Suspenso al 'tren de la bruja'

El revisor del tren que cubre el trayecto Murcia-Cartagena comprueba el billete de un pasajero./Pablo Sánchez / AGM
El revisor del tren que cubre el trayecto Murcia-Cartagena comprueba el billete de un pasajero. / Pablo Sánchez / AGM

Viajeros del regional Murcia-Cartagena, la mayoría universitarios, no se fían del AVE y piden un cercanías

Eduardo Ribelles
EDUARDO RIBELLESCartagena

En 50 minutos de travesía, los pasajeros de un tren matinal del servicio entre Murcia y Cartagena tienen tiempo de sobra para calificarlo como «lento», «viejo» e «impuntual». Los retrasos de entre diez y quince minutos son «habituales», comentan los viajeros, entre los que son mayoría los estudiantes de la Universidad Politécnica (UPCT), que le ponen un suspenso. Por su experiencia, dicen, la mayoría de las demoras cortas son por parar en uno de los escasos tramos desdoblados, para dejar pasar a otro tren. Pero, en ocasiones, el trayecto se prolonga mucho más, como el pasado lunes: 80 minutos de retraso.

Aquel día, el 'tren de la bruja', como es calificado en el Ayuntamiento de Cartagena y en la Politécnica, hizo un alto inesperado junto a una urbanización en Sucina. Fue poco después de las ocho de la mañana y con casi cien personas a bordo. El motivo oficial dado por Renfe fue la sustitución del maquinista por «razones operativas» que «no afectaron a la seguridad». El revisor habló, al llegar a Cartagena con una hora y veinte de demora, de un problema de «señales». «Yo estaba junto a la cabina cuando tuvo lugar la entrada en la vía secundaria y escuche un '¡cuidado!', justo antes», explica César Morales, estudiante de Arquitectura que viajaba en el vagón delantero. Una discrepancia entre el conductor y el centro de control hizo que este ordenara hacer un alto y relevar a aquél.

Retrasos
Las demoras de hasta un cuarto de hora son habituales. Varias veces al año, hay incidencias más graves que las prolongan más. No suelen superar los sesenta minutos, como pasó el lunes.
Horarios
Para los usuarios, las siete combinaciones de ida y vuelta no siguen una lógica y casan mal con la rutina de la Universidad y de una jornada laboral. Renfe dice que responden a la demanda.
Antigüedad del material
Apenas hay trenes modernos, ya que todos son diésel, dado que el tramo no está electrificado. Hay algunos con más de 30 años remozados.
Mantenimiento
En general, los trenes están limpios, según los usuarios, pero sufren el desgaste.
Atención al usuario
Los pasajeros critican las explicaciones confusas o la falta de aclaraciones respecto a las deficiencias del servicio y se quejan de que no hay devolución de dinero en caso de retrasos.

En un viaje realizado 72 horas después, con más de 80 pasajeros, el tren no hizo paradas inesperadas y llegó puntual a Cartagena a las 8.35 de la mañana. Sin embargo, en otro de ese jueves, con salida desde Cartagena a la 14.45 horas, hubo siete minutos de parón, para dejar pasar a otro ferrocarril en Sucina. Sus 70 pasajeros llegaron con once de retraso a la estación del Carmen. Es la única manera de que se crucen dos convoyes en dirección contraria por una línea que en su mayor parte tiene una vía para los dos sentidos. «Pasa muchas veces», asevera, a bordo, César Morales, usuario habitual.

La mayoría de los viajeros se toman estas vicisitudes como algo imposible de combatir. «Te queda usar el sentido del humor», indica la profesora Ángela Marco. A su lado, Conchi García, funcionaria de Justicia, relata que lleva «cinco años usándolo para acudir a trabajar a Cartagena. Y hay problemas un día sí y otro también. No solo son los retrasos. Se nota la antigüedad».

Dentro, los asientos, las repisas para las maletas y el suelo están limpios pero gastados. «Da impresión de ser todo tan viejo que te parece extraño que no haya más averías», advierte Ignacio Ballesta, estudiante, sentado en un extremo del vagón delantero con dos compañeros, Alejandro Rabadán y Javier Ortiz.

Falta de información

El tren sale puntual. «¡Hemos tenido suerte!. Hay veces que se queda parado y lo sustituyen por otro. Otras, después de un rato, te meten en un autobús, sin darte explicaciones», comenta Ballesta.

A las ocho, la velocidad se aviva, al paso junto a la 'autovía del bancal', pero en las curvas de las estribaciones montañosas previas a Sucina, la macha se ralentiza. Dentro del vagón, nadie se sorprende. Al pasar junto a la urbanización, en Riquelme, Ballesta y sus amigos recuerdan lo sucedido el lunes y destacan otra de las quejas habituales: la falta de información sobre el motivo de los retrasos. «El revisor nos dijo primero que había una avería que podían solucionar en veinte minutos. Pero en más de una hora parados, nadie nos dijo la causa verdadera. Nos enteramos del relevo del maquinista al día siguiente, por 'La Verdad'», relata.

Además de mantenerles parados ochenta minutos, ese incidente obligó a otros pasajeros a esperar en las dos estaciones de escala: Balsicas-Mar Menor y Torre Pacheco. Era eso o buscar una alternativa, que fue lo que hicieron Berta Bermúdez y Javier Ortiz, también alumnos de la UPCT. «En la estación pachequera no nos decían nada claro. Así que nos fuimos con un compañero que tiene coche», dice ella.

La incertidumbre sobre los retrasos «ha hecho que muchas personas cambien el tren por el autobús de manera habitual», según Alejandro Rabadán. Otros usan su vehículo particular. «Más aún en la época de exámenes. La falta de confianza en llegar a tiempo es total», añade.

Las quejas van más allá de los retrasos. La secuencia de los siete trenes de ida y los siete de vuelta entre Murcia y Cartagena no satisface a los usuarios. «Los horarios son irregulares y difíciles de casar con cualquier rutina de trabajo», apunta Ángel García, militar. A su juicio, todo se debe a que «vivimos en una Comunidad Autónoma abandonada en cuanto a infraestructuras», a diferencia de Cataluña. «Cuando viajaba de Tarragona a Reus y a Salou, tenía un tren cada media hora. Aquí, te fuerzan a resignarte o a coger el coche y llenar la autovía», se queja.

Otro aspecto que incomoda a García es la diversidad de tarifas. «Si pierdes este tren de las 7.45, te toca coger el de larga distancia de las 8.40, que es más caro», indica. Además, «a la vuelta hay un gran intervalo sin trenes entre la una y las tres menos cuarto, que te deja tirado en Cartagena durante una hora y media si acabas tus clases la una, como me pasa a mí», explica Javier García. A esa hora salió, el pasado jueves, el tren que paró en la bifurcación de Sucina para dejar pasar a otro. Y, pese a marchar aceleradísimo en el tramo final, llegó con once minutos de retraso a Murcia. Consultados sobre esa incidencia, ni Renfe y Adif fueron capaces de dar una explicación.

La UPCT, muchos de cuyos estudiantes y empleados padecen los problemas del tren, mantiene una reivindicación permanente para mejorarlo. El Ayuntamiento se ha unido a esa causa, encabezado por la alcaldesa socialista, Ana Belén Castejón, que usa habitualmente el término 'tren de la bruja' para referirse a él. Otros partidos (Ciudadanos y Podemos) se quejaron tras el retraso del lunes de tener «un ferrocarril del siglo XIX en el siglo XXI». Pero lo que prevalece por ahora es que el ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, descartó, en enero, la implantación de un servicio de Cercanías. «No está previsto», dijo en Cartagena.

La reciente afirmación del delegado del Gobierno, Francisco Bernabé, de que «la llegada del AVE mejorará el viaje Cartagena-Murcia» generó incredulidad entre los pasajeros del tren matinal del jueves, entre otras cosas porque no se desdoblará la línea, se instalará un tercer raíl. «Todo es mentira», sentencia Javier Ortiz.

La desconfianza y el escepticismo se unen al sarcasmo como reacciones habituales entre los pasajeros. «Un tren que funciona, uno viejo; el que arranca, el que para... Cada día es una aventura. No sabes cuál te tocará», sentenció Alejandro Rabadán.

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