Iniesta, el medio tiempo de Dios

Varios jugadores españoles entrenan. /
Varios jugadores españoles entrenan.

JUAN GÓMEZ JURADO

Un toque, otro, cambio de sentido, de nuevo al medio centro y vuelta a empezar. Es un esquema que se repite treinta, cuarenta veces en cada partido de la selección española, una fórmula repetitiva como un rosario, una colosal letanía a la mayor gloria de Nuestro Señor de Fuentealbilla, el mejor jugador que ha dado España en lo que va de siglo, que no es poco.

Eternamente ninguneado por los grandes premios, que alaban la espectacularidad, la estridencia, el 'Suuuu' a voz en grito, Iniesta es sin duda el monumento al jugador español impecable. Pequeño, inteligente, un prodigio cerebral que juega al ritmo de una canción que sólo él puede escuchar. Un mid-tempo tan suave como implacable.

A veces, cuando veo jugar a Iniesta, intento averiguar cuál es. Incluso he llegado a probar con distintas melodías. Creo que es Aire, de Mecano. Prueben a escuchar ese ritmo inasible, ni lento ni rápido y ese «Aire, soñé por un momento que era aire. Aire. Oxígeno, nitrógeno y argón» sin quitar la vista del balón, y luego me cuentan.

Lo triste es que la UEFA no comparte mi visión, ni la de Fatith Terim. El seleccionador de Turquía cree que Messi es el mejor jugador del mundo y que Iniesta es el mejor en el centro del campo. No es el más rápido, ni el más poderoso. Es, simplemente, el mejor. Un 8 en todas las categorías posibles, lo cual le convierte en algo tan cercano a la perfección que ni siquiera la aplicación oficial de la UEFA ha sido capaz de captar su excelencia. Ha ninguneado a Iniesta en el once inicial ideal de la primera jornada, mientras que ha incluido a Ronaldo, un jugador al que sólo se vio en la alineación oficial y en las posteriores declaraciones del partido contra Islandia. Dicen que el desempeño lo calcula un algoritmo. Yo digo que el milagro que es Iniesta sólo lo entienden los que intuyen su melodía imposible, el medio tiempo de Dios.