Sanearán con carácter urgente tejas y cornisas de La Pólvora en el centro de Murcia

Estado de la cubierta hundida en el edificio de La Pólvora, en la calle Acisclo Díaz. / vicente vicéns / agm
Estado de la cubierta hundida en el edificio de La Pólvora, en la calle Acisclo Díaz. / vicente vicéns / agm

La posterior reparación de la cubierta derrumbada correrá a cargo del propietario, Tomás Olivo, que tendrá que respetar la fachada

María José Montesinos
MARÍA JOSÉ MONTESINOS

El edificio de la antigua fábrica de la Pólvora se cae de viejo. Parte de la techumbre se hundió hace unos días y el peligro de que algunas tejas y cascotes puedan suponer un riesgo para quienes pasan junto a la fachada, que da a las calles Acisclo Díaz y Pasos de Santiago, ha hecho saltar todas las alarmas. No solo de los vecinos y de asociaciones preocupadas por la protección del patrimonio, como Huermur, sino del propio Ayuntamiento que acometerá, con manera urgente, los trabajos necesarios para sanear tejas y cornisas y evitar así cualquier tipo de riesgo para los viandantes. Será una ejecución de carácter subsidiario, cuyo coste se pasará luego a los propietarios. Así lo aseguró ayer a 'La Verdad' el concejal de Urbanismo, Medio Ambiente y Huerta, Antonio Navarro Corchón, quien indicó que «con ayuda de los bomberos, si es necesario, se verá si hay alguna teja suelta o peligro en alguna cornisa y los trabajos se acometerán ya mismo».

Se trata de un inmueble muy céntrico, próximo a El Corte Inglés, y en el entorno se encuentran el Museo de la Ciudad, el convento de las agustinas, el Museo Taurino y el jardín del Salitre, muy frecuentado por familias y niños.

El pasado viernes, tras el derrumbe parcial del tejado del edificio central de lo que fuera la Real Fábrica Nacional de Salitres, técnicos del servicio de Disciplina Urbanística realizaron una inspección de urgencia en la que comprobaron que se había producido un desplome de la parte delantera. Ayer lunes, los técnicos municipales regresaron a la instalación y en esta ocasión lo hicieron con el arquitecto contratado por el empresario cartagenero Tomás Olivo, que es el dueño del inmueble.

Precisamente por parte de la propiedad se han llevado a cabo en los últimos meses tareas de reparación y limpieza interior, retirada de escombros y se han tapiado huecos en el edificio para evitar la entrada de indigentes, procediéndose también a la desratización. La orden de ejecución de Urbanismo continúa vigente y abarca las nuevas reparaciones que haya que acometer, como consecuencia del último derrumbe.

Por parte del estudio Clavel Arquitectos informan de que «las obras previstas incluyen la protección del cuerpo central, fachadas y estructura general del inmueble». Y añaden que «hace unos años se presentó un proyecto de demolición de las partes no protegidas en el plan del casco histórico (Pecha). Se mantenía el cuerpo central, que es el que tiene valor. Se ha hecho un estudio arqueológico para determinar la edad de cada parte del edificio y asegurar que todo está en orden». Agregan que «cuando se presentó el proyecto, algunos grupos municipales pidieron ampliar la protección a los cuerpos laterales, que eran oficinas sin valor histórico, pues eran añadidos posteriores. Para confirmar todo esto, se encargó el estudio arqueológico a instancias del Ayuntamiento, que aún no nos ha llegado pero está casi terminado»

Este histórico inmueble fue creado por una Real Orden de Felipe IV en el año 1637, siendo la única fábrica que durante la Guerra de la Independencia suministró munición a los guerrilleros que luchaban contra los franceses. Como recuerda el cronista oficial de la Ciudad de Murcia, Antonio Botías, se ubicó en la calle Acisclo Díaz, antes llamada de la Acequia. «La elección del lugar no fue baladí. Las instalaciones necesitaban del agua de la acequia Caravija». Después de ser propiedad privada, las instalaciones retornaron al Estado, que convirtió la factoría en residencia de los militares de la fábrica de pólvoras de Javalí Viejo.

Los militares dejaron el edificio en 1991. En 1998, el empresario Tomás Olivo lo compró en una subasta al Ministerio de Defensa por 400 millones de pesetas, pero la calificación urbanística que tenía la finca, apta solamente para albergar equipamientos colectivos, impedía cualquier posibilidad de negocio inmobiliario. Desde entonces ha habido conversaciones entre el constructor y el Ayuntamiento y se ha hablado incluso de levantar un hotel sin que, hasta el momento, según indica el edil, se haya concretado ningún acuerdo entre las partes.

«La arqueóloga municipal supervisará los trabajos»

El concejal de Urbanismo explica que «la propiedad tiene licencia para realizar catas en parte de los muros y en el interior del edificio y deberá realizar el trabajo de conservación de las cubiertas tras presentar un informe, en el que se detalle cómo van a llevar las labores, que serán supervisadas por la arqueóloga municipal». El edil indica que el edificio tiene grado 2 de protección en el Plan Especial del Casco Histórico (Pecha), «por lo que cualquier actuación se debe acometer de acuerdo a la memoria técnica previamente aprobada y con la metodología que se requiere en trabajos en entornos protegidos».

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