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Una alfombra verde para el lince

Un lince hembra con sus crías. /AFPGráfico
Un lince hembra con sus crías. / AFP

Superada la cifra de 500 ejemplares en libertad, garantizar la conexión entre las diferentes poblaciones es el nuevo reto en el proyecto de recuperación del felino, que arrancó hace 15 años con la especie al borde de la extinción

Miguel Ángel Ruiz
MIGUEL ÁNGEL RUIZ

La extinción del lince hubiera sido una pérdida no solo para España, sino para Europa. Esto lo saben en Bruselas y por eso se han apoyado tan generosamente con fondos comunitarios los diferentes proyectos Life de recuperación». Mensaje del biólogo Miguel Ángel Simón Mata (Jaén, 1954), director de la estrategia de recuperación del que fue considerado el felino más amenazado del mundo, ante un reducido grupo de periodistas especializados en la finca El Castañar (Mazarambroz, Toledo), donde el veterano funcionario de la Junta de Andalucía hace balance de los resultados obtenidos en los últimos quince años y explica los nuevos retos una vez superada la nada desdeñable cifra de 500 ejemplares en libertad. Para la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), el lince ya no está en peligro crítico de extinción, sino ‘solo’ en peligro. En 2002, cuando se inició la salvación del ‘Lynx pardinus’, únicamente quedaban 94 animales en la naturaleza, en dos núcleos desconectados en Doñana y Sierra Morena, y la especie parecía condenada a la desaparición.

Conectividad, precisamente, es la palabra clave del día después de Iberlince, el tercer proyecto consecutivo para salvar al escaso gato salvaje subvencionado por la Unión Europea. Esta tercera fase terminará en junio de 2018 con los objetivos alcanzados: la reconquista de algunos de sus territorios históricos, perdidos en las últimas décadas por la destrucción y fragmentación de su hábitat, los venenos, la caza furtiva y las enfermedades que diezmaron el conejo –su presa predilecta–. También, por la indiferencia de la sociedad, que aparentemente ha vivido de espaldas al declive de un tótem de la fauna ibérica.

Cría en cautividad

A falta de cerrar el censo de 2017, Miguel Ángel Simón estima que en estos momentos hay más de 500 linces en libertad, una cifra que incluso podría llegar a 550. Una situación muy alejada de la crisis detectada cuando el dramático recuento de 2002. Este incremento ha sido posible gracias a una de serie de actuaciones que han combinado la recuperación de las poblaciones de conejo, mejoras en el medio natural y cría en cautividad para reintroducir ejemplares en zonas donde la especie estuvo presente hasta no hace mucho tiempo. Desde 2009 se han liberado en diferentes puntos de Andalucía, Castilla-La Mancha, Extremadura y sur de Portugal 216 linces –185 nacidos en alguno de los cuatro centros de cría y 31 capturados en el campo–. También la Región de Murcia es socia en este ambicioso proyecto, aunque su participación se ha centrado por el momento en hallar zonas óptimas para posibles introducciones en el futuro.

Y aunque no se ha encontrado un enclave con suficientes conejos –el mínimo admisible es de dos por hectárea en primavera–, sí se ha identificado una franja en la Vega Alta (Cieza, Calasparra y Moratalla) que linda con el sur de Albacete y que podría constituir en el futuro un territorio favorable.

Alcanzada una cifra tranquilizadora de linces en libertad, el reto es ahora conectar todas las poblaciones para que los animales puedan desplazarse a través de pasillos naturales conquistando más territorios, estableciendo nuevas poblaciones y propiciando una necesaria variabilidad genética. Entre Doñana y el Algarve portugués; del Valle de Matachel extremeño a Sierra Morena; de Despeñaperros a los Montes de Toledo; y por qué no, al norte de la Comunidad de Murcia, donde los técnicos de Medio Ambiente han analizado la calidad del hábitat en más de 90.000 hectáreas durante los dos últimos años.

No se descarta que los linces puedan llegar para intentar quedarse a la Región o sus proximidades: hay indicios de su presencia en la Sierra del Relumbrar (Albacete), junto a la Sierra de Alcaraz, y el 23 de diciembre de 2015 un macho joven introducido un año antes en Ciudad Real, ‘Kung Fu’, murió arrollado por un coche en Yeste, a 17 kilómetros en línea recta de las montañas de Murcia.ç

Eliminar puntos negros

Crear una gran mancha de territorio habitable para los linces, que englobe los enclaves donde viven las diferentes poblaciones actuales, es el objetivo de la cuarta fase de un proyecto de recuperación para el que se espera de nuevo financiación europea. «Tendremos que ajustar el presupuesto, pero espero que Bruselas nos siga apoyando. Ya se está negociando», explica a ‘La Verdad’ Miguel Ángel Simón, artífice también de la reintroducción del quebrantahuesos en las sierras de Cazorla y Segura, y en otro tiempo director conservador de este espacio natural protegido de la provincia de Jaén.

Simón se está planteando ya otro programa de cinco años –de 2019 a 2024– en el que el grueso de las inversiones se destinará a eliminar barreras y mejorar infraestructuras. Habrá que solucionar puntos negros en carreteras y crear y mejorar pasos de fauna para que los felinos puedan circular sin obstáculos. Será fundamental, apunta el biólogo, la implicación del Ministerio de Fomento y las consejerías del ramo de las comunidades autónomas.

Porque los linces van y vienen, algunos poseídos por un «gen viajero» –en palabras del director de Iberlince– como ‘Kentaro’, que protagonizó un viaje increíble a lo largo de toda la península desde los Montes de Toledo, donde fue liberado el 15 de diciembre de 2014, hasta que murió atropellado cerca de Oporto casi dos años después. En ese tiempo recorrió más de 3.000 kilómetros a través de Toledo, Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara, Zaragoza, Soria, La Rioja, Burgos, Palencia, Valladolid, Zamora, Galicia y Portugal. Saber con precisión por dónde se mueven los linces es posible gracias a las 70.000 coordenadas facilitadas por los collares radiotransmisores de más de cien ejemplares. El cruce de esos datos permite establecer las rutas de conexión entre los diferentes territorios.

Y entre los planes de futuro, dos zonas en estudio en las que ya se ha trabajado para crear nuevas poblaciones: el entorno del río Ortiga (Badajoz) y Sierra Harana (Granada).

70 millones invertidos

Evitar la extinción del lince ha sido un éxito indudable pero también ha costado mucho dinero: unos 70 millones de euros, a los que habría que sumar otros treinta, el presupuesto estimado de la siguiente etapa. Por eso la imagen de un lince atropellado o envenenado empaña un proyecto observado con lupa. Y 2017 no está siendo un año fácil precisamente: hasta la fecha han muerto 48 linces, dos de ellos en Portugal. Quince más que en los peores años, 2014 y 2016, y solo en once meses. Más de la mitad –26– han caído atropellados sobre todo en tres carreteras que concentran la mayor parte de los accidentes: la A-4 (de Bailén a Andújar ); la N-420 (en Cardeña, Córdoba); y la A-301 (cerca de Vilches, Jaén). El resto han perdido la vida envenenados, tiroteados, atrapados en cepos o ahogados. Según los datos de Iberlince, en los últimos dieciséis años han muerto en España y Portugal 277 ejemplares (128 por atropello, 63 por causas desconocidas, 34 por furtivismo, 31 por enfermedad y 21 por otras causas).

Una preocupación a la que sin embargo se encuentra una lectura positiva: a más linces en la naturaleza buscando nuevas áreas en las que asentarse, lo normal es que haya más muertes traumáticas, señalan fuentes de Iberlince. Aunque frenar los atropellos es ahora una de las urgencias del programa de recuperación, que acaba de anunciar la liberación de 31 animales el año que viene: 16 machos y 15 hembras que reforzarán las poblaciones de Vale do Guadiana (Portugal), Montes de Toledo y Sierra Morena Oriental (Castilla-La Mancha), Valle de Matachel (Extremadura), Valle de Guadalmellato (Córdoba) y Valle de Guarrizas (Jaén).

Mejora de la economía rural

«Ahora no podemos parar, porque no solo estamos recuperando el lince sino que estamos beneficiando a otras especies y además se está creando un sustento económico en zonas rurales que antes no existía», indica Simón en alusión al empleo generado por las diferentes actuaciones en el territorio lincero –hasta el momento han trabajado en unas 500.000 hectáreas, de ellas solo 50.000 públicas– y al turismo de naturaleza.

¿Quiénes acompañarán a la Junta de Andalucía en la recuperación del lince a partir de 2019? Miguel Ángel Simón confía en contar de nuevo con los socios principales: Portugal, Castilla-La Mancha, Extremadura y Murcia –además, actualmente forman parte del proyecto otras dieciocho entidades entre asociaciones de cazadores, ecologistas y propietarios privados–. La Consejería de Turismo, Cultura y Medio Ambiente asegura que ya está «trabajando para formar parte de la nueva convocatoria», compromiso que se comunicará durante una reunión que se celebrará en Murcia el día 19 de este mes entre el director de Iberlince, la directora general de Medio Natural y los técnicos de la Comunidad Autónoma.

«Ni estorban ni son dañinos, y además hacen que aumente la caza menor»

El lugar elegido por Iberlince para hacer balance no es casual: El Castañar, un latifundio de 5.900 hectáreas en Mazarambroz, al pie de los Montes de Toledo, es un ejemplo de colaboración privada con un proyecto público de conservación ambiental. Sus propietarios, la aristocrática familia Finat, explotan la finca desde hace seis generaciones y la han convertido en un codiciado destino para amantes de la caza de todo el mundo. También crían ganado bravo, ovejas manchegas y cerdos ibéricos, cultivan un viñedo y explotan un extenso olivar. Pero su tesoro más valioso son los doce linces que corren por la propiedad, donde se han soltado dieciséis de los 59 ejemplares reintroducidos en Castilla-La Mancha desde 2014.

«No estorban para nada ni son dañinos. Además, está demostrado que cuando están ellos aumenta la caza menor porque ahuyentan a los zorros y otros depredadores», asegura Rafael Finat, conde de Mayalde y vizconde de Rías. «Los propietarios tenemos una responsabilidad en la conservación que nosotros hemos asumido», insiste este noble con aspecto de hombre de campo que recuerda haber visto «de niño» linces en sus tierras. «Desaparecieron y ahora espero que se queden».

Para conseguirlo, ha permitido que Iberlince construya en su finca un cercado de presuelta que ocupa dos hectáreas y una red de vivares para aumentar las poblaciones de conejos. En diferentes zonas se siembra alimento para las presas del lince, y por su cuenta ha instalado cámaras de fototrampeo.

No se puede recuperar el lince sin contar con los propietarios en un país en el que el 45% del territorio es particular. De hecho, Iberlince ha firmado casi cuatrocientos convenios de colaboración. Un gran apoyo privado por el que no se paga un solo euro. La recompensa, como admite Rafael Finat, «es el privilegio de saber que tienes el lince cerca».

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