Así es el viaje que hace una lata reciclada, el envase de las mil vidas

Una lata en la cinta transportadora del Centro de Tratamiento de Residuos en Cañada Hermosa / LV

Los botes de refresco y conservas están hechos de acero o aluminio, dos materiales que no pierden propiedades en el proceso del reciclado. Los murcianos reciclaron el año pasado 5.688.420 kilogramos de envases de metal y plástico, un 11% más que en 2016

Raúl Hernández
RAÚL HERNÁNDEZ

Los murcianos reciclaron el año pasado 5.688.420 kilogramos de envases de metal y plástico. La cifra supone un incremento del 11 % respecto a 2016 y cada ciudadano de Murcia recicló una media de casi 10 kilos por habitante. El hábito de reciclar tiene un enorme impacto sobre el medio ambiente y sobre la lucha contra la explotación de los recursos.

Gracias al reciclado, de dos toneladas de plástico usado se ahorra una tonelada de petróleo bruto y disminuyen las emisiones de gases de efecto invernadero y residuos generados en el proceso. Asimismo, al reciclar una botella de plástico se ahorra la energía necesaria para mantener una bombilla encendida durante 6 horas o reciclando una lata se ahorra energía para ver la televisión durante 3 horas.

El viaje de la lata

El viaje de esa lata empieza en la estantería de un supermercado, de donde el consumidor la cogerá y le dará el uso para el que fue creada. El paso siguiente es fundamental, ya que es aquí cuando se decide si esa lata volverá a tener más usos o quedará confinada en algún vertedero, donde terminará contaminando.

Si por suerte llega al contenedor amarillo, su viaje hacia el reciclado comenzará cuando los camiones recolectores la trasladen al Centro de Tratamiento de Residuos, situado en la pedanía murciana de Cañada Hermosa. Allí, será depositada en un foso exclusivo para envases de plástico y metal, y transportados por una cinta hasta una máquina de cribado rotatorio o 'trómel', que distribuye los residuos por su tamaño. La fase siguiente es la separación por forma y peso en otra cinta para pasar a la selección por color. En este punto casi todos los envases están ya separados y es entonces cuando entra en juego la mano del hombre, con la última criba de un operario.

Envases de metal y botellas de plástico, fundamentalmente, se almacenan y apilan en balas que serán transportadas a los centros especializados de reciclaje que les darán un nuevo uso.

La lata que empezó este viaje podrá ser transformada en infinidad de objetos, desde la llanta de una bicicleta, una olla u otra lata. Es más, podrá hacerlo infinidad de veces, ya que el acero y aluminio con los que está hecha no pierden sus propiedades durante el reciclado, como si le ocurre al plástico o al papel, por ejemplo. Eso sucederá siempre y cuando vuelva al punto de reciclado adecuado.