Una joven, afectada por la picadura de una carabela portuguesa en Calnegre: «Sentí como si me quemara viva»

Marcas de los tentáculos de la carabela portugesa que afectó a Naomi Mateos el pasado martes. / EDU BOTELLA / AGM

Naomi Mateos, de 22 años, iba a salir del agua cuando el animal se le quedó pegado en los brazos y la espalda

MARÍA GARCÍA CLEMENTE y RAÚL HERNÁNDEZ

«Como si me inyectaran fuego o ácido dentro del cuerpo». Es lo que se siente cuando te rozan los tentáculos de la temida carabela portuguesa, que desde hace unos años ronda las costas de la Región de Murcia. Hasta ahora no se habían producido incidentes de importancia relacionados con estas medusas, pero este martes, Naomi Mateos sufrió una intensa picadura que le ha llevado a estar dos días ingresada en La Arrixaca ante la gravedad de las heridas.

Naomi, de 22 años, se encontraba en una de las calas de Puntas de Calnegre con una amiga con la que pasaba un día de playa. Después tomar un aperitivo, la joven decidió bucear con aletas cerca de la orilla, «a no más de diez metros de distancia, porque cuando no hago pie no me gusta». Tras pasear por las rocas y el agua, se dirigía a la arena y se quitó una aleta para salir. En ese momento sintió un latigazo: «Noté un dolor intensísimo desde la muñeca hasta toda la parte de atrás de la espalda. Me quedé paralizada, no me podía mover y sólo podía gritar», explica recordando el momento. Naomi trató de arrancarse los tentáculos que tenía pegados, pero sólo consiguió quemarse también las manos.

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Su amiga corrió a socorrerla y pudo, con una aleta, despegar la medusa del cuerpo de la joven y sacarla del agua para evitar que le picara al resto de bañistas que se encontraban en ese momento en la playa. «Ella vio los tentáculos azules pegados a la piel y supo reconocer que era una carabela portuguesa», indica. Desde allí se dirigieron en coche en busca de ayuda, que encontraron en un puesto militar cercano. «Se portaron de diez, una sargento me ayudó muchísimo. Pero ahí el dolor comenzó a ir a más», señala.

CEDIDA

Ambas jóvenes se trasladaron entonces al centro médico de la pedanía lorquina de Ramonete. «Allí no sabían qué hacer, me pusieron suero cuando tenían que haberme echado agua salada. Yo sólo pedía por favor que me sedaran», indica Naomi Mateos. Desde allí, ante la intensidad de la picadura de la carabela portuguesa, decidieron enviarla hasta el hospital Virgen de la Arrixaca, donde se recupera de las heridas: «No comparo este dolor a nada. Hoy ya parece que veo la luz, pero este miércoles me tiré todo el día sedada, con morfina para el dolor».

A pesar de esta mala experiencia, Mateos asegura que seguirá yendo a la playa. «Yo no voy a tener miedo. Soy un ser más, lo que me da miedo es no tener la atención sanitaria adecuada», puntualiza. Por ello, pide que todos los socorristas y personal sanitario de los centros de la costa murciana tengan la formación adecuada para tratar este tipo de picadura de medusas. Ahora, mientras que espera el alta para poder volver a casa, sentencia: «Yo tengo 22 años y soy de constitución fuerte. Pero si es un niño o una persona mayor podría haber sido mucho peor».

Falsa medusa

Los avistamientos de esta especie en las costas de la Región se empezaron a producir el año pasado. En abril de 2018 se vieron varios ejemplares en aguas de la diputación cartagenera de Cabo de Palos y playas de La Manga, Águilas y Bolnuevo (Mazarrón). Acceden al Mediterráneo arrastradas por las corrientes entre enero y febrero a través del Estrecho de Gibraltar procedentes del Atlántico. Sin embargo, en los últimos años su presencia se ha ido haciendo más habitual en los meses previos al verano. El pasado domingo 2 de junio, un bañista encontró tres de estos sinóforos en la zona próxima al Mediterráneo, en el kilómetro 8 de La Manga, junto a los apartamentos turísticos 'Hawai 5'.