Lorca Planes: «La pederastia en la Iglesia nos tiene a todos en vilo»

José Manuel Lorca Planes hojea un ejemplar del año 1778 sobre el catálogo de los obispos cartaginenses./GUILLERMO CARRIÓN / AGM
José Manuel Lorca Planes hojea un ejemplar del año 1778 sobre el catálogo de los obispos cartaginenses. / GUILLERMO CARRIÓN / AGM

Daniel Vidal
DANIEL VIDALMurcia

«¡Cómo pasa el tiempo!», confirma esta verdad universal el obispo José Manuel Lorca Planes («de Espinardo», Murcia, 1949) al recordar que en agosto de este año cumple una década como prelado de la Diócesis de Cartagena. Diez años «sin grandes problemas», pero en los que ha tratado de seguir una una única dirección con el mismo objetivo: «Mantener la unidad de esta Iglesia, además de cuidar la religiosidad popular y sostener la relación con Dios de muchas personas». No rehúye ningún asunto Lorca Planes, quien reitera el mensaje de la Iglesia respecto a los casos de pederastia: «Tolerancia cero».

-¿Qué retos afronta la Diócesis y su obispo para este nuevo año?

-En primer lugar, recuperar y potenciar nuestra propia identidad. En este año, concretamente, hay una cosa que me preocupa seriamente, que es el tema de la responsabilidad o la corresponsabilidad del laicado. Que tome parte activa, un protagonismo mayor y una participación en todo lo que es la vida de la Iglesia, porque la Iglesia no son solo los curas. La Iglesia es todo bautizado. Si hay una identificación del papel del sacerdote en la Iglesia es que tenemos que ser servidores del santo pueblo de Dios, no otra cosa. No nos tenemos que distinguir ni por el poder ni por otras historias que también corren por ahí, y parecen algo esencial. Lo esencial es que somos bautizados, y que nuestro proyecto es la santidad, y luego trabajar para que todo el mundo tenga conocimiento de la verdad y pueda salvarse. Ese es mi papel y el papel de cualquier sacerdote, en definitiva. Otro proyecto es que no puede estar la fe como protagonista de nuestra vida sin hacer referencia a la caridad. La caridad de estar cercanos a los que tienen más necesidades, todo lo que no está diciendo el Papa continuamente. Se trata de escuchar a Jesucristo, que habla de esta tarea como esencial. Es más, no puede decir una persona que tiene fe si olvida la dimensión de la caridad. No puedo decir que amo a Dios si me olvido de los demás. La cruz tiene dos palos, uno vertical y uno horizontal. Si se quita uno de ellos, ya no es cruz. Esa es la dimensión fundamental de un cristiano: la comunicación con Dios y la comunicación con los demás.

«La muerte no se puede considerar un derecho ni una conquista de las leyes ni nada de esto»

-Un estudio revela que España es uno de los países europeos donde más ha caído en los últimos años el porcentaje de población que se declara cristiana. ¿A qué lo achaca?

-El Papa, en el discurso que tuvo a la curia romana del mes pasado, decía precisamente que Jesús nació en una situación sociopolítica y religiosa llena de tensiones, agitaciones y oscuridades. ¿En qué se diferencia la situación de hace 2000 años a la de hoy? Prácticamente la condición humana es así. ¿Qué pasa? Que tenemos altibajos, momentos de un alza extraordinaria y otros momentos de encerrarnos en nosotros mismos. Con respecto a eso, nada preocupante. Es decir, que haya gente que haya abandonado la fe, que se haya marchado de casa, es posible. Y lo veo con dolor, hay que reconocerlo, ¿no? Pero al mismo tiempo estamos recibiendo, con alegría, a gente que había vivido una experiencia de estar alejados y, de golpe, pues descubren nuevos aspectos de lo que significa ser cristiano de verdad. Y vuelven a casa. Este es un elemento importante lleno de esperanza. ¿Lo otro? Lo otro es la vida misma.

-¿Este año será el del final de los casos de pederastia en la Iglesia?

-Ojalá no se hubiera producido nunca. Es una situación preocupante, dolorosa, y al mismo tiempo nos tiene en vilo a todos. Pero a todos. A mí el primero, con un dolor muy grande. Es una situación en la que no debíamos haber caído nunca. O no debían haber caído nunca, ¿no? A mí me corresponde, como obispo de la Diócesis, facilitar todas las cosas para desvelar si hubiera algún caso y presentarlo ante la justicia siguiendo los protocolos de la Iglesia. En este sentido sí que puedo decir, y el Papa nos lo ha recordado muchas veces, lo de la 'tolerancia cero'. Esta es una realidad que ahora mismo se está pretendiendo, colaborando absolutamente con la justicia para que esto sea así.

«Jesucristo nació en una época llena de tensiones, agitaciones y oscuridad. ¿En qué se diferencia la situación a la de hoy?»

-¿No ha fallado ese protocolo de la Iglesia en determinados casos que han supuesto escándalos mayúsculos, esa 'tolerancia cero'?

-No diría eso, porque todo tiene sus matizaciones. La voz del Papa es clarísima. Y, cuando habla el Papa, está hablando la Iglesia. Y la Iglesia está diciendo «tolerancia cero». Otra cosa es que pueda haber algún caso en el que alguien haya interpretado las cosas y haya querido salirse de madre, como suele decirse. Pero, desde luego, está claro que no puede permitirse uno ni la variación más mínima sobre la 'tolerancia cero'.

-El Papa Francisco se refirió a la fraternidad, y dijo en su discurso de Navidad que «nuestras diferencias no son un daño o un peligro, sino una riqueza». ¿Teme usted el auge del rechazo al diferente en buena parte de la sociedad?

-El Papa lo que hace es interpretar, en voz alta, lo que Jesús nos está diciendo. Y, de alguna forma, actualizarlo. La condición humana es la misma en todos los tiempos, pero en estos momentos se está dando una situación que es grave, como es todo el problema de la inmigración y los problemas que trae consigo. Pero, sin duda alguna, nos está ayudando a que no nos descuidemos en la vigilancia y en el cuidado de la dignidad de la persona. Sea del color de piel que sea, incluso de la religión que sea o de la nación que sea. No podemos perder la vigilancia, debemos cuidar que las personas sean libres y con todos los derechos. Esto es una obligación que hay que cuidar. Como Iglesia, no nos podemos olvidar de esto. Tenemos que ser personas de corazón abierto. Dios ha sido una persona de corazón abierto y nos ha enseñado a vivir así. ¿Por qué vamos a vivir con prejuicios? Hablando de la Diócesis, de la Región de Murcia... ¡Aquí la gente es muy acogedora! Aquí la gente acoge perfectamente. No tenemos problemas de racismos, ni nada de esto. Hay una gran aceptación del otro, del que ha venido en otras circunstancias difíciles o por otros medios. De hecho, uno de los sacerdotes de la Iglesia de la Diócesis de Cartagena vino en patera a España. Estando aquí, siendo acogido aquí, descubrió la llamada de Dios y hoy es un sacerdote que está sirviendo en un pueblo de la Diócesis.

«El Papa es muy claro con la 'tolerancia cero'. Otra cosa es que alguien haya querido salirse de madre»

«Ningún partido xenófobo»

-¿No le preocupa el auge de un partido político con tintes xenófobos como puede ser Vox?

-Hay mucha confusión respecto a esto. Es verdad también que hay muchos intereses creados. Yo lo que le digo es que no defiendo en este momento a ningún partido político, como tampoco echo por tierra a ninguno. Cada uno ha salido al escenario de la sociedad, y cada uno participa de una manera o de otra. He oído también que unos se dicen a otros que no son demócratas, etcétera. Por ahora no creo que eso sea así, pero en fin. Si lo es, evidentemente, algo habrá que cambiar. Pero dejemos que la gente respire. Todos tienen derecho a participar. En este sentido, no reconozco a ningún partido que se presente abiertamente como xenófobo.

-¿Dará otra vuelta de tuerca en 2019 el papel de la mujer en la Iglesia?

-Esto lo tenemos absolutamente claro. Cuando presenté el Plan Pastoral, insistí no solo en el protagonismo de los laicos, sino que separé -destacándolo- el papel de la mujer, también como agradecimiento. Las mujeres han sostenido muchísimas de las realidades que la Iglesia tiene en este momento, y lo que sucede en muchas ocasiones es que pasan de una manera como velada, oculta. Si su participación y su responsabilidad no fuera tan activa, tan extraordinaria en los consejos de Pastoral de las parroquias, en la Dirección de Cáritas de muchos pueblos, no podría funcionar todo. La participación está más que asegurada. Además, la responsable de Comunicación de la Diócesis de Cartagena es una mujer; y la secretaria general de la Diócesis es una mujer, cuando siempre ha sido un cura. En este sentido, lo tomamos con una normalidad grande, porque las cosas hay que normalizarlas. No hacer un fenómeno extraordinario de una cosa que es normal. Vale quien sirve, como decía el eslógan de una asociación juvenil (risas).

«En la Región no hay problemas de racismo. De hecho, uno de los sacerdotes de la Diócesis llegó a España en patera»

-Pero, ¿se imagina a una mujer en su cargo, por ejemplo, ejerciendo como obispa?

-Ahora mismo no me lo imagino. Yo no digo que en el futuro pudiera ser. Pero en este momento está más lejano. Sobre todo por la identificación con la figura de Jesús y los discípulos. Pero, de hecho, la entidad del hombre y de la mujer es la misma ante Dios. Somos iguales ante Dios.

-La verdadera igualdad de género...

-Ontológicamente, ante Dios somos iguales. Además, el libro del Génesis lo dice claro: 'Hombre y mujer los creó'.

-Los matrimonios por la Iglesia en la Región de Murcia representaban hace 20 años más del 80% del total, pero en 2017 no llegaban al 40%, según los datos del INE. Hay cada vez menos matrimonios por la Iglesia, y más uniones civiles sobre el total. ¿Le preocupa?

-Ha bajado el número de parejas que decide no recibir el sacramento del matrimonio por ahora, porque no podemos decir que sea una decisión definitiva. Pero también han bajado las parejas que unen sus vidas por lo civil. Más bien, lo que ha crecido son las parejas de hecho. Eso es una realidad. Explicaciones hay muchas. Ojalá que unos y otros, los que han decidido unir sus vidas con un sacramento, o con una palabra en un juzgado o en un ayuntamiento o ante un notario, se dejen iluminar por el amor y la luz de Dios y sean capaces de vivir una vida lo más coherente posible en la fidelidad y en el amor. Y, si es con los criterios de Dios, pues mejor.

El aborto, «pernicioso»

-El Gobierno regional se ha visto obligado a matizar la Ley de Familia tras las duras críticas de diversos colectivos y partidos políticos al artículo que definía el aborto como «un fracaso de la sociedad, no un derecho». ¿Qué opina?

-Yo, independientemente de los eslóganes políticos, creo que el aborto no entra dentro de las categorías del respeto a la vida. Y la Iglesia respeta la vida. Aquí no hay más matices. La Iglesia ha defendido siempre la vida, independientemente de los partidos políticos, e incluso antes de que existieran. Desde siempre. Solo por una razón, y es que creemos que la vida pertenece a Dios. El respeto a la vida es antes de nacer, o incluso en el atardecer. En cualquier momento. Hay gente que muere al servicio de los mayores, al servicio de los más pequeños. La defensa de la vida es una convicción firme. En esta línea, sí diría que es un fracaso. Bueno, un fracaso... Diría que es una cosa realmente perniciosa. La muerte no es un derecho. La muerte es algo natural que viene cuando le toca a uno. La muerte no se puede considerar un derecho, ni una conquista de las leyes, ni nada de esto. ¿Quién tiene derecho a decidir quién muere, a decidir tú mueres y tú no? Ese es el tema. No nos queremos meter en si es feminista, o masculinista o lo que sea. Cada persona, desde su concepción, tiene derecho a la vida. Los mismos médicos, en su código deontológico, tratan de defender la vida. Si estudias medicina para matar, hay algo que no funciona. Hay que favorecer la vida.

-Cáritas alertaba hace solo unos días de que la pobreza está «cronificada» en muchas familias de la Región. ¿No ha cambiado la situación desde que llegó a la Diócesis?

-Este es uno de los temas que más me preocupan. La pobreza no ha desaparecido del mapa, del horizonte de la Región. Todavía hay muchas familias con dificultades. Hay mucha gente aún con muchas dificultades para encontrar un trabajo fijo. No es fácil, porque no tenemos todos los recursos del mundo. No solo Cáritas. También hay que alabar y reconocer la labor de todos los voluntarios.

-La casa de los Dominicos en Murcia acaba de echar la persiana.

-Y los Franciscanos en Lorca, y varios conventos de religiosas. El problema es la falta de vocaciones. Sin embargo, la Diócesis de Cartagena no puede decir que estemos en horas malas. Tenemos una muy buena respuesta por parte de muchos chicos que deciden hacerse sacerdotes. Tenemos cerca de cien chicos en el seminario de San Fulgencio. En otras diócesis hay dificultades mayores. En Teruel, donde estuve unos años, había dificultades serias para responder a Dios. En la Diócesis de Cartagena no está todo resuelto, pero hay una muy buena respuesta. La respuesta en las chicas es más difícil. Esto sí que ha dado un vuelco. Históricamente, los chicos respondían menos a una llamada de servicio a los demás como vida consagrada, y las chicas siempre fueron pioneras, extraordinariamente generosas en su donación. Gente muy valiente que supo dejarlo todo para ponerse al servicio de los más necesitados.

-¿Por qué este cambio?

-El problema que está retrasando esa generosidad es quizá un problema de idolatrías, ponerle un pedestal al propio yo. Las comidas, las modas, los pendientes, la electrónica... Todo esto y otras muchas cosas que ofrece la sociedad seducen mucho, y quizás nos distraen. Llevaba razón San Juan de la Cruz al decir, mientras iba en busca del Amado: «ni temeré las fieras, ni me entretendré en las flores». Hay demasiadas historias alrededor que te pueden distraer de los asuntos que pueden ser fundamentales para la vida de una persona.

-Parece que el mundo tecnológico e hipercomunicado en el que vivimos es muy propicio para esa distracción. No salimos del túnel.

-Hay una gran contradicción. Es verdad lo que usted dice. Vivimos en un mundo de grandes comunicaciones, pero el Papa ha denunciado la soledad de mucha gente. Esto también es un gran problema.

-Otro problema mayúsculo es el de la violencia machista, que ya se ha cobrado su primera víctima mortal del año.

-Otro gran dolor. El Papa lo llamó 'aflicciones' dentro de su discurso a la curia romana, en el que también se refirió a la violencia contra las mujeres. «Cuánta inhumanidad y brutalidad nos rodea por todas partes», dice el Papa. En este sentido, nos advierte de que tenemos que ponernos las pilas. Tenemos un problema en Occidente, y es que nos hemos creído demasiado autosuficientes, y estamos perdiendo los papeles en muchos temas. En este también. En el fondo, porque estamos endiosándonos. Estamos perdiendo la referencia a Dios. Y, cuando pierdes las referencias, cuando pierdes el respeto a los demás, lo único que te interesa es tu mundo, tu éxito. Es lo que llevó al rey David a un abuso de poder, a un abuso sexual y a un abuso de conciencia. Abusar es un grave pecado, y hasta los consagrados a Dios pueden caer en eso. Lo que hay que hacer es encontrar el camino de la verdad, de la justicia, y de la dignidad de la persona.

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