dedicó algunas partes al tema en cuestión. En ellas destacaba el Auto celebrado en la pedanía de El Palmar, a cargo cada 6 de enero de la Cofradía de las Ánimas y cuyo prólogo era la llegada de Los Reyes montados en jacas desde diversos lugares, para confluir en la parroquia entre sones de flautas y clarinetes.

Bailes de Ánimas

Allí, a la puerta del templo, se levantaba un altar donde Herodes adquiría protagonismo como curioso anfitrión de quienes se acercaban y con los que intercambiaba el tradicional diálogo entre una multitud de vecinos y un ángel a caballo, otro de los protagonistas de tan cuidada escena. El último acto era un recorrido de los Reyes y el Ángel por las casas de la localidad y la celebración del inevitable baile de pujas.

Otras escena perdida, para desgracia de quienes aman la tradición, tenía lugar en el Malecón de la capital. Así lo refiere Andrés Blanco en su obra 'Escenas Murcianas', datada en 1884. En esta ocasión, refería el autor que «apenas se encuentra un partido en la Huerta de Murcia donde no se celebre la función de Reyes». Y advertía del encuentro celebrado cada año al final del Malecón, en La Albatalía, »siendo muy vistosa aquella escena en que el rey Herodes hablaba a los Magos [...] sirviéndole la cerca del paseo como barandilla de los balcones de su espléndido palacio».

Cuenta Blanco que la fama de la fiesta se trasladó más tarde a El Palmar, aunque donde la representación alcanzó «su verdadera esplendidez» fue en la pedanía de Cabezo de Torres.

Sobre El Palmar también escribió el erudito Pedro Díaz Cassou, en este caso en el llamado 'Calendario Católico del antiguo Reino de Murcia para el año 1893'. En esta publicación ya advertía de que en la pedanía se conservaba la costumbre, perdida en la capital, «de representar autos al aire libre en la mañana de este día, y pasar la tarde en grandes bailes de ánimas».

Un tanto después, el genial Vicente Medina habría de recordar en sus 'Aires Murcianos' que «en el día de Reyes y, según costumbre vieja, lo 'mesmo' que 'tos' los años, al vivo se representan». Una referencia más a tan excelsa tradición que, mal que bien, apenas resiste el envite de los tiempos en la huerta y que los políticos, que en tantas cosas ponen harto interés, deberían ensalzar cuanto antes. Al menos, antes de que se pierdan para siempre.