La apoteosis que llegó de Oriente

Melchor saluda y reparte caramelos al público de la Cabalgata de Reyes Magos, ayer, a su paso por la plaza de Santa Isabel, en la Gran Vía. / JUAN CARLOS CAVAL / AGM
Melchor saluda y reparte caramelos al público de la Cabalgata de Reyes Magos, ayer, a su paso por la plaza de Santa Isabel, en la Gran Vía. / JUAN CARLOS CAVAL / AGM

Los Reyes Magos abogan por una ciudad igualitaria y llenan de júbilo en una cabalgata seguida por hasta 70.000 personas

Alicia Negre
ALICIA NEGRE

Con ellos se cierran las fiestas navideñas y la apoteosis toma las calles. Los Reyes Magos protagonizaron ayer una de las cabalgatas más largas que se recuerdan y que congregó en las calles de la ciudad a hasta 70.000 personas, unas diez mil más que el pasado año, según se aventuró a calcular el concejal de Cultura y Festejos, Jesús Pacheco. Un pasacalles que trajo de la mano una explosión de júbilo entre los más pequeños, que se repartieron hasta 20.000 cuentos infantiles y más de mil kilos de caramelos.

El desfile, que abrió la Banda del Cambio de Guardia de la Reina de Inglaterra -presente estos días en la capital-, giró este año en torno a los cuentos clásicos y tradicionales. Los primeros de los hasta 70 grupos que se integraron en la cabalgata remitieron alegóricamente a algunos de esos cuentos de ahora y siempre, como 'El Gato con Botas' o 'Los Tres Cerditos'. Estos grupos, que estuvieron acompañados de música y danza, repartieron entre la chiquillería hasta 20.000 de estos relatos para impulsar el placer de la lectura también entre los más pequeños.

El pasacalles contó con numerosos grupos internacionales (comparsas francesas e inglesas), que sumaron luz y magia a los elementos que se han convertido en imprescindibles, como la representación del Real Murcia, el reparto de magdalenas o el vehículo antiguo de los Bomberos. El desfile también acogió una representación del pasaje de la Huida a Egipto, con una Virgen María encarnada por la Reina de la Huerta 2018, Laura Navarro, y un grupo de pequeños pastores. Los niños aguantaron más de dos horas, con los ojos como platos, hasta que las carrozas de Melchor, Gaspar y Baltasar irrumpieron en unas calles atestadas de familias e ilusión.

Melchor, Gaspar y Baltasar reparten hasta 20.000 cuentos infantiles y más de mil kilos de caramelos

Sus Majestades de Oriente, en su frenético viaje por la Región, nunca olvidan su cita con los pacientes del hospital Morales Meseguer y el hospital Virgen de La Arrixaca, donde colmaron de regalos a los niños del Materno Infantil. También hicieron una visita relámpago, por la mañana, a la sede de la Asociación de la Prensa.

Un arranque muy dulce

La Glorieta vivió una jornada de infarto que arrancó con un plato fuerte: el reparto de alrededor de 3.000 raciones de un roscón relleno de nata -al que no le faltaron las coronas-. Una delicia que pudieron degustar los vecinos que esperaron pacientemente en formación.

Con el estómago ya más satisfecho, los más pequeños pudieron cumplir un sueño al ver asomarse a lo lejos las barbas de las tres figuras más esperadas de la jornada. Melchor, Gaspar y Baltasar hicieron su aparición en mitad de un griterío de niños entusiasmados que coreaban sus nombres. Pedro Martínez, presidente del Comité de Representantes de Personas con Discapacidad de la Región (Cermi), amparado en la tupida barba blanca de Melchor, no daba abasto para saludar a los infantes que se agolpaban a uno y otro lado de las vallas. El coronel director de la Academia General del Aire, Miguel Ivorra Ruiz, y el voluntario de Cáritas Siaka Coulibaly, irreconocibles en su papel de Gaspar y Baltasar, respectivamente, repartieron alegría a manos llenas.

«Los Reyes Magos se han dormido y hay que despertarlos para que salgan al balcón», bromeó el alcalde de la ciudad, José Ballesta, que fue el encargado de recibirlos en el Consistorio. «Entre todos vamos a llamarlos con todas nuestras fuerzas». El clamor infantil surtió efecto y sus Majestades de Oriente se asomaron al balcón municipal para saludar a la chiquillería, que se agolpaba en la plaza para no perder detalle.

Melchor, Gaspar y Baltasar aprovecharon el momento para lanzar un mensaje alto y claro en favor de la igualdad y el respeto a lo diferente. «Tenemos el deber de construir una Murcia en donde la igualdad de todos sea una realidad», recalcaron. «Cualquier persona, por diferente que sea, tiene que tener las mismas oportunidades de ser feliz y vivir con ilusión, mirando al futuro con esperanza». Un regalo que llegó en forma de mensaje.