El Sevilla completa la conquista mundial gracias a las manos de Beto

Los futbolistas del Sevilla celebran la Liga Europa.  /
Los futbolistas del Sevilla celebran la Liga Europa.

Los hispalenses prolongan la maldición del Benfica y se llevan en los penaltis una final agónica

RODRIGO ERRASTI MENDIGURENMadrid

El Sevilla confirmó el dominio español en Europa. Lo hizo sufriendo, agarrado curiosamente a un portero portugués que le mantuvo vivo cuando su equipo era dominado por el Benfica y sacó dos manos salvadoras en la decisiva tanda de penaltis. El equipo portugués fue mejor en el global del partido, pero actualmente los clubes españoles tienen ese gen ganador que antaño envidiaban a italianos o alemanes. Después de que el Sevilla haya levantado la Europa League, al menos desde el 24 de mayo y hasta el próximo 13 de julio, los principales campeonatos internacionales tendrán un campeón español. Actualmente España es campeona de Europa y del Mundo y Europa y en Lisboa saldrá un campeón de la Champions League madrileño.

La tarea no fue sencilla. El Benfica llegaba a otra final de la Europa League, menos de un año después de haber llorado al ver cómo se le esfumaba la Copa ante el Chelsea de Benítez en un córner colgado por Mata y cabeceado a la escuadra de modo majestuoso por Ivanovic. Aquella derrota le hizo convertirse en un conjunto perdedor que cedió tres títulos en quince días, pero se presentó en Turín convencido de poder tumbar al Sevilla. La idea era completar un triplete y de paso terminar con la maldición de Béla Guttmann. Aquella sentencia del entrenador húngaro, que salió del club tras dos Copas de Europa al serle negado un aumento de sueldo, ha perseguido a las águilas: «El Benfica sin mí nunca ganará una copa europea». Tras siete infructuosos intentos, el asunto pasó a tomarse en serio. Y tras Turín, aún más.

Arrancó el duelo muy intenso, con un primer susto para Beto antes de que Bacca emocionase a los aficionados sevillistas - los 7.000 asientos libres de UEFA deberían hacer reflexionar a los dirigentes europeos- con un remate a puerta vacía tras una mala salida de Oblak, pero estaba invalidada. Su asociación con Rakitic, el mejor sevillista de la temporada, parecía clave para poder lograr la tercera. Su calidad con el balón contrastaba con tanta pérdida e imprecisión en el inicio.

Ficha técnica:

Sevilla 0 - Benfica 0

Sevilla: Beto, Coke, Fazio, Pareja, Alberto Moreno, Carriço, MBia, Vitolo (Diogo Figueiras, m. 110), Rakitic, Reyes, (Marin, m. 78 (Gameiro, m. 103)), Bacca.

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Benfica: Oblak, Maxi Pereira, Luisão, Garay, Siqueira (Cardozo, m. 98), Rúben Amorin, André Almeida, Gaitán (Iván Cavaleiro, m. 119), Sulejmani (Almeida, m. 24), Lima y Rodrigo.

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Sin goles. Tanda de penaltis: 1-0, Lima: 1-1, Bacca: 1-1, Cardozo (para Beto): 1-2, MBia: 1-2, Rodrigo (para Beto): 1-3, Coke: 2-3, Luisão: 2-4, Gameiro.

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Árbitro: Félix Brych (Alemán). Amonestó a Fazio (m. 11), Alberto Moreno (m. 12) y a Coke (m. 98) y a los visitantes Siqueira (m. 29) y André Almeida (m. 99).

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Incidencias: Final de la Europa League, disputada en el Juventus Stadium ante 33.120 espectadores. No se llenó, ya que en la zona de entradas para UEFA había más de 7.000 asientos vacíos.

Y es que el Sevilla se pasó de frenada en el arranque y el Benfica forzó dos amarillas en 56 segundos. Primero Fazio y Alberto Moreno después llegaron muy tarde en dos acciones sobre Sulejmani, eléctrico en el centro del campo de Jorge Jesús. En la caída de la acción del lateral se hizo daño al punto que tuvo que irse lesionado, para alivio sevillista. Estaba haciendo daño y la aparición de Almeida niveló fuerzas en el medio, donde Gaitán competía por robarle el protagonismo a Rakitic.

Garay gozó de la primera gran ocasión del partido en una acción a balón parado, pero Beto sacó una buena mano abajo al central. El meta completaba el cupo portugués en un Sevilla tenía los mismos lusos (Beto y Carriço) que su rival (Rúben Amorim y André Gomes). Su aportación fue decisiva, con dos paradas espectaculares en la prolongación de la primera mitad. La primera en un cabezazo a bocajarro de Pereira y después otra a remate de Rodrigo en un mal ajuste defensivo. El susto más importante llegó justo antes del refrigerio. Gaitán se quedó ante el meta sevillista, pensó más en que Fazio le hiciera penalti y se quedó sin rematar.

El descanso permitió ordenar las ideas al Sevilla, que en la primera mitad controló, estuvo cómodo pero algo gris. Sólo cuando Reyes y Vitolo buscaron espacios, y permitieron a los laterales llegar más arriba, generaron sus mejores llegadas. Primero un disparo de Alberto Moreno, demasiado nervioso en la cita, y después Coke forzó un córner que terminó con posible penalti a Bacca, demasiado solo. El internacional vivió en angustia toda la primera mitad, después de recibir un golpe, ver una tarjeta y ver cómo los lisboetas elegían esa zona como recurso habitual.

Al regreso de la caseta, el panorama no cambió. Es más, empeoró porque perdió el balón y la calma. Dos ocasiones clarísimas, sacadas bajo palos por Pareja, Fazio y Beto. La afición del Benfica se acordó de Ámsterdam, cuando dispuso de mejores opciones que el Chelsea pero terminó encajando en la primera clara de su rival. Y sucedió, pero Reyes disparó demasiado cruzado cuando sólo Oblak le separaba de la gloria del gol. El extremo, el más experimentado en finales europeas tras su paso por Arsenal y Atlético, quiso sacar a su equipo de atrás, donde estaba metido, arriesgando demasiado al punto que Felix Byrch pudo haber decretado un par de penaltis a favor de los portugueses. La final pasó a ser abierta por la precipitación reinante, ya que nadie tenía un segundo de pausa, y en esa dinámica de locura parecía inclinada hacia el lado luso. Más presencia en el área, más sensación de peligro. Parecía increíble que se terminasen los primeros 90 minutos sin goles. Sobre todo para Jorge Jesús, que miraba el asunto con cara de asombro y sin retocar a su equipo.

Emery apenas tiró de Marin, apático, que como Rakitic estaba más pendiente en defender en su meta que buscar la rival. En la de Beto, el mejor de los suyos, estuvo la final en la prolongación. Garay, en el último córner, remató alto una pelota muerta en el área sin poder emular a Ivanovic. La prórroga es siempre territorio épico, situación en la que el Sevilla habita con naturalidad. Vino a la memoria el espíritu de Puerta ante el Schalke, el alma de Palop en Donestk, el gol de Kanouté en Glasgow. Entró Cardozo, colocándose arriba para inquietar a los imperiales Fazio y Pareja. La aparición del paraguayo hizo espabilar a Bacca, que recibió una asistencia primorosa de Rakitic para encarar a Oblak. Dispuso de todas las opciones, eligió su disparo favorito -con el exterior del pie- ero se le marchó junto al poste cuando Emery ya corría por la banda como en la semifinal de Mestalla. El técnico se la jugó y no por tirar de Gameiro con molestias en la rodilla- sino por quitar a Marin tras menos de media hora en el campo. Restaban quince minutos para evitar los penaltis. Aun lesionado, el francés le puso intensidad e inquietó a Oblak, casi al mismo nivel de seguridad que Beto.

Durante los últimos diez minutos, pese a los gestos de cara a la galería de ambos entrenadores, todos pensaron en los penaltis. Y se acordaron de Palop y sus manos salvadoras que provocaron las lágrimas del Espanyol. Fue la última final europea decidida desde los once metros. Esta vez el turno era para Beto. Se lanzaron los penaltis en la portería en la que los aficionados del Sevilla alentaban a su salvador ante el Betis, en aquella aquella eliminatoria inolvidable para la hinchada blanquiroja. No pudo con el de Lima, pero sí con el de Cardozo tras no marrar Bacca. El mismo paraguayo Cardozo que estuvo a punto de eliminar a España del camino a la gloria en Sudáfrica, fue incapaz de acertar a mandar la bola a la red como sí hizo MBia. Después repitió ante Rodrigo Moreno, el español que había llevado al Benfica al título liguero. No falló Coke y la maldición de Guttmann estaba a punto de completarse. Luisao marcó esperando que Gameiro errara y no se completase la maldición del húngaro, pero al galo le esperaba la gloria del último penalti. No marró, provocando las lágrimas de alegría de todos los sevillistas. Incluídas las de Beto, que se acordó de su padre fallecido. El Benfica cede el título después no caer en ningún duelo en todo el torneo. Guttmann seguirá presente en la mente de todos los aficionados al fútbol mundial, ese que ahora mismo domina España, con sus clubes y su selección. Conquista mundial completada.