La Arrixaca estudia si la dieta vegetariana puede frenar el desarrollo del alzhéimer

Un cerebro sano (izda.) frente al cerebro de un afectado por el alzhéimer. /Banco de Cerebros de Murcia
Un cerebro sano (izda.) frente al cerebro de un afectado por el alzhéimer. / Banco de Cerebros de Murcia

La Unidad de Demencias participa en un ensayo clínico que evalúa el peso de la alimentación en la evolución del deterioro cognitivo

Rubén García Bastida
RUBÉN GARCÍA BASTIDA

La Unidad de Demencias de La Arrixaca de Murcia participa en un novedoso proyecto de investigación junto a la Universidad Europea de Madrid que pretender averiguar si un cambio en la dieta puede ralentizar la degeneración cognitiva en individuos con factores de riesgo. En concreto, lo que los investigadores tratan de probar es si se puede inducir una modificación en la flora intestinal a través de la dieta vegetariana que, a su vez, cause cambios en la evolución del deterioro cerebral que provoca la enfermedad de Alzheimer, de la que hoy se celebra el Día Mundial.

La directora de esta unidad, Carmen Antúnez, señala que «existe una conexión muy clara entre el intestino y el cerebro, un eje que establece una continua comunicación a través del intercambio de señales bidireccionales, y parece ser que una transición a la alimentación vegetariana puede provocar una alteración favorable en la flora intestinal», asegura. «Intentamos ver si a través de esto podemos promover efectos sobre el deterioro cognitivo. La base de la investigación es el conocimiento de que este eje intestino-cerebro tiene un papel muy relevante en la salud. Todos los estudios que van en esa dirección pueden ser realmente importantes», apunta. La neuróloga recuerda que «al fin y al cabo las bacterias intestinales son las responsables de qué vitaminas se absorben, qué principios activos, y cuáles no. Tienen un trabajo excepcional».

La investigación se apoya en las conclusiones de un trabajo previo que sitúa los estilos de vida como el factor más determinante en el avance de la degeneración cerebral. En concreto, la doctora Carmen Antúnez cita el estudio FINGER (Finnish Geriatric Intervention Study to Prevent Cognitive Impairment and Disability), realizado por la neuróloga del instituto sueco Karolinska, Miia Kivipeltmo, cuyas conclusiones publicó la revista científica 'The Lancet' en 2015. «Demostró que la modificación de los estilos de vida es lo que más incidencia tiene en que, por una parte, una vez establecido el deterioro cognitivo, este avance mucho más despacio y, por otra, evite su aparición o la retrase significativamente», asegura la doctora. «Cuando hablamos de cambio de estilo de vida, nos referimos a modificaciones en la alimentación, en el nivel de ejercicio físico y la reducción de factores de riesgo vascular como la obesidad, el colesterol alto, o una baja interacción social», añade.

El ensayo clínico de La Arrixaca se realiza «en personas que todavía no tienen una demencia, que experimentan pequeños fallos pero que todavía no son dependientes. Es lo que llamamos deterioro cognitivo leve con alta probabilidad de desarrollar alzhéimer».

«Aún llevamos pocos pacientes y controles para poder comparar los resultados», asevera la neuróloga, «pero todos los estudios en enfermedades neurodegenerativas apuntan a que si tuviéramos patrones de vida más saludables, la incidencia de enfermedades neurodegenerativas, entre ellas el alzhéimer, sería bastante más baja».